En un fiordo muy, muy lejano

El cuarto episodio de Star Wars, gracias a que fue también el primero, sin duda se rodó con más libertad que los siguientes. No tenía por qué obligarse a superarlos en espectacularidad (en calidad de libreto, se ve que la obligación nunca estuvo demasiado clara), ni tampoco a dedicarles referencias, guiños ni citas. Escogió recrear más bien obras precedentes de otros géneros: se enriquecía la ciencia-ficción popular y de bajo presupuesto con ingeniosas muestras de cinefilia, principalmente el western, el jidaigeki -para que nos entendamos, las películas de samurais- y las películas de aviadores de la Segunda Guerra Mundial. Sigue leyendo