Y no estaba muerto

Blog que no se actualiza es blog que muere, me decían muchos. Solo recuerdo a un amigo que negara esto, y me parece que es a él a quien tengo que darle la razón. Tras dos meses largos de silencio, vuelvo a asomarse a mi macetario y lo encuentro tan frecuentemente visitado como cuando me esforzaba por publicar nuevas entradas. Lo cual me deja agradecido, pero sobre todo orgulloso al constatar que mi modesta obra ya tiene una vida propia, independiente de su autor.

A juzgar por mis escritos que las estadísticas dan por más visitados, está claro que el éxito  no viene de mi talento literario o de mi atención a cuestiones de actualidad, sino de haber acertado con temas sobre los que  siempre habrá curiosos en demanda de consulta, en el aula o en la vida cotidiana. Es decir, que  a muchos debo de estarles resultando útil. Ojalá que no por ella sea menos agradable.

El caso es que, ante esta inesperada prueba de perfección (es decir, de acabamiento) de mi maceta en el páramo, casi me da pena interrumpir, no vayan a recibirme mis lectores como al coronel Chabert, a Mattia Pascal y a otros resucitados inoportunos. Espero, como mínimo, estar a mi misma altura en este nuevo año de escritura que emprendo.

De puente a puente

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Al feriado que es largo hasta tragarse días laborables intermedios, en España lo llaman “puente”. El más popular e inevitable de todos los puentes del año es el que sostienen la antigua fiesta religiosa de la Inmaculada Concepción, 8 de enero, y la vieja fiesta cívica de la Constitución votada el 6 de diciembre de 1978. Ambos pilares parecen en estos tiempos bastante corroídos, a fuerza de desacralizados, aunque algunos me dicen que el consumo que se dispara en estas fechas forma una hojarasca tan densa, que ella por sí sola se basta para mantener en pie la construcción  mejor que la Iglesia y el Estado juntos.

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“La casa encendida”: recomendación anecdográfica

(La serena y oficial se encuentra aquí)

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Mi reducida experiencia me sugiere que, salvo casos excepcionales más comunes de lo que parecen, el descubrimiento de la poesía como arte, vocación o cosa seria en todo caso empezaba con la lectura escolar de Bécquer y algunos poetas del 27 (pongamos que Salinas o el Lorca y el Alberti neopopularistas), y quienes no se quedaban allí daban su siguiente paso con Neruda, sobre todo sus Veinte poemas. Mi caso, en ese sentido, de excepcional tiene muy poco. Fue el paso siguiente el que fue más personal, para mí medio epifánico.

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Conquistadores españoles, mito anglosajón

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Los conquistadores españoles de América fueron aventureros de pocos escrúpulos pero a quienes la historia cultural privó de la aureola romántica de otros sujetos no mucho más recomendables, tales como piratas del Caribe, pioneros del Oeste o exploradores de África. La literatura tiene aquí mucho que ver, y ya me referí otras veces a cómo los protagonistas de la crónica de Indias llegaron demasiado pronto a su cita con la literatura. Sigue leyendo

De lo que se quejan

(Los que se quejan)

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Al final, hasta yo acabo opinando. Recién echo una ojeada a los motivos que lleva un siglo aduciendo la Academia Sueca para conceder el Premio Nobel de Literatura a quien se lo ha venido concediendo. Para mi decepción, no he encontrado escrito en ningún caso “por ser el mejor escritor del mundo”.

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El mundo es de los cuarentones, me vino a decir en tiempos remotos el amigo, condiscípulo, periodista y escritor Saúl Fernández. Sería cuando en la TV nos rociaban con recuerdos de los años 60 (a la década siguiente empezó la serie Cuéntame que hoy va por los 80), reponían películas de Tony Leblanc, de Paco Martínez Soria y de Marisol preadolescente. Se escuchaban reversiones de éxitos musicales de la España del “seiscientos“, desde Nino Bravo hasta el Julio Iglesias que todavía no se había marchado con sus gemíos a Miami.

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“Quijotes ultramarinos”: crítica y razón

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En mi modesta carrera como filólogo llevo presentados y comentados bastantes libros, entre los cuales los de poesía son los menos. Aunque soy un moderado consumidor de versos, a veces por gusto y a veces por exigencias del trabajo, criticarla me da mucho respeto. Respeto derivado del que siento por el género, al considerarlo el más exigente de todos: con el lector, con el autor, con el lenguaje e incluso con el editor. Sigue leyendo