Propuesta de resaca electoral

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Termina ya la difícil primera etapa de las elecciones peruanas, de la que saldrá un nuevo congreso del que quejarnos porque no nos representa. También quedarán en liza por la presidencia tan sólo dos caudillos candidatos, que se vislumbran ya ineqívocamente candidato y candidata, contra uno de los cuales tendremos que votar en segunda vuelta. Sigue leyendo

“Animal doméstico”: presentación por editorial Cortarrama

Queda invitado todo el que leyere a la presentación que la editorial Cortarrama hará de mi poemario Animal doméstico el próximo día martes 30 de marzo a las 8 p. m. (hora peruana). Me atrevo incluso a extender la invitación a aquellos que ya asistieron al conversatorio sobre el libro hace unos meses, y quizá creen que ya lo saben todo sobre él, por 7 razones 7:
 
  1. Porque pueden traerse un amigo, o más de uno.
  2. Porque ahora me podrán ver ya con el libro en la mano.
  3. Porque ahora leeré poemas distintos.
  4. Porque daré mejores respuestas.
  5. Porque incluirá la certera mirada crítica de Crisanto Pérez Esain.
  6. Porque esta vez podrán preguntar lo que no se les ocurrió en aquel momento.
  7. Porque les diremos dónde se puede adquirir el libro.
Así que ya lo saben. ¡Hasta el martes!

“Animal doméstico”, edición peruana

Al fin, a despecho de océanos, pandemias y huelgas de transportistas, ya está aquí lista para la promoción y venta la prometida edición peruana de mi poemario, a cargo de la estupenda editorial Cortarrama.

Y que lo diga

De manera que iré publicando aquí en mi blog cualquier novedad al respecto… y que los públicos le sean propicios a este animal tan viajado.

El que no quiere oír

(Sinsabores del aprendizaje inverso)

Escena medieval de piedad rayana en el fanatismo

A lo largo de unas cuantas semanas me estuve dedicando a dictar clases de Literatura española medieval. A lo largo de sucesivas exposiciones y comentarios, me dediqué a pasear a mis estudiantes, creo que bastante de la mano, por la historia del Cid Rodrigo Díaz, que tantas batallas libró por la noble causa de dar a su esposa y a sus hijas un hogar y unas riquezas dignas de la más alta nobleza. Más tarde, por buena parte de las coplas del Libro de buen amor, de sus desenfadados consejos para amantes derivados de la conciencia de que no hay fuerza que mueva el mundo como aquella que mutuamente atrae a hombres y mujeres. Pasamos luego al Conde Lucanor, el joven noble al que su ayo instruía con buenos ejemplos de moral práctica sobre cómo relacionarse con sus semejantes y gestionar sus asuntos de gobierno. Por último, alcanzamos los confines de la era con La Celestina, brutal y arrabalera desmitificación del amor cortés.  
Sin embargo, al pasar al tema siguiente cometí el desliz de pedirle a un alumno que preparase una breve introducción a este periodo —o sea, claro, el Renacimiento. Sería que me había cansado de exponer en tantas clases. 
Nada me hizo arrepentirme más cuando el muy tabularrasa despachó la Edad Media, sin el menor matiz ni explicación, con la rutinaria etiqueta del teocentrismo.

“El tesoro” y su lugar

Esta nueva recomendación literaria que publico en Castellano Actual la he escrito teniendo muy en mente a tantos de mis colegas de facultad que han dedicado buena parte de su actividad a devolver a la luz ruinas (huy, perdón) prehispánicas e hispánicas. Su labor ha debido siempre aplicar sobre un lugar la severa y sutil ciencia de la arqueología, y a la vez ofrecer a sus habitantes como tangible y cercano ese legado de sus predecesores. No es poco trabajo.

Como en casa no se lee en ningún lado

Se acerca el comienzo de un nuevo curso escolar, así que estoy teniendo que exponer mi vida a los graves peligros del contagio para salir a comprar los útiles requeridos por el colegio. Al regreso de una de mis expediciones, asado de calor y con la boca llena aún de mascarilla, doy pie al siguiente diálogo:
YO: Traigo un libro para Hija Mediana.*
ELLA (con alborozo): ¡Un libro!
YO: Sí, uno de los del plan lector.
ELLA (desilusionada): ¡Del plan lector!
Piensen lo que quieran los lectores, pero yo no me puedo sentir más halagado. A ocho años de distancia, parece que algo he estado haciendo un poco bien.

