Exalumnis y otras novedades del lenguaje institucional

Puesto a andarme por las ramas, que ya lo hice casi literalmente la vez pasada, divago ahora en Castellano Actual, y más bien brevemente, sobre barbarismos, cultismos, sociolingüística,  género y qué sé yo. Todo con la excusa del idioma, que al fin y al cabo de lo que trata el blog es de darle a la lengua (y si en los comentarios bufa el eunuco, como escribió Rubén Darío, pues mejor).
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Ya no me espero hasta abril

Al final, no he tenido que esperarme un año entero, como prometía, para darme cuenta de que lo que puedo darnos al mundo y a mí mismo en esto de las letras lo doy mejor en mi maceta del páramo.

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En barbecho

Mumin

Después de cinco años y piquito cuidando de mi maceta, creo que esta ha demostrado salud suficiente como para poder dejarla crecer salvaje por una temporada.

De manera que aviso a mis lectores, fijos o eventuales, de que voy a dejar de escribir para ella durante, digamos, doce meses que pienso dedicar a “altos estudios eclesiásticos”, como los llamaría Rafael Sánchez Ferlosio.

Como prueba de que no pienso abandonar el oficio de letrada jardinería, me ahorro cualquier palabra de despedida. Pienso, además, seguir enlazando aquí mismo cualquier escrito que vaya publicando en la red.

En todo caso, feliz Semana Santa.

Y no estaba muerto

Blog que no se actualiza es blog que muere, me decían muchos. Solo recuerdo a un amigo que negara esto, y me parece que es a él a quien tengo que darle la razón. Tras dos meses largos de silencio, vuelvo a asomarse a mi macetario y lo encuentro tan frecuentemente visitado como cuando me esforzaba por publicar nuevas entradas. Lo cual me deja agradecido, pero sobre todo orgulloso al constatar que mi modesta obra ya tiene una vida propia, independiente de su autor.

A juzgar por mis escritos que las estadísticas dan por más visitados, está claro que el éxito  no viene de mi talento literario o de mi atención a cuestiones de actualidad, sino de haber acertado con temas sobre los que  siempre habrá curiosos en demanda de consulta, en el aula o en la vida cotidiana. Es decir, que  a muchos debo de estarles resultando útil. Ojalá que no por ella sea menos agradable.

El caso es que, ante esta inesperada prueba de perfección (es decir, de acabamiento) de mi maceta en el páramo, casi me da pena interrumpir, no vayan a recibirme mis lectores como al coronel Chabert, a Mattia Pascal y a otros resucitados inoportunos. Espero, como mínimo, estar a mi misma altura en este nuevo año de escritura que emprendo.

Limpieza de estación

Es víspera de vacaciones, o sea momento de limpieza general. Se avientan los papeles amontonados sobre el escritorio: con qué relajo encontramos los de tareas ya cumplidas, y con cuánto más aún los aquellas que parecieron urgentes y luego resultó que, bien mirado, no eran para tanto. Tampoco faltan los que han acabado por formar una suerte de estrato geológico, y tanto mejor si son los menos y podemos evitar mirarlos al despedirnos de la oficina por unas semanas. Sigue leyendo

Maceta de aniversario

Tal día hace un año: me puse bajo el secreto amparo de San Juan de la Cruz y emprendí la redacción de este blog.

Gracias, amigo Yepes.

Gracias, amigo Yepes.

Exponía en esa primera entrada los motivos no sé si para convencerme a mí mismo o bien para obligarme ante los ojos de mis posibles lectores.

Una vistosa ocasión, el día de hoy, para hacer recuento. Sigue leyendo

Opera aperta

Borges decía, no sé con qué palabras, que el escritor publica para dejar de corregir. Le doy la razón, como en tantas cosas. Llega un momento en que hay que decir basta, someter lo que has escrito a la prueba definitiva de la exhibición pública, y empezar a escribir otra cosa. Las palabras y los tonos mejorables del texto son interminables como las pelotillas del jersey, cada corrección crea nuevos detalles corregibles. Así que, una vez publicado, lo mejor es ni siquiera releerse y así no llevarse el disgusto de lo irremediable. Sigue leyendo