Ante el dilema, cinema

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Ya no sabían qué hacer el uno con el otro, después de haber malgastado frívolamente la vivencia esencial entre hombre y mujer. Así que se decidieron por la solución que les es dada a las gentes de nuestros días cuando no saben qué hacer: ir al cine.
Joseph Roth, La leyenda del santo bebedor (1939), XII
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Comentario de ‘Glass’ (que no reseña)

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El doctor Carlos Hakansson, gran constitucionalista y, con nosotros sus amigos, gran cinéfilo, me exhortó a la salida del cine a escribir esta notita. Y eso que mi experiencia como lector o espectador de historias de superhéroes está lejos de ser la de un aficionado. Sin embargo, de lo visto y lo escuchado a lo largo de mi vida, incluyendo fuentes indirectas, me he armado una clasificación de tres fases, según la manera en que los superprotagonistas se relacionan con su medio:

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Lope de Aguirre, príncipe de la ficción

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Rufianes que se meten en Venezuela dándoselas de libertadores, los hay desde hace mucho. Lope de Aguirre, tras su muerte en Barquisimeto, dejó siglos de fama siniestra tras de sí, tal vez no por haber sido cuantitativamente más sanguinario que otros conquistadores, sino porque prefirió gastarse la ferocidad, en lugar de con los indios, con españoles y criollos,* incluidos sus propios secuaces que progresivamente lo iban abandonando. Así pues, cierta posteridad ha sido con él tan injusta como con Stalin, que si hubiera excluido de sus millones de víctimas a los comunistas, limitándose como su padrino Lenin a burgueses, polacos, ucranianos, monárquicos, socialdemócratas, anarquistas, granjeros y cristianos, todavía estaría acompañando a este en el mausoleo de la Plaza Roja.**
22408599794En la literatura, tal vez ningún conquistador de las Indias haya recibido tributos más recordados que Lope de Aguirre, aunque en sentido estricto jamás fuera un conquistador. A partir del siglo XX, la revisión de las crónicas ha permitido apreciar mucho más la ambigüedad y desmesura del gran rebelde contra la monarquía indiana. Yo recomendé en su momento para Castellano Actual la novela El camino de El Dorado (1947), de Arturo Uslar Pietri. Igualmente, si no hubiera conllevado extender demasiado la nota, podría haberme referido a Ciro Bayo, autor del primer libro literario completo sobre Aguirre del que tengo noticia. Los marañones (1913) sigue muy de cerca las crónicas de Indias, y de hecho tiene más de crónica que de novela, por más que se le noten las ganas de componer una ficción de aventuras sobre el personaje. Bayo recrea y sintetiza la información histórica de manera muy amena e intercalando sus propias impresiones de viaje, género del que fue pionero en lengua española.

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‘Desayuno con diamantes’: el escritor y sus problemas

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Hace ya demasiados años, tempus fugit, los compañeros de la revista Magenta organizamos un ciclo de cine bajo el mismo subtítulo de arriba.  La última película del ciclo, oh casualidad, era Capote de Bennett Miller.

A mí, de la adaptación que hicieron Blake Edwards y George Axelrod de la breve novela de Truman Capote, Desayuno en Tiffany’s, me llaman la atención no solo los tópicos de la comedia romántica (bien reconocibles, pero muy curiosos teniendo en cuenta cómo transforman el texto literario), sino también la importancia que adquiere en la película la figura del escritor, profesión de su protagonista masculino. El personaje de Paul Varjak es tal vez el cambio más sustancial de la película con respecto a la novela, en cuanto que, en esta última, lo que convertía al innominado narrador-personaje en confidente de Holly era precisamente la falta de una relación amorosa entre ellos. Sigue leyendo

‘Desayuno con diamantes’ o la comedia romántica en su esencia

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Que Desayuno con diamantes haya resistido por mi parte un buen número de revisiones demuestra que posee la solidez de la que están hechos los clásicos. Blake Edwards y George Axelrod adaptaron con este film, muy libremente, el modélico relato de personaje creado por Truman Capote*, que se así vio convertido en una muestra canónica –e icónica– de la comedia romántica. Sigue leyendo

‘El otro lado del viento’: próxima, nueva, incompleta

Cuando Jorge Luis Borges, en su cuento “El milagro secreto”, achacaba al imaginario escritor checo Jaromir Hladík que “como todo escritor, medía las virtudes de los otros por lo ejecutado por ellos y pedía que los otros lo midieran por lo que vislumbraba o planeaba”, ni se le tenía por qué ocurrir el nombre de Orson Welles. Yo, sin embargo, con otra perspectiva, no puedo evitarlo: cuando leo sobre la obra filmográfica del gordo errante, me da la impresión de que le conceden el mismo peso a sus obras acabadas que a aquellas que nunca terminó de escribir, filmar ni montar. Eso, a pesar de su fama de genio, o más bien gracias a ella, que a otro no se lo perdonarían.

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‘El último’ de Murnau: milagro en el Atlantic

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Der letzte Mann, película de F.W. Murnau de 1924, cuenta  una historia tan sencilla como melodramática. El portero del lujoso hotel Atlantic vive orgulloso de su profesión, atendiendo exquisitamente a sus opulentos huéspedes. El actor que lo encarna es Emil Jannings, quien, como en el personaje que encarnaría años después en El ángel  azul, emana una autoridad destinada a degradarse. Del hotel al modesto barrio donde vive, siempre porta con orgullo algo infantil su imponente uniforme, mientas que sus vecinos lo respetan hasta la devoción. Sigue leyendo