Es que mandan cosas muy ricas en valores (salvo literarios y gramaticales)

*Mi manera de pixelarla, porque es menor de edad.

En un libro viejo: Un boleto

(Donde azorineo un poco más)

Sigo hojeando Félix Vargas a largos intervalos. El solaz no reside en la lectura, sino en el tacto de las páginas marfileñas, en el aprecio de las curvas de su gruesa tipografía. Repentinamente, entre las hojas se enciende el vivo carmesí de un rectangulito de papel.  Lo tomo entre dos dedos con miedo de arrugarlo. En letras albas reza FEDERACION / NACIONAL / BUSES Y TAXIBUSES / DE CHILE. Sigue leyendo

En un libro viejo: El libro

(Donde me azorineo un poco)

He sacado después de mucho tiempo el libro de su anaquel. Sobre la mesa color bermejo, brilla un romboide de blancura marchita, surcado en diagonal con vaga pátina de grisura. En su centro, letras prietas, gruesas, afiladas, rememoran modas tipográficas de hace un siglo. Las letras dejan leer el título: Félix Vargas. Y debajo, centrado y en más legibles mayúsculas, Etopeya. Sigue leyendo

Ay, qué buenos son

(Confesiones de un pequeño bebedor social, 4 y ya no más)

1. NUNC EST BIBENDUM

2. silencio, rioja

3. in birra veritas

Sobre otros licores que no sean el rey y la reina, no me sobran las anécdotas con pretensión de categoría. Como en mis dos tratados anteriores –y voy viendo que en mi vida entera–, es mi emigración al Perú la que me procura mayores cambios.

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Amor y divergencia

En algún lugar he leído, y si equivoco la autoridad pido disculpas, que Godard sentenciaba al fracaso a aquellos enamorados a los que no les gustaran las mismas películas. Me pregunto si esta creencia sería fruto de la inducción o de la deducción, de la teoría o de la experiencia. También me pregunto si la tenía sobre todos los seres humanos o solamente sobre quienes, como él, viven del cine y para el cine. En fin, a fuerza de preguntas creo que se me nota que estoy bastante escéptico. Sigue leyendo

In birra veritas

1. NUNC EST BIBENDUM

2. silencio, rioja

(Confesiones de un pequeño bebedor social, 3)

Quien nísperos come / y bebe cerveza, / espárragos chupa / y besa a una vieja, / ni come, ni bebe, / ni chupa, ni besa.

Traigo esta coplilla tradicional no porque sea para creérsela, sino porque revelaría lo mucho que le hubo de costar a la cerveza ganar prestigio entre el público español desde el día en que los fenicios (o quizá los griegos, qué sé yo) dieron a conocer la vid a los celtíberos. Con el foco sobre Toledo, ciudad muy ligada al cervecero emperador Carlos V, valga este artículo como ejemplo. Sigue leyendo

Susanita la rebelde

Miguelito prometía convertirse en dictador y Manolito aspiraba a ser un magnate explotador; Libertad, una guerrillera o terrorista según se mirase; Guille, todo un playboy; Susanita,  esposa y madre de familia (toda una amenaza)… Sin embargo, quién iba a decir que esta última iba a anticiparse en una de las tiras de Mafalda a un perfil muy siglo XXI de heroína de acción, porque el mundo la hizo así.

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Un vistazo a los “Pizarros” de Tirso de Molina

(Para Castellano Actual)

Foto de aquí

¿Y a quién se le ocurre recomendarle al lector de librería y cada día unas comedias del Siglo de Oro que ni siquiera son –como pasó otra vez– de las que mandan siempre en el colegio y cualquiera puede citar, venga o no a cuento?

Pues a mí. Bueno, y también a algún colega. Será que no descarto encontrar algún semejante entre mis lectores. Alguien que pueda entretenerse en la música y la trama de los versos de nuestro teatro barroco sin abrigar segundas intenciones filológicas o dramatúrgicas.

Eché mano de las pizarrías de Tirso porque me permitía tres por el precio de una, pero igual podrían haber sido La venganza de Tamar de este mismo autor, o mejor aún Los cabellos de Absalón de Calderón de la Barca (quién plagió a quién de estas dos obras, es algo de lo que me tengo que enterar cualquier día). O también La fuerza del natural, de Moreto. Y un etcétera que tampoco voy a presumir de que sea largo, pero que no he renunciado a seguir extendiendo.

Son obras en las que late mucha vida todavía.

Silencio, rioja

(Confesiones de un pequeño bebedor social, 2)

1. NUNC EST BIBENDUM

RE  Qual è il miglior vino che sia?  

