Papel de necios o Los trolls de Hernán Cortés

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Este episodio de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo está holgadamente comentado (lo hace muy bien Ignacio Echevarría, por ejemplo). No es poca curiosidad presentar a Hernán Cortés, el conquistador de México, como grafitero o como víctima precursora del acoso en red social (por algo será que la página donde colgamos nuestros comentarios y opiniones la llamamos muro).

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El corrupto honrado

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Un retrato que recomiendo para decorar todas las oficinas de todas las instituciones del Perú. Léase.

 

Ciro Bayo refiere en el primer capítulo de su peculiar narración histórica Los marañones (de la que tendré que hablar más en otra ocasión) un caso curioso dentro de la prolongada historia de las corrupción en este país. Es el del licenciado don Pedro de la Gasca, enviado en 1546 como presidente de la audiencia de Lima para poner fin a la rebelión de Gonzalo Pizarro, lo cual llevó a cabo más gracias al uso de la diplomacia que de la fuerza militar.

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Conquistadores españoles, mito anglosajón

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Los conquistadores españoles de América fueron aventureros de pocos escrúpulos pero a quienes la historia cultural privó de la aureola romántica de otros sujetos no mucho más recomendables, tales como piratas del Caribe, pioneros del Oeste o exploradores de África. La literatura tiene aquí mucha responsabilidad, y ya me referí otras veces a cómo los protagonistas de la crónica de Indias llegaron demasiado pronto para beneficiarse del propicio género de la novela. Sigue leyendo

Sobre España y sus héroes

“No conozco ningún héroe español”, me declaró cierto alumno con un tono que invitaba a contestarle que no importa, que fuera del Perú tampoco conoce nadie a Miguel Grau. Pero es mejor morderse la lengua y reconocer que, efectivamente, en relación con la dimensión cultural y política de España a lo largo de su historia, sus héroes son más bien poco conocidos. Hasta para la misma España. Sigue leyendo

Víctimas de la modestia

En una carta a Ramiro de Maeztu, Antonio Machado acusaba recibo del libro Defensa de la Hispanidad (1934), con tanta amabilidad que nadie diría que se hallaban en trincheras políticas opuestas. Será cosa de la formación en el liberalismo decimonónico, tan lejano en aquellos tiempos en que los españoles se odiaban todavía más de lo que están volviendo a hacer hoy. Por otra parte, me encanta la razón que da el poeta del fracaso histórico del nacionalismo español y de las hinchazones retóricas (que no se suelen quedar en las palabras) de todo nacionalismo. No menciona el fútbol, supongo que también por la época o la edad:
 
… Lo que juzgo difícil, querido Maeztu, es que se despierte en España una corriente de orgullo españolista parecida al patriotismo de los franceses o de otros pueblos. Porque lo específicamente español es la modestia. Cuando el Cid Campeador de nuestro poema se dispone a combatir con los moros que tienen cercada a Valencia, llama a su mujer y a sus niñas para que vean -dice él- “cómo se gana el pan”. El heroísmo español suele tener esa elegancia de expresión. Y es que el español, y especialmente el castellano, tiene el “orgullo modesto”, quiero decir, el orgullo profundo, basado siempre en lo esencial humano, que no puede ser español, ni francés, ni teutón. En esta opinión me confirma la lectura de su libro. Sólo un español es capaz de pensar como nuestros conquistadores de América, que un indio no sea un ser superior. “Nadie es más que nadie”, reza un proverbio castellano, y lo que se quiere decir, en el fondo, es esto: por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valor más alto que el valor de ser hombre. También es cierto que esta sobreestimación de lo humano tiene el fondo religioso cristiano que usted señala. Pero por eso mismo no es fácil que salgamos por el mundo a darnos pisto de españoles; y si sacamos la espada, antes será por Dios o por el diablo que por España. Porque España ha sido siempre muy poca cosa para un español. Tal vez sea esta la causa de nuestra decadencia actual y de nuestra pasada grandeza. Aun todavía, si habla usted de las banderas de Cristo, encontrará usted quien le siga; con la bandera española no entusiasmará usted a nadie…

Madre de cautivo

La cautiva

La cautiva

Los manuales escolares, herramientas que garantizan la historia oficial, ofrecen un pobre esquema narrativo de indios contra blancos o de americanos contra españoles, más allá del cual hay una historia riquísima. Ahí está la de la caída del Tahuantinsuyo o de Tenochtitlán ante ejércitos de indios, y luego tantas posteriores alianzas entre blancos e indios contra otros indios y otros blancos. Si en algún momento de la historia los indios de verdad pensaron que los españoles eran dioses –a mí me suena, insisto, a historia oficial–, ciertamente tuvieron siglos después para percibirlos como una simple tribu más, de costumbres algo excéntricas, a la que odiar y temer o con la que contar para hacer la guerra a sus vecinos, que es al fin y al cabo lo que a todos los revelaba como igualmente humanos e hijos de Caín. Sigue leyendo

Reyes, armaduras y todo eso

Carlos V por Tiziano

Los Incas –esos señores tan serios– quedan muy lejos, los reyes constitucionales no arraigaron tras la independencia y los que hoy sobreviven en América tienen el pudor de no hacerse llamar reyes. Lo cierto es que en este lado del charco se tiene una idea asaz difusa sobre la institución monárquica y su controvertido pero real papel en algunos países de la Europa contemporánea. Para el imaginario común, Sigue leyendo