Campus horribilis

BabelTermino Esa horrible fortaleza, de C.S. Lewis, y con ella su “Trilogía cósmica”. Un intento, por medio de recursos de la ciencia-ficción –viajes por el espacio exterior, y también en el tiempo-de profundizar en sus ideas sobre la relación entre mito y realidad.* Sigue leyendo

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El Imperio se expande

Habría que tener la piel de un hutt para no haber sentido la semana pasada una gran conmoción en la Fuerza. Una multinacional del entretenimiento y del juguete surgida en los años 70 era fagocitada por otra surgida en los 30, para que luego digan que el mundo es de los jóvenes. Sigue leyendo

Rayos mortales, naves espaciales

 

De Arthur C. Clarke, a falta de otra cosa, sé que escribió el relato del que salió 2001: una Odisea del espacio de Kubrick (leí también en una tarjeta de Trivial, hace décadas, que tuvo algo que ver con la invención del radar, pero vete a saber si es verdad, porque en Trivial también decía que José –sic- Luis Borges había ganado el Nobel de Literatura…). Sigue leyendo

… cuando quieren decir naturaleza

No hace tanto que hablar del “Planeta” era hacerlo de un premio de novela tan sustancioso como notoriamente amañado. Últimamente, sin embargo, el Planeta por antonomasia y que no se nos cae de la boca es este en el que estamos, o sea la Tierra. Lo que antes llamábamos, simplemente, el mundo, y los más relamidos alguna que otra vez, el globo.

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Que viva Crichton

Aunque por razones profesionales y personales uno tiende a echar pestes de los bestsellers y del padre que los engendró (ya hablaremos otro día de eso), revivo estos días el placer con que allá por los 90 leí unas cuantas novelas de Michael Crichton. Parque Jurásico me interesó desde antes aún que Spielberg se metiera a explotar a los pobres animalitos del Cretácico, con irreversibles consecuencias para nuestra cultura audiovisual, no todas malas. Esfera infundía un terrible suspenso a un viejo tema de la ciencia-ficción culta (Solaris, de Stanislav Lem) o de culto (Planeta prohibido, leo que de Fred M.Wilcox). El gran robo del tren era un misterio “victoriano” sin el enredo de los de Wilkie Collins o de Sherlock Holmes, pero donde el lector presenciaba, desde el reverso y con viva simpatía por los geniales delincuentes, el planeamiento y ejecución de un crimen parece que verídico. Sigue leyendo