Cuatro siglos de mala escritura

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Cada vez se escribe peor, se quejan de continuo algunos profesores y gentes con cultura. Se le echa mucha culpa al sistema educativo, sin reconocerle el mérito de haber logrado que cada vez se escriba más: triste elitismo. Por otra parte, esta extendida decadencia de la prosa de cada uno no me parece que esté anulando la conciencia de la buena escritura: por ejemplo, cada vez se componen también más manuales de redacción y centros de consulta para el buen decir. Creo más bien que la responsabilidad de la escritura correcta y elegante se está desplazando a otros sujetos. Estaríamos volviendo a una relación con el texto similar a la de los primeros siglos de la imprenta, sobre la que nos ilustra Francisco Rico en su prólogo al Quijote (Santillana, 2011, pp. 1175-1176):

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Gobierno positivista

Mandarás si eres formal

(J. Monnoir)

En su Ulises criollo (cuya lectura aquí recomiendo), José Vasconcelos relató los avatares de su lucha política hasta los comienzos de la Revolución Mexicana. Algo que me llama gratamente la atención es que no diferenciase su labor diplomática y propagandística de su actividad cultural, e incluso diera preferencia a esta última. Para acabar con la larga dictadura (1876-1911) de don Porfirio Díaz, una victoria electoral no iba a ser suficiente: después de ella, México seguiría a merced del egoísmo y la brutalidad extendidos tanto entre la masa como entre la oligarquía. Era más esperanzadora la semilla que dejaba la fundación del Ateneo de la Juventud, por más que entre sus filas de jóvenes intelectuales los hubiera muy escépticos con la democracia. Sigue leyendo

Poca vida en el espacio

Me cae en las manos un curioso librito de hace un par de siglos: Exámenes de Matemáticas que sufrieron (sic) los alumnos de la clase de la Real Maestranza de Caballería de Granada el día 25 de agosto de 1806, amenizados con una Oración inaugural, y varias piezas de Eloqüencia y Poesía.* Un acta que promete ser tediosa lectura, aunque probablemente no le vaya en zaga ningún acto académico actual, y eso que todos parecen haber extirpado la poesía de sus programaciones.

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Reinar, cosa de niños

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Los reyes niños no eran novedad en la historia, con precedentes tan antiguos como Pepi II de Egipto o Joás de Judá, pero los progresos en la reproducción de la imagen los fueron haciendo progresivamente más visibles. El siglo XX, que a la expansión del periodismo y la fotografía agregó el cinematógrafo, presenció durante los funestos años 30 y 40 tres monarcas que subieron al trono antes de haber empezado a echar las barbas: Pedro II de Yugoslavia (11 años), Miguel I de Rumanía y Simeón II de Bulgaria (6). Se les adelantó, en la gran responsabilidad y el triste destino, un hijo de la ficción, el rey Matías I que daba título* a la novela del escritor y pedagogo polaco Janusz Korczak. Sigue leyendo

Lápiz y fusil

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No sé si el siglo XXI, que promete seguir siendo pródigo en matanzas, consolará un poco a la posteridad con algún escritor militar a la altura de cuantos, desde Jenofonte hasta el siglo pasado, han armonizado con excelencia las armas y las letras. En aquellos años, fastidiosamente lejanos, de conversaciones enjundiosas en la sala de becarios, escuché a Juan Varo calificar a Thomas E. Lawrence y a Ernst Jünger de los mejores escritores militares del siglo XX. Quizá haya quien pueda contradecirlo, pero lo cierto es que tanto Los siete pilares de la sabiduría como Tempestades de acero dejan un listón bien difícil de superar. Por no agregar otros escritos menores de Jünger, también sobre la Primera Guerra Mundial, y sus sosegados diarios de la Segunda (Radiaciones), donde curiosamente apenas se huelen la pólvora y la sangre. Sigue leyendo

De puente a puente

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Al feriado que es largo hasta tragarse días laborables intermedios, en España lo llaman “puente”. El más popular e inevitable de todos los puentes del año es el que sostienen la antigua fiesta religiosa de la Inmaculada Concepción, 8 de enero, y la vieja fiesta cívica de la Constitución votada el 6 de diciembre de 1978. Ambos pilares parecen en estos tiempos bastante corroídos, a fuerza de desacralizados, aunque algunos me dicen que el consumo que se dispara en estas fechas forma una hojarasca tan densa, que ella por sí sola se basta para mantener en pie la construcción  mejor que la Iglesia y el Estado juntos.

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