Don Juan entre pucheros

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Tal era la familiaridad con la poesía del romano Ovidio, que en su primera juventud sus discursos le brotaban espontáneamente en verso, por más que su padre quisiera encaminarlo hacia el estudio de las leyes. Lo cuenta él mismo en sus Tristes (IV,10).
Yo no pretendo llegar a tanto ni de lejos. Sin embargo, bastó para embellecer por un momento los trajines de la cocina el sorprendernos a mi primogénita y a mí, después de un rato con el Tenorio de música de fondo, cruzando este breve diálogo involuntariamente octosilábico, sin duda prosaico, pero de grato aroma zorrillesco:
—¿Pusiste el aceite? —Sí.
—¿Está hirviendo? —Todavía.
—¿Lo prendiste? —Lo prendí…
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Flojera y reputación

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Docente que conozco, cuyo nombre no diré, se queja de que en la institución donde trabaja, que me callo, le obligan a aprobar a todos sus alumnos. La indignación que esto produce sobre las prácticas de ciertos centros educativos de este país, no tardo en extenderla a una profunda desolación sobre el funcionamiento del país entero. Ocurre cuando Docente Que Conozco no encuentra mejor símil para quejarse de sus alumnos, que llegan tarde a clase cuando llegan, que no se esfuerzan nada, que esperan recibirlo todo hecho, que decir que se creen que son congresistas.

Profesor de literatura

Concierta entrevistas. Pergeña informes. Asiste a reuniones. Establece horarios. Corrige faltas de redacción elementales. Lidia alumnos suplicantes. Firma pedidos. Calcula presupuestos.
Finalmente, en media luminosa hora de estudio, prepara para clase el comentario de dos poemas de Neruda.

Poesía por sorpresa

Confusión que resume la delgada frontera entre cotidianidad y poesía, o tal vez la eterna querencia del alma a la belleza: en un ejercicio escolar leo, distraído, besándose en su voz. Un parpadeo de concentración me desengaña al mostrarme, claro y prosaico (más un pelín pedante), “basándose en su voz”.

Educar sin instruir

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Cotidianamente se le deja claro a los papás que la educación no consiste en que los niños asimilen conocimientos en el colegio, sino habilidades, destrezas y -sobre todo- valores. Lo que pasa es que insisten tanto en ello que uno acaba oliéndose que se trata de una excusa anticipada al resultado de que los niños saldrán del colegio sin conocimientos ni para resolver un crucigrama. Lo pagamos luego los profesores de universidad que, a nuestros señores graduados, gloriosamente ingresados en nuestro centro de educación superior, debemos explicarles insondables arcanos como la mayúscula de los nombres propios, la existencia real del punto y seguido o el valor no ornamental de la tilde.

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Juegovideos

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Tomada de aquí

Es un chiste viejo, más bien una fábula moral, el de aquel niño que recibe de regalo un fabuloso juguete que se apresura a sacar de su caja… para ponerse inmediatamente a jugar con esta. El caso no es frecuente, pero sí verosímil; es decir, por larga experiencia sé que el niño al que se le concede la oportunidad de aburrirse sabe convertir en un juguete los objetos más inesperados.

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‘El último’ de Murnau: milagro en el Atlantic

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Der letzte Mann, película de F.W. Murnau de 1924, cuenta  una historia tan sencilla como melodramática. El portero del lujoso hotel Atlantic vive orgulloso de su profesión, atendiendo exquisitamente a sus opulentos huéspedes. El actor que lo encarna es Emil Jannings, quien, como en el personaje que encarnaría años después en El ángel  azul, emana una autoridad destinada a degradarse. Del hotel al modesto barrio donde vive, siempre porta con orgullo algo infantil su imponente uniforme, mientas que sus vecinos lo respetan hasta la devoción. Sigue leyendo