Mal perder

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En cualquier tipo de combate, he observado que los que han salido peor parados siempre intentan persuadirse a sí mismos de que fueron traicionados. Según el relato de Tam, los rebeldes habían sido traicionados en cada acción y por cada oficial que habían tenido; habían sido traicionados en Derby, y traicionados en Falkirk; la marcha nocturna había sido una traición de milord lord George; y Culloden se había perdido por la traición de los Macdonald.

(Robert Louis Stevenson, El señor de Ballantrae)

Presentación, estancamiento y otros animales

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Ediciones de ambos mundos

Dejo en esta entrada, para quienes tengan curiosidad y dispongan de enlace con Facebook, la grabación del agradable conversatorio que el viernes pasado se celebró en el Centro Cultural de la Udep con la excusa de mi poemario. Sigue leyendo

“Animal doméstico” en Centro Cultural Udep

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Presentan:
  • Fidel Villegas (Director de la colección Cuadernos de Poesía “Númenor”)
  • Gerardo Temoche (Editor de Cortarrama)
  • Renato Guizado (Profesor de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Piura)
  • Rocío Arana (Poeta y profesora en la Universidad Internacional de La Rioja)

Contra el futurible, la tenaz verdad

Jardiel
Desengáñese todo aquel que lamenta inútilmente su pasado. También, de paso, todos los urdidores de ucronías:
Palmera le había desengañado bien pronto:
    —¿Yo amante de usted? —le dijo una tarde—. No, gracias. Estoy harta de viejos; son tan celosos, tan intransigentes, tan fatuos y tan tacaños como los jóvenes, con la diferencia en contra de que, al llegarle a la mujer los momentos de apetito, en lugar de satisfacérselo, le abren más las ganas de comer y encima le prohiben pedir la carta.
      (…) al marqués se le inundó el alma del bitter de la tristeza.
    —Si yo fuese joven… —aventuró, acaso pensando en Fausto .
    —Si usted fuese joven, entonces le diría que prefería a los viejos. Porque no creo que por ser joven dejase de ser tonto.
(Enrique Jardiel Poncela, ¡Espérame en Siberia, vida mía!)

García Lorca, “Oda al Santísimo Sacramento del altar”

Jueves de Corpus. Ya otras veces le he dedicado alguna entrada, inevitablemente relativa a mi ciudad natal. Hoy cedo para ello la voz a mi compatriota.

Lorca

Supercaudillos

Una condición básica del superhéroe es que no puede vestir como el resto de los mortales. Se le tiene que reconocer a distancia como alguien diferente y superior, capaz de prestar a la sociedad un socorro que esta ha esperado en vano de sus  instituciones.
Digamos que este tópico tuvo un gran éxito de público en el siglo XX, no solo en la fecunda ficción del cómic, sino también en la agitada realidad política. También esta alumbró ocasionalmente, además de personajes aislados,  auténticas sagas de taumaturgos que se erigieron en salvadores de su comunidad, recurriendo para ello a la superioridad de su fuerza e inteligencia, así como a fecundos guionistas ocupados de que no hubiera un desvalido al que no auxiliasen, malvado que no castigaran, amenaza exterior que no estuvieran vigilando. Quien es capaz de llevar semejante carga sobre sus hombros, nunca podría vestir como un ciudadano cualquiera, según la moda lanzada por la democracia liberal.

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Corbata

Tan diferente como ha sido mi vida de la de mi padre, me llama la atención que, igual que él, haya acabando usando corbata en mi trabajo cotidiano. Admito que en mi caso es “impuesta” como norma de empresa, por más que tal cosa no me importe demasiado: tengo una afortunada tolerancia al nudo en la garganta, que espero sea buen presagio de algo.
En cambio, su uso de la corbata era totalmente voluntario. Boticario de pueblo, y por tanto con una clientela en su mayor parte asidua y de confianza, podría haber (con)cedido su cierto espacio a la informalidad. Pero yo siempre lo vi acudir a su trabajo, aparte de bien afeitado y aseado, debidamente encorbatado. Si acaso, dentro de la farmacia cambiaba la chaqueta por la bata blanca.
Formaba parte de la buena impresión debida al cliente, que para el buen farmacéutico no es tal sino paciente. Aunque también quiero pensar que existía una preparación íntima, de profundo respeto ante la solemne ocasión de poder ir cada día a trabajar, que no en vano de aquella misma guisa pasaba a solas buena parte de sus horas, en el despacho y el laboratorio.
Yo, a mi estilo, procuro hacer lo mismo. La corbata, ese aditamento inútil, es la pintura de guerra al empezar mi labor diaria, y mi condecoración al terminarla. No voy al campus como yendo a cualquier sitio, sino a donde me muestro para celebrar la actividad –pública– más importante de mi vida.

