Opera aperta

Borges decía, no sé con qué palabras, que el escritor publica para dejar de corregir. Le doy la razón, como en tantas cosas. Llega un momento en que hay que decir basta, someter lo que has escrito a la prueba definitiva de la exhibición pública, y empezar a escribir otra cosa. Las palabras y los tonos mejorables del texto son interminables como las pelotillas del jersey, cada corrección crea nuevos detalles corregibles. Así que, una vez publicado, lo mejor es ni siquiera releerse y así no llevarse el disgusto de lo irremediable. Sigue leyendo