El Caballero de los (muchos) Espejos

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La Segunda Parte del Quijote cuenta en sus primeros capítulos cómo, al poco de abandonar el Toboso y convencido por las triquiñuelas de Sancho de que su señora Dulcinea está encantada, el protagonista se encuentra en un bosque con un caballero andante que sobre las armas traía una sobrevista o casaca de una tela, al parecer, de oro finísimo, sembradas por ella muchas lunas pequeñas de resplandecientes espejos, que le hacían en grandísima manera galán y vistoso (II, 14). Probablemente se sorprenda menos que sus lectores, que hasta ahora no habían visto presentarse directamente a ningún personaje propio de los libros de caballerías dentro del prosaico mundo que rodea a los personajes de la novela.

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Sobre España y sus héroes

“No conozco ningún héroe español”, me declaró cierto alumno con un tono que invitaba a contestarle que no importa, que fuera del Perú tampoco conoce nadie a Miguel Grau. Pero es mejor morderse la lengua y reconocer que, efectivamente, en relación con la dimensión cultural y política de España a lo largo de su historia, sus héroes son más bien poco conocidos. Hasta para la misma España. Sigue leyendo

“Tom Jones”, del libro a la película

Una de las pertenencias que me traje tras mi doctorado riojano fue un ejemplar de la novela Tom Jones. Mi amigo Ricardo Mora me exhortaba a dejarme de lecturas académicas e hincarle el diente de una vez a la obra más famosa de Henry Fielding; la cual, por otra parte, mi maestro Miguel Ángel Muro utilizaba en tentadores ejemplos durante sus seminarios de narratología. Por si fuera poco, la versión cinematográfica de Tony Richardson fue ofrecida una noche por José Luis Garci, quien a inicios del siglo XXI todavía luchaba por el cine clásico antaño tan abundante en TVE.
Ahora yo no puedo menos que recomendar los dos, libro y película.

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“Miradme, que pasa el mar”

Una de mis rutas más frecuentadas cuando vivía en España era la del Bus Madrid-Granada. Hoy día, como todas, esta hace su parada y fonda en algún gran restaurante-buffet, frío y reluciente en plena carretera, pero durante muchos años la línea estuvo deteniéndose para baño, bocadillo y estirarse en cierto hostal, con barra y tiendecita, en un lugar de la Mancha llamado Almuradiel. La media hora de la parada me daba tiempo para peregrinar, a paso lento, hasta el rincón para mí más curioso y evocador del pueblo: el mástil del minador “Marte” que se alzaba en un desvío como homenaje de veteranos de la Milicia Universitaria, evocando la admiración de don Quijote (que tan poco se asombraba de sus propias fantasías) ante el mar y los barcos cuando llega a Barcelona. En aquel punto de la Meseta sur, a un paso de Sierra Morena y lejísimos del mar, la carretera se desviaba hacia Viso del Marqués, sede insólita del Archivo General de la Marina española por su vinculación con mi paisano don Álvaro de Bazán, el “padre de los soldados” que lo llamó Cervantes.

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Rol Quijote

Aquellos molinos

Acabé el 2014 recomendando una lectura que me acompañó placenteros kilómetros en septiembre. Parte de ellos pertenecían, por cierto, a los campos de la Mancha, donde los viejos molinos de viento se han quedado enanitos ante los horrendos enjambres de aspas de los parques eólicos.

Estos molinos

Muchas de las opiniones e interpretaciones de Torrente Ballester me parecen, Sigue leyendo

Tres versiones de Martín

Diario La Nueva España, 10-11-2011

Diario La Nueva España, 10-11-2011

En el pueblo de El Berrón, corazón ferroviario de Asturias, me he pasado más de media vida contemplando los domingos una enorme imagen mural de San Martín de Tours. Detrás del altar se yergue un larguísimo caballo; los primeros años yo solo tenía ojos para él y su robusto jinete armado, de sonrisa luminosa entre las nubes turbulentas.

Aunque la importancia histórica de Martín procede de su condición de obispo, fue un episodio de su juventud de soldado el que perduró en la memoria visual de la cristiandad: el santo usó su espada para compartir su capa con un mendigo. Este acto de misericordia ha levantado suspicacias entre los proverbiales más papistas que el Papa (o hasta más cristianos que Cristo), y ha necesitado alguna que otra interpretación exculpatoria de por qué el buen legionario no se desprendió de la capa entera.

La primera exégesis que he encontrado viene avalada por nuestra literatura clásica: ante una imagen de San Martín, Don Quijote le explica a Sancho que ‘sin duda debía de ser entonces invierno, que, si no, él se la diera toda, según era de caritativo’ (II,18). De la segunda, en cambio, no sé cuál es la fuente original, y yo la recibí de mi párroco de La Carrera, el que oficiaba bajo las patas del corcel: como militar, Martín no era dueño de su ropa ni de sus armas, de manera que se quedó la parte que le correspondía al César (la del soldado bien equipado), pero la propia de sus necesidades humanas se la entregó a Dios, es decir al pobre.

En cuanto a la tercera, se la debo a un recuerdo escolar de mi madre: tras el relato del generoso gesto, una colegiala se ganó un castigo de la monja educadora por comentar desdeñosa que el santo galo-romano se notaba que era francés, porque si hubiera sido español se la habría dado toda.