Y no estaba muerto

Blog que no se actualiza es blog que muere, me decían muchos. Solo recuerdo a un amigo que negara esto, y me parece que es a él a quien tengo que darle la razón. Tras dos meses largos de silencio, vuelvo a asomarse a mi macetario y lo encuentro tan frecuentemente visitado como cuando me esforzaba por publicar nuevas entradas. Lo cual me deja agradecido, pero sobre todo orgulloso al constatar que mi modesta obra ya tiene una vida propia, independiente de su autor.

A juzgar por mis escritos que las estadísticas dan por más visitados, está claro que el éxito  no viene de mi talento literario o de mi atención a cuestiones de actualidad, sino de haber acertado con temas sobre los que  siempre habrá curiosos en demanda de consulta, en el aula o en la vida cotidiana. Es decir, que  a muchos debo de estarles resultando útil. Ojalá que no por ella sea menos agradable.

El caso es que, ante esta inesperada prueba de perfección (es decir, de acabamiento) de mi maceta en el páramo, casi me da pena interrumpir, no vayan a recibirme mis lectores como al coronel Chabert, a Mattia Pascal y a otros resucitados inoportunos. Espero, como mínimo, estar a mi misma altura en este nuevo año de escritura que emprendo.

La isla del tesoro o la vejez de los piratas

(Memorias del club de lectura II)

El funcionamiento del círculo de lectura era sencillo: una vez al mes, en fecha convenida y domicilio rotatorio, los miembros nos reuníamos para conversar sobre un mismo libro, leído en las semanas anteriores. Sigue leyendo

Más macetas, menos páramo

Hace un momento que he aclarado a un amable comentarista que no tengo pensado meterme a la agresiva labor de cronista del cotarro cultural. Bastante hago defendiendo lo que crece en esta pobre maceta. Sin embargo, reformando mi columna de enlaces, no puedo resistirme a pegar también los de Gextores, Histeria y Deja vu. Nombres que no es que me encanten (a lo mejor es que para nombres y títulos soy muy, como decimos en Asturias, repunante) pero que revelan que hay más y mejor gente con iniciativa para  sembrar en el desierto. Y encima, joven y hasta muy joven. Y que lo hace bien y hasta profesionalmente. Y (qué orgullo, pardiez) salida de la UDEP y hasta pasada por mi clase.