“Animal doméstico” en “La lluvia y el café”

Enlazo con gratitud esta nueva reseña sobre mi poemario, que da pie a buenas reflexiones sobre la existencia compartida, en el blog de un estimable filósofo peruano.

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Sobre-protecciones contra el mal: “La bella durmiente”

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Una de las connotaciones del nombre de Walt Disney es la de la palabra princesas, lo cual resulta un tanto exagerado y hasta injusto con la memoria del mago de Burbank. Fue después de su muerte, a partir de la gran expansión de la compañía en los años 90, cuando empezaron sus grandes producciones animadas a poblar las jugueterías de muñecas de todos los rostros, a las que se les daba el nombre de princesas aunque no lo fueran (como en el caso de Mulan). En vida, Disney solo llegó a producir tres películas, adaptaciones de sendos cuentos de hadas europeos, protagonizadas por doncellas de sangre real: Blancanieves (1937), La Cenicienta (1950) y La bella durmiente (1959), lo cual tampoco parece un ritmo exagerado a lo largo de tres décadas en las que abundaron también adaptaciones de cuentos con menos abolengo, aunque a menudo con pedigrí (Bambi, La dama y el vagabundo y etecé etecé de animalitos).

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América, latina

Cierto giro reciente en el proceso electoral, que probablemente no pasa de anécdota, me ha hecho pensar en la política peruana, no remontándome esta vez al feudalismo medieval, sino mucho más atrás, a los fundacionales tiempos de la república romana.

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… y “Animal doméstico”, ayer en Lima Lee

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Este es el enlace de la grabación en Facebook del programa. Con mi entrevistador favorito de nuevo, y además el suculento dato de que mi poemario se puede adquirir en la ciudad de Lima, además de contactando con la editorial Cortarrama, en la librería El Virrey.

Don Camilo, de Guareschi (con parásitos padanos)

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Entre la literatura italiana del siglo XX no me parece que esté hoy muy recordado Giovannino Guareschi. Siempre podremos echarle la culpa a lo difícil que se lo pone siempre a los humoristas la historiografía literaria y lo que, con tanto encono, a muchos les dio por llamar canon. También encuentro muy desvanecida la memoria de su más famosa criatura de ficción, don Camilo. Los relatos protagonizados por aquel tremendo párroco rural de gran corazón, terrible genio y manazas prestas tanto a la bendición como al sopapo, según lo demandara la ocasión, fueron lo bastante populares en la segunda mitad del siglo pasado como para llenar varios libros tan reeditados entonces como inhallables hoy. También fue varias veces adaptado al cine y se convirtió en el papel más famoso del cómico francés Fernandel, en quien, dicho sea de paso, yo no acababa de reconocer aquella figura de oso que los libros ofrecían del buen cura. Terence Hill se atrevió también con el personaje en tiempos más modernos, que por algo él sí era ya un actor experto en expender mamporros.

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“Animal doméstico” en redes y prensa

Enlazo en esta entrada dos presentaciones de mi poemario que se transmitieron por Facebook. La primera en el tiempo, la entrevista en el programa “Abriendo espacios” de Radio Cutivalú, a cargo de alunos del colegio San Ignacio y su profesora Janet Parra. La segunda, al día siguiente, con carácter oficial y simpática errata encabezando los comentarios, ofrecida por la editorial Cortarrama, a quien pueden dirigirse para la adquisición del libro. Y, por último, el agudo comentario que le dedica el escritor y profesor piurano Sigifredo Burneo. Lástima que los ogros de imprenta (me parece que exceden la categoría de duendes) del diario El Tiempo cambiaran mi retrato por el de otro escritor, cosa que he intentado disimular.

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Propuesta de resaca electoral

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Termina ya la difícil primera etapa de las elecciones peruanas, de la que saldrá un nuevo congreso del que quejarnos porque no nos representa. También quedarán en liza por la presidencia tan sólo dos caudillos candidatos, que se vislumbran ya ineqívocamente candidato y candidata, contra uno de los cuales tendremos que votar en segunda vuelta. Sigue leyendo

“Animal doméstico”: presentación por editorial Cortarrama

Queda invitado todo el que leyere a la presentación que la editorial Cortarrama hará de mi poemario Animal doméstico el próximo día martes 30 de marzo a las 8 p. m. (hora peruana). Me atrevo incluso a extender la invitación a aquellos que ya asistieron al conversatorio sobre el libro hace unos meses, y quizá creen que ya lo saben todo sobre él, por 7 razones 7:
 
  1. Porque pueden traerse un amigo, o más de uno.
  2. Porque ahora me podrán ver ya con el libro en la mano.
  3. Porque ahora leeré poemas distintos.
  4. Porque daré mejores respuestas.
  5. Porque incluirá la certera mirada crítica de Crisanto Pérez Esain.
  6. Porque esta vez podrán preguntar lo que no se les ocurrió en aquel momento.
  7. Porque les diremos dónde se puede adquirir el libro.
Así que ya lo saben. ¡Hasta el martes!

