Otro poema con gente en casa

Sí, otro más. Repasando el Cancionero y romancero de ausencias de Miguel Hernández, cómo no pensar, al llegar a esta página, en nuestras calles vacías, y en los remolinos, tempestades y buenos vientos que soplarán detrás de cada ventana.

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Por comodidad, en vez de volver a fotografiar la página del libro, cortapego de aquí.

El síndrome de Pitti o cuando acabe la pandemia

Se detiene la actividad humana, y lógicamente baja la contaminación, así que más pura la luna brilla y se respira mejor. Las calles, serenamente silenciosas, cosa que lamentablemente no aprecian todos los que necesitan andar con su banda sonora incorporada. Nos encantan las imágenes –dichoso quien las haya podido filmar– de animales salvajes que se aventuran en la gran colmena humana, preguntándose qué hace tan vacía. Aunque haya remitido notablemente la plasticofobia que empezó el año pasado, lo cierto es que se produce menos basura.

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Cuarentena: cara y cruz

Alguno me pregunta que si no me traigo entre manos ninguna corónica (mejor que crónica) sobre estos días de reclusión mundial, al estilo de aquella que alumbré sobre la inundación de hace tres años.

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Gato de porcelana

Me gustas cuando callas

Me gustas cuando callas…

Según cuenta uno de sus alumnos, Julián Marías, Ortega y Gasset recomendaba a sus alumnos dedicar una hora diaria exclusivamente al ejercicio de pensar: “Se hacen unos músculos increíbles”, aseguraba. Sigue leyendo

Móvil, puntualidad, esperanza

El mundo de la impuntualidad, supongo que tan antiguo supongo como el mundo ( a mí solo me consta el testimonio escrito de San Agustín), también se ha visto alterado por la telefonía celular. Por una evidente parte, ha logrado el gran progreso de evitar plantones: avisa de demoras, demanda paciencia y necesarias prórrogas, cancela citas en el último momento. De ahí nos ha salvado.

Pero, por otra, dichas posibilidades han dado lugar a esa crueldad más soterrada de prolongar los plantones a fuerza de esperanza, de mecer al esperante siempre por unos pocos minutos más, que prolongan su paciencia hasta el abuso.

De recuerdos y trofeos

Maletín

Todos tenemos pertenencias que guardamos como recuerdo, porque ciertas personas han puesto amor en ellas para entregárnoslas. Otras, en cambio, se guardan como trofeo: somos nosotros quienes en ellas hemos depositado, si no amor, alguna otra pasión, hasta lograrlas adquirir y atesorar. 
En este sentido, quizá el objeto más valioso de mi casa, porque participa de ambas condiciones, sea mi cubertería. Y eso sin habérmelo propuesto.

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Los otros fumadores electrónicos

Diría que, como adicción, el internet de bolsillo ha venido a ocupar en nuestros días el nicho que ocupaba el tabaco en los siglos anteriores. O sea, se trata de una adicción dañina, experimentada y reconocida como tal por los adictos; sin embargo, están dispuestos a sobrellevarla porque es también un modo de integración social, en lugar  de un vicio privado o clandestino.