BERTOLDO  Quello che si beve a casa d’altri.

(Giulio Cesare Croce)

El vino es el rey. Quitarle podrán ventas e incluso bebedores, pero nunca jamás su rica historia, y ya observaba Gómez Dávila cuánto más ennoblece formar en una muchedumbre extendida a lo largo del tiempo que condensada en el espacio. Muchedumbre es este caso encabezada por los héroes homéricos, que lo llevaban a su mesa como signo de civilización (los cíclopes no lo conocían), a sus altares, e incluso lo reconocían como la más expresiva imagen de la densidad y espuma del mar. Y no paso de aquí porque quizá no acabaría. Sigue leyendo

“Animal doméstico”, en Radio Beades

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Jesús Beades, gran poeta, gran músico, gran rapsoda y, en suma, gran Beades, me dedica un podcast dentro de sus excelentes lecturas de poesía. Disfrútenlo, y espero que luego todos los demás.

Una reseña de “Animal doméstico”

De regalo de Navidad me hacen llegar esta benévola reseña de mi poemario publicada en el último número de la revista literaria Fábula. Lean, y ojalá que les pique la curiosidad. Sigue leyendo

A nadie más que a Él

Natividad

Porque, además, ningún otro milagro espectacular había acompañado a este limpísimo parto. Ni ángeles, ni luces. Dios reservaba sus ángeles ahora para quienes los necesitaban, los pastores. María tenía fe suficiente para creer sin ángeles. Además, de haber venido ángeles a la cueva, ¿los hubiera visto? No tenía ojos más que para su hijo.
José Luis Martín Descalzo, Vida y misterio de Jesús de Nazaret, Salamanca, Sígueme, 2005.

Dios le da pan al que olvida sus dientes

Tal vez dedicarás lo que te dejen del día tus obligaciones domésticas a preparar tu próxima clase. Te recorrerás, por ejemplo, el Quijote de cabo a rabo en busca de ejemplos para comentar; releerás aquellos episodios que mejor recuerdas para el caso y, por el camino, descubrirás algunos que tenías olvidados, al acecho de material utilizable o bien arrastrado solamente por la repentina curiosidad y la sorpresa. Tendrás que revisarlos con detenimiento para asegurarte de que puedes interpretarlos de manera satisfactoria, así como salir al paso de cualquier duda que pueda provenir del lado oscuro.
Y también tal vez te irás a la cama rezongando contra este atareado ritmo cotidiano que te impide tomarte un tiempo para la lectura.

Nunc est bibendum

(Confesiones de un pequeño bebedor social, 1)

-¿Bebe usted?

-Cuando me invitan, doctor -contesté-. En reuniones de amigos, en matrimonios…

-Ya. Bebedor social, entonces.

La etiqueta no me sorprendió. La aprendí, supongo, al mismo tiempo que la mayoría de los peruanos que supieron del caso Wikileaks. Aquel audaz ejercicio de chismorreo trajo consigo, entre otras revelaciones morrocotudas, que el entonces presidente del Perú estaba catalogado por la diplomacia de Washington como un bebedor social, mesurada etiqueta que hace olvidar la gran diversidad de reuniones sociales posibles. Ahí quedan para la historia, sin ir más lejos, las hazañas del susodicho político cuando acudía a rendir culto a Marte y Baco juntamente:

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Un brindis ignaciano

Con toda su breve claridad, me resulta ilustrativa la lectura de la carta que el Papa ha dirigido a sus antiguos alumnos del colegio donde enseñó. Ilustrativa en cuanto que lo que parece hilvanar tales con cuales cuestiones es la recomendación de fiarse poco de los portavoces que le salen en todos los medios, tan dados normalmente todos ellos a darse golpes en el pecho del vecino, con lo fácil que es conseguir versiones íntegras y directas de las palabras del obispo de Roma.

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Un rastro de misterio

Escolio para una novela inconclusa

Twentieth Century Fox FIlm Corp.

Que X sea culpable (aunque no necesariamente el culpable) podría esperarse, como en las buenas historias policiales, precisamente por ser  inesperado. Es decir, que ya nos habíamos olvidado de X, y, de hecho, casi hasta del asesinato de Y que da lugar a la pesquisa sobre Z que puede iluminarlo y acaba por ocupar el mayor interés de la trama.

