Grillos como flechas

Bichos

No olvido todavía la plaga de grillos. Por las noches sobre todo, cuando formaban sus enjambres, sobre todo alrededor de las farolas, y se arrojaban feroces sobre los paseantes. Chillaban algunas estudiantes y todo era un sacudírselos de la ropa y hasta del pelo y de la cara. En una semana nos libró de ellos el don de las garzas. Yo luego he recordado que uno de mis héroes lo pasó peor todavía por culpa de bichos tan sociables:

Acuérdome que cuando estábamos peleando en aquella escaramuza, que había allí unos prados algo pedregosos, e había langostas que cuando peleábamos saltaban y venían volando y nos daban en la cara, y como eran tantos flecheros y tiraban tanta flecha como granizos, que parecían eran langostas que volaban, y no nos rodelábamos, y la flecha que venía nos hería, y otras veces creíamos que era flecha, y eran langostas que venían volando: fue harto estorbo.

(Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, IX)

Lápiz y fusil

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No sé si el siglo XXI, que promete seguir siendo pródigo en matanzas, consolará un poco a la posteridad con algún escritor militar a la altura de cuantos, desde Jenofonte hasta el siglo pasado, han armonizado con excelencia las armas y las letras. En aquellos años, fastidiosamente lejanos, de conversaciones enjundiosas en la sala de becarios, escuché a Juan Varo calificar a Thomas E. Lawrence y a Ernst Jünger de los mejores escritores militares del siglo XX. Quizá haya quien pueda contradecirlo, pero lo cierto es que tanto Los siete pilares de la sabiduría como Tempestades de acero dejan un listón bien difícil de superar. Por no agregar otros escritos menores de Jünger, también sobre la Primera Guerra Mundial, y sus sosegados diarios de la Segunda (Radiaciones), donde curiosamente apenas se huelen la pólvora y la sangre. Sigue leyendo

Conquistadores españoles, mito anglosajón

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Los conquistadores españoles de América fueron aventureros de pocos escrúpulos pero a quienes la historia cultural privó de la aureola romántica de otros sujetos no mucho más recomendables, tales como piratas del Caribe, pioneros del Oeste o exploradores de África. La literatura tiene aquí mucho que ver, y ya me referí otras veces a cómo los protagonistas de la crónica de Indias llegaron demasiado pronto a su cita con la literatura. Sigue leyendo

Sobre aventuras, folletín, clásicos y colonialismo (me explico)

Pío Baroja, clásico

Encuentro un comentario semihostil a mi recomendación del Shanti Andía, y lo respondo velozmente (de ahí, creo, algún anacoluto que otro, que en mis macetas suelo poner un poco más de esmero). Me ha salido tan amplio que acabo por dedicarle entrada aparte. Puede ser que haya más gente que no me haya entendido, aunque espero que ofendidos no haya muchos más.

Clásico menor (también con huella)

Saxo en los Andes

(sí, con a)

Jean Pierre Magnet (diario El Comercio)

Jean Pierre Magnet (diario El Comercio). Esta entrada NO habla de él.

A Joaquín Moreno Pedrosa, tarde

América fue el Nuevo Mundo para los europeos por cuanto tenía de distinto comparado con el propio. Pero, por un tiempo, fue también un mundo nuevo para aquellos que lo habitaban desde antiguo. Sigue leyendo

Granada en los Andes (II): Notas semicultas

Los primeros conquistadores quisieron llamar al Cusco “Nueva Toledo”. Tal vez fuera una concesión a don Diego de Almagro, rivaliado de Pizarro y nativo de la Mancha, o sea del viejo reino de Toledo. Pero, como cuenta el Inca Garcilaso (1 Comentarios reales VII, 8), pronto

se les cayó de la memoria este segundo nombre, por la impropiedad de él, porque el Cozco no tiene río que la ciña como a Toledo, ni le asemeja en el sitio, que su población empieza de las laderas y faldas de un cerro alto y se tiende a todas partes por un llano grande y espacioso

Algo sí comparten la ciudad andina y la castellana: el título de “imperial”. Supongo que la de aquí se lo debe sobre todo a Garcilaso, quien no se cansa de repetir que el Cozco, en su imperio, fue otra Roma en el suyo. Sin embargo, a mí me da algo que pensar sobre el común destino de incas y visigodos, castas vencidas y siglos después reivindicadas por razones de nostalgia o propaganda. Sigue leyendo

Collage estudiantil sobre Fray Bartolomé de Las Casas

Fray Bartolomé de Las CasasCon esto de ponerle “Fray”, a Bartolomé de las Casas lo predestinaron sus padres a la vida religiosa. Cuando este se desplazó a América, se encontró consternado con que

España tenía el máximo poder económico, político, social, etc. por ello se valían para explotar a los indios que según ellos no tenían educación, eran como ignorantes, animales que solamente les decían recoge esto y se lo traían, no había igualdad sin saber que más ignorantes eran ellos que los indios porque sabían trabajar, sobrevivir, trabajaban para ellos y les traían metales preciosos.

Ante tamaña crueldad y arrogancia, el padre Fray va a establecer los indígenas debían tener los mismos derechos que los españoles pues así lo establecía el clero religioso. Una primera propuesta para aliviar a los pobres nativos resultará un tanto desacertada: la de sustituir la mano indígena por la mano negra, si bien es cierto que luego se rectifica y afirma que el negro es una dura realidad también. Asimismo, impugnará la propaganda antiindígena de ciertos cronistas de Indias como Gómara (ya leímos algo de esto) y Gonzalo Fernández de Oviedo, que era criticado por Bartolomé de las Casas como asesino de indios ya que no les prestaba la más mínima atención.

Llevando a las letras su denuncia, Las Casas procederá a redactar su Brevisísima historia de la destrucción de las Indias, en la que habla sobre las continuas frivolidades causadas por los conquistadores teniendo como causa el despoblamiento: millones de indígenas habían desaparecido en los años anteriores ya que los indios le daban sus tesoros a los españoles. De todos modos, de nuevo Fray Bartolomé nos muestra lo contradictorio de su personalidad puesto que

 en su Brebísima crónica de la destrucción de las Indias también nos damos cuenta del aprecio que siente este Padre por los indígenas, pues reclama el maltrato a todos los habitantes de las Indias.