Catalogía

SAMSUNGA menudo me avergüenza un poco mi parvo dominio del lenguaje informático. Me frustra un poco menos cuando me paro a pensar que tampoco tuve nunca mucha familiaridad con el material de oficina analógico, y por tanto con sus términos. En ambos terrenos, mis necesidades siempre han sido más bien modestas, y mi vocabulario, por consiguiente, más bien magro.
Por ejemplo, hace poco me veía en la necesidad de salir a comprar para mi pobre hijita, a la que en el colegio no dejan de encargarle bártulos, una especie de álbum cuyas hojas son como fundas de plástico transparente.

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Exalumnis y otras novedades del lenguaje institucional

Puesto a andarme por las ramas, que ya lo hice casi literalmente la vez pasada, divago ahora en Castellano Actual, y más bien brevemente, sobre barbarismos, cultismos, sociolingüística,  género y qué sé yo. Todo con la excusa del idioma, que al fin y al cabo de lo que trata el blog es de darle a la lengua (y si en los comentarios bufa el eunuco, como escribió Rubén Darío, pues mejor).

El ser del star

(y de otras faltas)

De una entrada anterior en que mostraba varios errores ortográficos callejeros, ninguno era tal vez más delicioso que el que, mediante la duplicación de la ele final, elevaba la voz “pastel” desde su humilde origen castellano (es decir, tercermundista y morenillo) a la altura de lenguas más cultas y nobles. En un periódico que no identifico y fecha ya no tan cercana, me salta a la cara como larva de alien el siguiente titulín:

Para estar como una star... ¿sta claro?

Para estar como una star… ¿sta claro?

Pero no todo es eco del inglés con sus eses líquidas y monosílabos. Una carta de menú académico anunciaba, no hace tantos días, “jamón del pays”. Uno, acostumbrado a que su hueste (integrada siempre por alguna que otra “Ximena”) le escriba “reyna” y “virreynato”, detecta el atractivo del error ya no en el aire fresco del cosmopolitismo, sino en el secreto, añejo y rancio de los orígenes. De unos orígenes en los que se era muy poco exigente con la ortografía, edad dorada que nos echaron a perder los pérfidos Borbones con su Real Academia Española.

El profesor descansa tras una grave falta de ortografía

El profesor descansa tras una grave falta de ortografía