Sin embargo, el dato revelador, aunque aparentemente anecdótico, que acaba por delatar a X no debería  permanecer olvidado, para procurar al lector el placer de descubrir la clave al mismo tiempo que el investigador. De ese modo, la novela concluye con cada pieza en su lugar y el misterio de Y resuelto, pero a costa de sembrar a lo largo del proceso varios enigmas, que permanecerán sin resolver, en torno a la vida de Z.

“Animal doméstico”, en casa

(Valga la redundancia)

Animal doméstico

A la espera de que lleguen ejemplares a Perú, si alguien vive más cerca de España o tal vez le vencieran la impaciencia o la curiosidad, lo puede adquirir en la librería online de Los Papeles del Sitio (editorial@lospapelesdelsitio.com), o bien a través de Iberlibro.

Llegan por fin a mis manos unos poquitos ejemplares de mi Animal doméstico. Aún no tantos como para empezar a distribuir por el Perú, pero sí para darle la bienvenida a casa (donde, por elemental coherencia, no podía faltar) y hojearlo como quien lo acaricia. Lo que en el libro por leer es anticipo físico del gozo que nos promete, en el libro propio es consumación de todo lo que hemos disfrutado y padecido en su escritura.

La Cosa en la ciudad

(Sueño de hace un par de años, provocado por John Carpenter y que, al releerlo, me ha sorprendido por su algo de profético)

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La Cosa está aquí. 
Encerrados en un garaje, expongo la situación ante un nutrido grupo de caras desconocidas en las que se puede leer la angustia. 
“La Cosa está aquí. Cualquiera de nosotros puede estar infectado por la Cosa. En cualquier momento puede comenzar su ataque a los demás para apoderarse de su organismo y seguir multiplicándose. Y será difícil reconocerla: la Cosa no sólo adopta la forma de su víctima, sino también todo lo que esta contiene en su memoria. 

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Poetas sin redil

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Lamentaba Arturo Corcuera que el éxito de su poemario Noé delirante (que aquí recomiendo) hubiera opacado la importancia de otros libros para él igualmente valiosos. La misma obra de Corcuera, en su conjunto, podría pasar inadvertida para quienes se aproximan a la poesía peruana por medio de antologías, como ocurrió con la de José Miguel Oviedo en una colección tan difundida como Visor.
Una explicación –o consuelo– podría hallarse en el vaticinio que, autorizado por el oficio y la experiencia, hizo Carlos Bousoño al poeta peruano: muchos habrían de  considerar su poesía fuera de corrientes, cosa que no dejaba de hacerla auténtica poesía.
Corcuera poseía fecundidad, aparte de talento. Mucho más fuera de corriente y hasta de onda están –estamos– quienes alumbran al año apenas un poema digno de mostrarse. Escritores “a medias y a poquitos” de aquellos que menospreciaba el Marito de La tía Julia (cap. 11). Que bien pudiera ser que no merezcan el completo nombre de poetas, pero qué culpa tienen de ello sus poemas para no poder salir al mundo.

Versiones y re(quete)versiones

Denuncian de vez en cuando comentaristas de la actualidad audiovisual de cómo, agotado su tesoro, de asuntos falto, enmudeció el gremio de guionistas. O de que las productoras están tan pobres de audacia que no se les ocurre otra fórmula que la de dar a cada nueva generación, recalentado al microondas digital y con algo de sazón contemporánea, su más de lo mismo.

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“Son de mujer, de hombre no”

 
Andan muy apuradicos en el disneyverso por si Mulán tiene más o menos audiencia, más o menos dragones, más o menos canciones o más o menos derechos humanos. 
Conmigo que se dejen de cuentos chinos, que ya tengo el romancero.
 

Copiado de aquí

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Entre caballeros

Algo sobre la grandeza y servidumbre de las armas en Pérez Galdós

Los niños suelen ignorar esa costumbre de los adultos –y ley de la naturaleza– de no dar segundas oportunidades. Un “Esta no vale”, un “Esta era de prueba” (o “de broma”) bastan para recomenzar el juego como si no hubiera pasado nada, en igualdad de condiciones.

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Otoño

El otoño es la época del año en que el poeta siente a Castilla; otoño es la segunda parte del Quijote; otoño son las piedras doradas de las murallas viejas y de los derruidos palacios; otoño son los crepúsculos áureos y las campanadas de cristal en la mañana; otoño son los arcaicos prosistas en que tomamos fuerza para escribir la prosa nueva, aprovechándonos de su experiencia; otoño son las hojas de sangre y de oro que ya no volveremos a ver.

Azorín, Félix Vargas (VIII)