López Albújar, el realista

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Es más o menos sabido que la novela realista y naturalista llegó al Perú en las últimas décadas del siglo XIX, de la mano de documentadas y dinámicas escritoras como Mercedes Cabello de Carbonera o Clorinda Matto de Turner, la recordada autora de Aves sin nido. La sociedad de su tiempo, rural o urbana, se convertía con todo su detalle y sus problemas en materia narrativa tras la estela de los Balzac y los Zola franceses, los Galdós y las Pardo Bazán de España, los Dickens de Inglaterra,  los Cambaceres de Argentina. Sin embargo, creo que conviene señalar que hasta que no aparecieron, a principios del siglo XX, las narraciones de Enrique López Albújar, ese realismo criollo no alumbró nada que merezca la pena de ser leído sin obligación escolástica. Por eso recomiendo aquí los Cuentos andinos; en cuanto a la famosa Matalaché, se trata de una una novela mediocre pero de notable prosa: su autor aspiraba a componer una especie de Los Rougon-Macquart a la peruana pero le salió, como a tantos otros cuentistas que ensayan por única vez el género de la novela (pienso en Edgar Allan Poe o en Oscar Wilde), un relato hipertrofiado.
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Lo que no leí el otro día

Exhaustivo que es uno. O falto de tiempo que está para escribir novedades, que mira que las hay. Lo cierto es que en el recital del otro día me presenté con bastante incertidumbre: no sabía cuánto público habría, ni siquiera cuántos recitadores más, ni qué tan impuntual iba a ser o cuánto se iban a demorar las sucesivas lecturas. Para evitar que fuera a terminar demasiado pronto -al menos en estos casos, los defectos son mucho más difíciles de corregir que los excesos-, llevé en el bolsillo una copia de este cuento viejo, que no era propiamente de terror pero al menos tiene susto con fiambre. Al final no tuve que leerlo, qué alivio (¿para quién?).

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