Del Cid o de los Cides

Estatua_del_Cid_(Burgos)

 El cronista anónimo se lo hace decir a ese mismo pueblo en el viejo romance del Cid, y uno recuerda con frecuencia sus palabras cuando considera la triste historia de nuestras gentes, que siempre dieron lo mejor de sí mismas, su inocencia, su dinero, su trabajo y su sangre, viéndose en cambio tan mal pagadas: «Qué buen vasallo que fuera, si tuviese buen señor» (Arturo Pérez-Reverte, El capitán Alatriste,VI).

En fin. Que allí, en Santa Helena, el Enano seguía haciendo memoria. A vueltas con los españoles y el Cid, la cita era algo del tipo «qué buen vasallo que fuera si tuviese buen señor» (Arturo Pérez-Reverte, La sombra del águila VIII).

Y confirmando así unos y otros, rojos y azules, otra vez en  nuestra triste historia, aquel viejo dicho medieval que parece nuestra eterna maldición nacional: “Qué buen vasallo que fuera, si tuviese buen señor” (Arturo Pérez-Reverte,  Una historia de España LXXXI)

No llego a más citas. Creo que había otra del mismo estilo en El húsar, primera novela del escritor, pero no la tengo a mano para refrescarme la memoria. En todo caso, estas poquitas me llevan a recibir sin mucha sorpresa el anuncio de que el autor de El capitán Alatriste va a dedicarle un libro a Rodrigo Díaz de Vivar. La noticia me ha llevado más bien a preguntarme cómo es que ha tardado tanto. Es de esperar que esta vez le saque jugo a otros pasajes del Cantar, del romancero o de la historia.

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Bestiario navideño

(Collage)

Adoración

Hoy mismo queda fuera de todas las justicias

despreciar como un perro al cinocéfalo,

o poner envidiosas zancadillas

al esciápodo raudo de pies como sombrillas.

Ay de aquel que, tras pasados estos días de alba nueva

vuelva a mirar a los blemias por encima de hombro alguno,

o, por más que se remita a Alejandro y Aristóteles,

moteje nunca más de monstruo a nadie.

Tres sabios han cruzado el siempre extraño Oriente

al paso sigiloso que nacen las estrellas,

camino de la tierra en que, aguardando

que una gota de sangre le regrese

el soplo luminoso de su origen,

yace la calavera de Adán, padre de todos.