Grillos como flechas

Bichos

No olvido todavía la plaga de grillos. Por las noches sobre todo, cuando formaban sus enjambres, sobre todo alrededor de las farolas, y se arrojaban feroces sobre los paseantes. Chillaban algunas estudiantes y todo era un sacudírselos de la ropa y hasta del pelo y de la cara. En una semana nos libró de ellos el don de las garzas. Yo luego he recordado que uno de mis héroes lo pasó peor todavía por culpa de bichos tan sociables:

Acuérdome que cuando estábamos peleando en aquella escaramuza, que había allí unos prados algo pedregosos, e había langostas que cuando peleábamos saltaban y venían volando y nos daban en la cara, y como eran tantos flecheros y tiraban tanta flecha como granizos, que parecían eran langostas que volaban, y no nos rodelábamos, y la flecha que venía nos hería, y otras veces creíamos que era flecha, y eran langostas que venían volando: fue harto estorbo.

(Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, IX)

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Diluvios y alivios

Si es buscada, ya no es aventura.
(J.M. Preward)
La humanidad lo ha experimentado de un millón de formas y lo ha contado de mil. Yo lo haré a la mía: te acuestas tras haber conversado sobre las lámparas que esperas colgar de tu salón, el juego que propondrás mañana a tus hijas para que no se aburran, a cuáles de tus tareas pendientes dedicaras más atención mañana en la oficina; y te levantas para preocuparte de dónde encontrarás sacos de tierra, cómo te las arreglas para sacar a las niñas de casa con el agua a la cintura, cuándo volverás a tener una muda que ponerte o un poco de agua limpia.

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El diluvio

Llevamos semanas de lluvia intensa en Piura. Desde mi torre, se ve pasar el río alto como muchos no lo podemos recordar. La glera cuya foto encabeza mi blog, por supuesto, ya no existe, y yo me pregunto dónde se estarán cobijando en estos días los cormoranes y las garzas. De lo que sí se han llenado las riberas es de enjambres de sapos diminutos.

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Yo sé que debería incluir imágenes preocupantes de cómo se remoja mi ciudad, pero como para eso está Facebook…

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“La casa encendida”: recomendación anecdográfica

(La serena y oficial se encuentra aquí)

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Mi reducida experiencia me sugiere que, salvo casos excepcionales más comunes de lo que parecen, el descubrimiento de la poesía como arte, vocación o cosa seria en todo caso empezaba con la lectura escolar de Bécquer y algunos poetas del 27 (pongamos que Salinas o el Lorca y el Alberti neopopularistas), y quienes no se quedaban allí daban su siguiente paso con Neruda, sobre todo sus Veinte poemas. Mi caso, en ese sentido, de excepcional tiene muy poco. Fue el paso siguiente el que fue más personal, para mí medio epifánico.

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“Quijotes ultramarinos”: crítica y razón

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En mi modesta carrera como filólogo llevo presentados y comentados bastantes libros, entre los cuales los de poesía son los menos. Aunque soy un moderado consumidor de versos, a veces por gusto y a veces por exigencias del trabajo, criticarla me da mucho respeto. Respeto derivado del que siento por el género, al considerarlo el más exigente de todos: con el lector, con el autor, con el lenguaje e incluso con el editor. Sigue leyendo

Sobre “La última muerte de Silvino Forossi”

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(Fondo de tintero para esta reseña)

Cuentan algunos de los que han estado a punto de morirse pero al final no -por eso lo cuentan- que vieron pasar en esos momentos, como una película, la historia entera de su vida. Será a causa de su oficio, pero para el protagonista de La última muerte de Silvino Forossi  son más bien las fotografías las que retienen o reactivan momentos clave del relato. Sigue leyendo