El escritor y el héroe en ‘El tercer hombre’ (y 4)

1. De la novela al cine (y vuelta)

2.La confusión de Holly Martins

3. El héroe encara el mal

Conferencia

La conferencia (no la mía), con público en fuga

La dignidad del oficio

A pesar de las apariencias, al final de El tercer hombre el protagonista queda también a salvo en su dimensión de escritor.  Por más que Greene se burle de los clisés de la novela popular, tanto en la película como, sobre todo, en la novela se caricaturiza el elitista mundo de la literatura considerada “culta”. Confundido con un afamado escritor, Martins se verá en la obligación de improvisar una conferencia sobre temas que no entiende (“la crisis de la fe”, “el fluir de conciencia”, etc.) para un público que admira a autores de manual de literatura contemporánea que el héroe no conoce ni tampoco le interesan: Woolf, Joyce, Stein… Sigue leyendo

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El escritor y el héroe en ‘El tercer hombre’ (3)

1. De la novela al cine (y vuelta)

2.La confusión de Holly Martins

Lime

El héroe encara el mal

Todo, al llegar este momento de la película, tiene aire de fin… hasta el giro que supone la célebre secuencia en que Martins reconoce en “el tercer hombre” al propio Harry Lime. Esta revelación supone un completo giro argumental y una transformación en el papel de su protagonista. Podríamos intuir que Holly ahora sí que pasa a asumir el rol de héroe, pero de una historia donde ya no hay lugar para la inocencia maniquea de las novelas baratas. En la conversación que más tarde sostienen los dos amigos, Harry afirma entre resignado y cínico: “Tú y yo no somos héroes. En el mundo no quedan héroes. Solo en tus novelas”. Holly Martins es consciente ahora de lo sucia, peligrosa y “real” que puede llegar a ser su aventura; de ser tan solo el peón, movido por su antes aborrecido Calloway, de un desbordante ajedrez que le impondrá sacrificar una antigua amistad y un nuevo amor. Sigue leyendo

El escritor y el héroe en ‘El tercer hombre’ (2)

1: De la novela al cine (y vuelta)

Cotten

La confusión de Holly Martins

Holly Martins es un personaje construido con las mimbres del antihéroe de la novela contemporánea: sobre él recae el peso de una empresa noble y arriesgada, para lo cual no son el menor obstáculo sus propias debilidades. Su propio nombre tan poco varonil ya parece invitar al espectador a tomarse poco en serio al protagonista, que aun así en la película tuvo que adecuarse a la elegante apariencia de una reconocida estrella de Hollywood como Joseph Cotten. En el diseño original de Greene, Martins no se llamaba Holly sino Rollo (lo cual, por afortunada casualidad, suena tal vez más ridículo en español que en inglés), y su primera aparición, derramando “lágrimas de chiquillo” en el funeral de Harry Lime, era un poco más humillante la del despistado Holly en la película.

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El escritor y el héroe en ‘El tercer hombre’ (1)

Adapto por entregas una conferencia que la Biblioteca de la Universidad de Piura tuvo la gentileza de invitarme a pronunciar hace cosa de año y medio, que me sirvió para discurrir de nuevo sobre la gran película y su muy apreciable novela

Greene Third Man

De la novela al cine (y vuelta)

Un proceso con el que está familiarizado el lector medio es el de la obra literaria que inspira una película, la cual, al juicio del mencionado lector medio, no resiste la comparación con la obra original. Por su parte, el lector ‘no medio’ posiblemente haya conocido experiencias diferentes, por ejemplo la de encontrarse con relatos menores que dan lugar a grandes películas. Bien podemos contar aquí el caso de El tercer hombre, tal vez más insólito para el lector medio de marras cuando descubre que Greene, responsable tanto de la novela como del guion, concibió la primera tan solo como una manera de preparar mejor la elaboración del segundo. Es más, en palabras del propio novelista:

El tercer hombre no fue escrito para ser leído, sino para ser visto. (…) El lector notará muchas diferencias entre el relato y la película, y no puede pensar que esos cambios le fueron impuestos a un escritor mal dispuesto: en muchos casos fueron sugeridos por él mismo. En realidad, la película es mejor que el relato porque en este caso es el relato en su forma más acabada.[1]

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Rico y Angulo, periodista del siglo XIX

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Desde los peruleros Francisco de Ampuero y Pedro del Castillo hasta los cientos de familias anónimas que  acrecentaron la ciudad chilena de Rancagua en tiempos menos épicos, los riojanos han puesto también su granito de uva en la construcción de América. A la sombra de los Andes existen un Logroño ecuatoriano y una Rioja peruana, además otra argentina rica en vinos en honor a la cepa de que viene. Por si esto fuera poco, el Perú le debe también a mi terruño (uno es de donde hace el doctorado) a su primer periodista político. Sigue leyendo

Cuatro siglos de mala escritura

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Cada vez se escribe peor, se quejan de continuo algunos profesores y gentes con cultura. Se le echa mucha culpa al sistema educativo, sin reconocerle el mérito de haber logrado que cada vez se escriba más: triste elitismo. Por otra parte, esta extendida decadencia de la prosa de cada uno no me parece que esté anulando la conciencia de la buena escritura: por ejemplo, cada vez se componen también más manuales de redacción y centros de consulta para el buen decir. Creo más bien que la responsabilidad de la escritura correcta y elegante se está desplazando a otros sujetos. Estaríamos volviendo a una relación con el texto similar a la de los primeros siglos de la imprenta, sobre la que nos ilustra Francisco Rico en su prólogo al Quijote (Santillana, 2011, pp. 1175-1176):

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