Grillos como flechas

Bichos

No olvido todavía la plaga de grillos. Por las noches sobre todo, cuando formaban sus enjambres, sobre todo alrededor de las farolas, y se arrojaban feroces sobre los paseantes. Chillaban algunas estudiantes y todo era un sacudírselos de la ropa y hasta del pelo y de la cara. En una semana nos libró de ellos el don de las garzas. Yo luego he recordado que uno de mis héroes lo pasó peor todavía por culpa de bichos tan sociables:

Acuérdome que cuando estábamos peleando en aquella escaramuza, que había allí unos prados algo pedregosos, e había langostas que cuando peleábamos saltaban y venían volando y nos daban en la cara, y como eran tantos flecheros y tiraban tanta flecha como granizos, que parecían eran langostas que volaban, y no nos rodelábamos, y la flecha que venía nos hería, y otras veces creíamos que era flecha, y eran langostas que venían volando: fue harto estorbo.

(Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, IX)

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Recomendación literaria: “Tres sombreros de copa”

9788437601793

Lo más frecuente, eficaz y peligroso para la literatura humorística es basarse en las referencias a la actualidad y en los juegos del lenguaje, que son dos realidades transitorias. Por eso será que, por ejemplo, las tragedias de Shakespeare perviven mejor que sus comedias, a las que tanto hay que revitalizar extraverbalmente.

La comedia que recomiendo aquí se conserva bien fresca. Buona lettura.

Recomendación literaria: las ficciones de Luis Loayza

elavaroloayza

A la que agrego una cita que conmoverá profundamente a todos los de mi gremio:

Carlos se dedicó a reescribir su tesis. En sus años de estudiante solía recoger fragmentos, versos aislados, dos o tres palabras juntas de poemas coloniales peruanos en los que sucedía algo, una pequeña explosión (o las palabras eran restos de esa explosión), no porque el autor tuviese talento sino por simple casualidad o generosidad del idioma. Carlos anotaba estas sorpresas, esbozaba teorías más o menos descabelladas sobre la poesía, la Colonia, el Perú. Con el tiempo fue olvidando las citas y las teorías, que tan bien sonaban discutidas entre amigos, y el trabajo se volvió más preciso, documentado en insignificante. Logró aclarar dos o tres fechas en las vidas de escritores de tercera línea, descubrió en bibliotecas de convento unas cuantas ediciones no mencionadas en las bibliografías, leyó -tomando minuciosamente notas en fichas de distintos tamaños- libros y manuscritos que nadie había tenido la paciencia de leer. El resultado no le gustaba. No era tan vano como para menospreciar la erudición, en otros deslumbrante: en otros, justamente, no en él.
[“Otras tardes” en Relatos, Lima, Editorial Universitaria, 2010,
pp. 234-235]

En barbecho

Mumin

Después de cinco años y piquito cuidando de mi maceta, creo que esta ha demostrado salud suficiente como para poder dejarla crecer salvaje por una temporada.

De manera que aviso a mis lectores, fijos o eventuales, de que voy a dejar de escribir para ella durante, digamos, doce meses que pienso dedicar a “altos estudios eclesiásticos”, como los llamaría Rafael Sánchez Ferlosio.

Como prueba de que no pienso abandonar el oficio de letrada jardinería, me ahorro cualquier palabra de despedida. Pienso, además, seguir enlazando aquí mismo cualquier escrito que vaya publicando en la red.

En todo caso, feliz Semana Santa.

Rendirse jamás

Caballero negro

No te rindas nunca, ya lo sabes. Otros dirán que te han vencido, pero nada importa mientras tú a ti mismo te sientas vencedor, te proclames como tal. Di la última palabra.
Recuerda siempre al Caballero Negro.

Lápiz y fusil

Ernst_Juenger_inSG

No sé si el siglo XXI, que promete seguir siendo pródigo en matanzas, consolará un poco a la posteridad con algún escritor militar a la altura de cuantos, desde Jenofonte hasta el siglo pasado, han armonizado con excelencia las armas y las letras. En aquellos años, fastidiosamente lejanos, de conversaciones enjundiosas en la sala de becarios, escuché a Juan Varo calificar a Thomas E. Lawrence y a Ernst Jünger de los mejores escritores militares del siglo XX. Quizá haya quien pueda contradecirlo, pero lo cierto es que tanto Los siete pilares de la sabiduría como Tempestades de acero dejan un listón bien difícil de superar. Por no agregar otros escritos menores de Jünger, también sobre la Primera Guerra Mundial, y sus sosegados diarios de la Segunda (Radiaciones), donde curiosamente apenas se huelen la pólvora y la sangre. Sigue leyendo