La lectura lapicera: desazones y consuelos

tintin_oro_huellasdesierto

Imagen prestada de aquí

Una secreta vergüenza por la que a menudo mi memoria ha de pasar: en plena primera lectura de un libro, descubrir unas marcas de lápiz inconfundiblemente mías junto a cualquier renglón o margen. Como para preguntarse, con desazón, para qué leer tanto si nunca alcanzarás a reunir todas las lecturas que quisieras, y de las que llegaste a alcanzar tampoco retendrás más que un vago recuerdo, o  un rastro de grafito en una página olvidada.

Sigue leyendo

Anuncios

‘Príncipe azul’ (definición)

Sleeping-Beauty-1959-7

Esta antigua modalidad de superhéroe tan solo salva en su vida a una persona, siempre de sexo femenino, que luego desposa y hace feliz para siempre. A partir de este momento, su dieta pasa a constituirse básicamente de perdices.

Su eficacia está garantizada, pero este único uso, reservado además tan solo a víctimas de alcurnia, lo hacía socialmente poco útil. Esto explica su escasez a día de hoy, por más que nunca le falten imitadores de fatal caducidad.

3a737e6682f80f3412a649093f9eaf32

Aquel cuartel de invierno

Resultado de imagen para game thrones wall

Llevo años intermitentemente dudoso de incluir en mi modesto canon personal el poema que me proporcionó mi único primer premio literario. Acabo cayendo en la tentación, y clic.

Sigue leyendo

My Whatsapp killed the telephone call

(Sintonía)

Los habituales llantos, aún no coplas, por la muerte de la carta a causa de internet son comprensibles si se aplican a todos los artistas del género epistolar que hayamos podido conocer, entre los que han visto su obra publicada y también los amigos de buena pluma con los que hayamos podido mantener correspondencia. Sin embargo, a lo largo de la historia, la mayoría de los seres humanos no han pedido a la epistolografía otra cosa que una comunicación eficaz. Ni la han ejercitado con conciencia artística, ni tampoco usado para asuntos que nos tuvieran que interesar. Apenas pudieron ir reemplazando la carta por el telegrama, el teléfono, el mensaje de texto, el correo electrónico (medio que, por otra parte, permitía igual la redacción de extensas cartas), el chateo y las redes sociales, los muy humanos emisores lo hicieron sin el menor remordimiento por estar extinguiendo una tradición alimentada durante siglos por san Pablo, Plinio el Joven o Madame de Sevigné.

Sigue leyendo

(Sobre) El castellano de Tarzán

Pigmeos

Escolios a un texto implícito (quien lo quiera explícito, pinche aquí)

Para Antonio Guardiola, con gratitud entre otras cosas

Primero: Aun habiendo podido titular la entrada “El español de Tarzán”, cambio el nombre del idioma por su sinónimo. En parte, por obvia alusión al título de la página donde se publica el artículo. Y, también, por evitar que algún iniciado en la materia piense que me estoy refiriendo a un individuo de nacionalidad española. En las novelas de Edgar Rice Burroughs recuerdo que aparecían dos. Tarzán el indómito presentaba el hallazgo del cadáver centenario de un aventurero español: no ocupaba mucho pero el efecto era gratamente misterioso. En Tarzán el terrible, en cambio, ya actuaba un compatriota mío, Esteban Miranda, cuyo aspecto físico resultaba ser casi idéntico al del rey de los monos, lo cual lo convertía en un peligroso antagonista. Tardé en conocer la existencia de este personaje ambicioso y traicionero porque el primer lugar donde debería haberlo encontrado, las páginas de Tarzán entre pigmeos (sosa manera de retitular Tarzan and the Ant-Men), su presencia se evaporaba misteriosamente, y eso que en el original generaba una importante trama secundaria. Sin duda fue un caso de patriotera censura o autocensura.

Sigue leyendo

López Albújar, el realista

220px-Enrique_López_Albújar
Es más o menos sabido que la novela realista y naturalista llegó al Perú en las últimas décadas del siglo XIX, de la mano de documentadas y dinámicas escritoras como Mercedes Cabello de Carbonera o Clorinda Matto de Turner, la recordada autora de Aves sin nido. La sociedad de su tiempo, rural o urbana, se convertía con todo su detalle y sus problemas en materia narrativa tras la estela de los Balzac y los Zola franceses, los Galdós y las Pardo Bazán de España, los Dickens de Inglaterra,  los Cambaceres de Argentina. Sin embargo, creo que conviene señalar que hasta que no aparecieron, a principios del siglo XX, las narraciones de Enrique López Albújar, ese realismo criollo no dio nada que merezca la pena de ser leído sin obligación escolástica. Por eso recomiendo aquí los Cuentos andinos; en cuanto a la famosa Matalaché, se trata de una una novela mediocre pero de notable prosa: su autor aspiraba a componer una especie de Los Rougon-Macquart a la peruana pero le salió, como a tantos otros cuentistas que ensayan por única vez el género de la novela (pienso en Edgar Allan Poe o en Oscar Wilde), un relato hipertrofiado.
matalache_frecuencia2_arkivperu

‘Moby Dick’, de Melville a Huston (y II)

1. El viaje y la aventura

2. Tragedia, trabajo, amistad

Captura de pantalla 2019-03-10 20.00.06

A bordo del ballenero ‘Pequod’ solo dos personajes tendrán conciencia de su labor de búsqueda como una misión trascendente. En primer lugar, como es sabido, Ajab  se fija el objetivo de alcanzar a la ballena blanca y darle muerte, por motivos personales a los que él da un significado universal: su venganza significa la destrucción de un símbolo del mal, aunque otros la interpreten más bien como la de una alteración del orden natural otorgado por Dios al mundo y sus criaturas. Sigue leyendo