Comida y literatura

(Charla del año pasado, recalentada)

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Gastronomía y literatura. Podríamos buscar analogías entre una y otra en cuanto que labores creadoras. O por la analogía de que la literatura, como las artes en general, es un alimento para el alma que, en palabras de Susan Sontag, nos devuelve al mundo “más receptivos y enriquecidos”. Sigue leyendo

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Tolkien a la tele

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El anuncio de una posible serie televisiva basada en El Señor de los Anillos me hizo bastante ilusión mientras imaginé que se iba a tratar de un remake para comparar en el futuro con las  versiones ya existentes de Ralph Bakshi y Peter Jackson. Pasó a hacerme mucha menos cuando los rumores apuntaron a una especie de “precuela”, y no evitaban -cómo hacerlo- las analogías con la exitosa Juego de tronos. Hay que suponer que, como pasó con todo el material de relleno de la desproporcionada adaptación de El hobbit, la serie de Amazon contará para su guion con desarrollar los Apéndices de la novela de J.R.R. Tolkien como trasfondo y breve base para una nueva trama (que seguro no será tan solo una) completamente original.

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Cultura para Greg

La serie de novelitas de El diario de Greg han sido, gracias a mi primogénita, uno de los descubrimientos literarios de este año. Celebrar en ella la sátira es casi un tópico: mucha de la buena literatura infantil, desde tiempos de Elena Fortún o Richmal Crompton, ha elegido como rumbo contraponer la lógica libre y aplastante del niño a los pesados hábitos y condicionamientos del adulto. Me han divertido mucho  también otros tipos de caricatura de la realidad. Por ejemplo, su (auto)parodia de la reiterativa literatura de consumo escolar, con más fuerza en su high concept que otra cosa:

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Recomendación: “La invención de Morel”

He tenido que releer La invención de Morel en el contexto adecuado, o bajo la presión adecuada (¿qué decir que no me suene a repetido?), para ver allí reflejados los extremos de la autobiografía, autoficción y hasta automentira digital. Desde el Morel que espera sobrevivir perpetuando sus recuerdos en 5-D, hasta el Fugitivo que los falsifica.

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Y algo más sobre el asunto

Grillos como flechas

Bichos

No olvido todavía la plaga de grillos. Por las noches sobre todo, cuando formaban sus enjambres, sobre todo alrededor de las farolas, y se arrojaban feroces sobre los paseantes. Chillaban algunas estudiantes y todo era un sacudírselos de la ropa y hasta del pelo y de la cara. En una semana nos libró de ellos el don de las garzas. Yo luego he recordado que uno de mis héroes lo pasó peor todavía por culpa de bichos tan sociables:

Acuérdome que cuando estábamos peleando en aquella escaramuza, que había allí unos prados algo pedregosos, e había langostas que cuando peleábamos saltaban y venían volando y nos daban en la cara, y como eran tantos flecheros y tiraban tanta flecha como granizos, que parecían eran langostas que volaban, y no nos rodelábamos, y la flecha que venía nos hería, y otras veces creíamos que era flecha, y eran langostas que venían volando: fue harto estorbo.

(Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, IX)

Recomendación literaria: “Tres sombreros de copa”

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Lo más frecuente, eficaz y peligroso para la literatura humorística es basarse en las referencias a la actualidad y en los juegos del lenguaje, que son dos realidades transitorias. Por eso será que, por ejemplo, las tragedias de Shakespeare perviven mejor que sus comedias, a las que tanto hay que revitalizar extraverbalmente.

La comedia que recomiendo aquí se conserva bien fresca. Buona lettura.

Recomendación literaria: las ficciones de Luis Loayza

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A la que agrego una cita que conmoverá profundamente a todos los de mi gremio:

Carlos se dedicó a reescribir su tesis. En sus años de estudiante solía recoger fragmentos, versos aislados, dos o tres palabras juntas de poemas coloniales peruanos en los que sucedía algo, una pequeña explosión (o las palabras eran restos de esa explosión), no porque el autor tuviese talento sino por simple casualidad o generosidad del idioma. Carlos anotaba estas sorpresas, esbozaba teorías más o menos descabelladas sobre la poesía, la Colonia, el Perú. Con el tiempo fue olvidando las citas y las teorías, que tan bien sonaban discutidas entre amigos, y el trabajo se volvió más preciso, documentado en insignificante. Logró aclarar dos o tres fechas en las vidas de escritores de tercera línea, descubrió en bibliotecas de convento unas cuantas ediciones no mencionadas en las bibliografías, leyó -tomando minuciosamente notas en fichas de distintos tamaños- libros y manuscritos que nadie había tenido la paciencia de leer. El resultado no le gustaba. No era tan vano como para menospreciar la erudición, en otros deslumbrante: en otros, justamente, no en él.
[“Otras tardes” en Relatos, Lima, Editorial Universitaria, 2010,
pp. 234-235]