‘Moby Dick’, de Melville a Huston (y II)

1. El viaje y la aventura

2. Tragedia, trabajo, amistad

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A bordo del ballenero ‘Pequod’ solo dos personajes tendrán conciencia de su labor de búsqueda como una misión trascendente. En primer lugar, como es sabido, Ajab  se fija el objetivo de alcanzar a la ballena blanca y darle muerte, por motivos personales a los que él da un significado universal: su venganza significa la destrucción de un símbolo del mal, aunque otros la interpreten más bien como la de una alteración del orden natural otorgado por Dios al mundo y sus criaturas. Sigue leyendo

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‘Moby Dick’, de Melville a Huston (I)

1. El viaje y la aventura

Moby Dick 1

Imagen de aquí

En larga fila india, como las garzas que toman vuelo, los pájaros corrían ahora hacia el bote de Ahab; cuando estuvieron a pocas yardas, empezaron a revolotear sobre el agua con alegres chillidos de expectativa. Su vista era más aguda que la del hombre: Ahab no lograba ver el menor signo en el mar. Pero de improviso, escrutando aún más en los abismos, vio en lo hondo un punto blanco y viviente, no más grande que una comadreja, que subía con maravillosa rapidez y se agigantaba hasta que se volvió y mostró dos filas de dientes curvos, blancos, centelleantes, que surgían del abismo inescrutable. Era la boca abierta, la mandíbula de Moby Dick; el cuerpo inmenso aún se confundía en el azul del mar. La boca deslumbrante se abría bajo la embarcación como una tumba de mármol (Moby Dick, cap. CXXXIII).

Aun después de haber encontrado pasajes tan visuales como este, con su zoom vertiginoso y aterrador, yo seguiría sin creer posible que Moby Dick pudiera adaptarse al cine. Y si lo creo, es porque mi lectura de la novela ocurrió después de la de algunas versiones juveniles, y también de haber visto efectivamente un par de películas. Sin embargo, justamente porque yo llegaba al libro desde esas elaboraciones, la experiencia del texto íntegro resultó algo desconcertante. Al igual que, por ejemplo, Ulises, La montaña mágica o el Quijote, la novela de Herman Melville se me antojó como una de esas que periódicamente aparecen en la historia de la literatura para poner a prueba la resistencia y flexibilidad del género narrativo. Sigue leyendo

‘Desayuno con diamantes’: el escritor y sus problemas

Desayuno en Tiffany's novela

Hace ya demasiados años, tempus fugit, los compañeros de la revista Magenta organizamos un ciclo de cine bajo el mismo subtítulo de arriba.  La última película del ciclo, oh casualidad, era Capote de Bennett Miller.

A mí, de la adaptación que hicieron Blake Edwards y George Axelrod de la breve novela de Truman Capote, Desayuno en Tiffany’s, me llaman la atención no solo los tópicos de la comedia romántica (bien reconocibles, pero muy curiosos teniendo en cuenta cómo transforman el texto literario), sino también la importancia que adquiere en la película la figura del escritor, profesión de su protagonista masculino. El personaje de Paul Varjak es tal vez el cambio más sustancial de la película con respecto a la novela, en cuanto que, en esta última, lo que convertía al innominado narrador-personaje en confidente de Holly era precisamente la falta de una relación amorosa entre ellos. Sigue leyendo

‘Desayuno con diamantes’ o la comedia romántica en su esencia

Icono

El icono

Que Desayuno con diamantes haya resistido por mi parte un buen número de revisiones demuestra que posee la solidez de la que están hechos los clásicos. Blake Edwards y George Axelrod adaptaron con este film, muy libremente, el modélico relato de personaje creado por Truman Capote*, que se así vio convertido en una muestra canónica –e icónica– de la comedia romántica. Sigue leyendo

‘El festín de Babette’: cuando amar es recibir

Festín

“En 1871, durante una mañana de tormenta, Babette llega a un pueblo de Jutlandia, una aldea en la desolada costa oeste de Dinamarca, huyendo de Francia durante la represión de 1871. Es empleada como criada y cocinera en la casa de dos ancianas solteras, hijas de un estricto pastor, el cual ha frustrado todos los planes de ser felices de sus hijas. Allí vive durante catorce años, hasta que un día descubre que por fortuna ha ganado la lotería, y en lugar de regresar a Francia, pide permiso para preparar una cena de celebración del centenario del pastor” (resumen de Wikipedia).

Me hablaron por primera vez de El festín de Babette (Gabriel Axel, 1987) como de una película católica. El propio artículo wikipédico que he citado incorpora más adelante una breve interpretación en este sentido. Después de haberla visto tras décadas de curiosidad, no me parece una calificación desacertada, aunque tampoco mucho más acertada que otras que podrían basarse en estereotipos similares. Todo estereotipo, al fin y al cabo, se basa en una realidad y la exagera a su propio modo. Es decir, que en la película podemos contraponer la cultura  católica —la doctrina ni se menciona— a la protestante con la misma legitimidad o intención (véase aquí un desternillante ejemplo) con que podríamos oponer el temperamento de los países nórdicos, convencionalmente fríos y taciturnos, al de los países latinos, proverbialmente alegres y sensuales; o bien la cultura cosmopolita y mundana de la gran ciudad (que es París pero podría haber sido también la luterana Copenhague) a la enlutada y pobre aldea danesa que igualmente pudiera haber sido castellana. Sigue leyendo

El escritor y el héroe en ‘El tercer hombre’ (y 4)

1. De la novela al cine (y vuelta)

2.La confusión de Holly Martins

3. El héroe encara el mal

Conferencia

La conferencia (no la mía), con público en fuga

La dignidad del oficio

A pesar de las apariencias, al final de El tercer hombre el protagonista queda también a salvo en su dimensión de escritor.  Por más que Greene se burle de los clisés de la novela popular, tanto en la película como, sobre todo, en la novela se caricaturiza el elitista mundo de la literatura considerada “culta”. Confundido con un afamado escritor, Martins se verá en la obligación de improvisar una conferencia sobre temas que no entiende (“la crisis de la fe”, “el fluir de conciencia”, etc.) para un público que admira a autores de manual de literatura contemporánea que el héroe no conoce ni tampoco le interesan: Woolf, Joyce, Stein… Sigue leyendo