“Animal doméstico”, edición peruana

Al fin, a despecho de océanos, pandemias y huelgas de transportistas, ya está aquí lista para la promoción y venta la prometida edición peruana de mi poemario, a cargo de la estupenda editorial Cortarrama.

Y que lo diga

De manera que iré publicando aquí en mi blog cualquier novedad al respecto… y que los públicos le sean propicios a este animal tan viajado.

El que no quiere oír

(Sinsabores del aprendizaje inverso)

Escena medieval de piedad rayana en el fanatismo

A lo largo de unas cuantas semanas me estuve dedicando a dictar clases de Literatura española medieval. A lo largo de sucesivas exposiciones y comentarios, me dediqué a pasear a mis estudiantes, creo que bastante de la mano, por la historia del Cid Rodrigo Díaz, que tantas batallas libró por la noble causa de dar a su esposa y a sus hijas un hogar y unas riquezas dignas de la más alta nobleza. Más tarde, por buena parte de las coplas del Libro de buen amor, de sus desenfadados consejos para amantes derivados de la conciencia de que no hay fuerza que mueva el mundo como aquella que mutuamente atrae a hombres y mujeres. Pasamos luego al Conde Lucanor, el joven noble al que su ayo instruía con buenos ejemplos de moral práctica sobre cómo relacionarse con sus semejantes y gestionar sus asuntos de gobierno. Por último, alcanzamos los confines de la era con La Celestina, brutal y arrabalera desmitificación del amor cortés.  
Sin embargo, al pasar al tema siguiente cometí el desliz de pedirle a un alumno que preparase una breve introducción a este periodo —o sea, claro, el Renacimiento. Sería que me había cansado de exponer en tantas clases. 
Nada me hizo arrepentirme más cuando el muy tabularrasa despachó la Edad Media, sin el menor matiz ni explicación, con la rutinaria etiqueta del teocentrismo.

“El tesoro” y su lugar

Esta nueva recomendación literaria que publico en Castellano Actual la he escrito teniendo muy en mente a tantos de mis colegas de facultad que han dedicado buena parte de su actividad a devolver a la luz ruinas (huy, perdón) prehispánicas e hispánicas. Su labor ha debido siempre aplicar sobre un lugar la severa y sutil ciencia de la arqueología, y a la vez ofrecer a sus habitantes como tangible y cercano ese legado de sus predecesores. No es poco trabajo.

Como en casa no se lee en ningún lado

Se acerca el comienzo de un nuevo curso escolar, así que estoy teniendo que exponer mi vida a los graves peligros del contagio para salir a comprar los útiles requeridos por el colegio. Al regreso de una de mis expediciones, asado de calor y con la boca llena aún de mascarilla, doy pie al siguiente diálogo:
YO: Traigo un libro para Hija Mediana.*
ELLA (con alborozo): ¡Un libro!
YO: Sí, uno de los del plan lector.
ELLA (desilusionada): ¡Del plan lector!
Piensen lo que quieran los lectores, pero yo no me puedo sentir más halagado. A ocho años de distancia, parece que algo he estado haciendo un poco bien.

Es que mandan cosas muy ricas en valores (salvo literarios y gramaticales)

*Mi manera de pixelarla, porque es menor de edad.

En un libro viejo: Un boleto

(Donde azorineo un poco más)

Sigo hojeando Félix Vargas a largos intervalos. El solaz no reside en la lectura, sino en el tacto de las páginas marfileñas, en el aprecio de las curvas de su gruesa tipografía. Repentinamente, entre las hojas se enciende el vivo carmesí de un rectangulito de papel.  Lo tomo entre dos dedos con miedo de arrugarlo. En letras albas reza FEDERACION / NACIONAL / BUSES Y TAXIBUSES / DE CHILE. Sigue leyendo

En un libro viejo: El libro

(Donde me azorineo un poco)

He sacado después de mucho tiempo el libro de su anaquel. Sobre la mesa color bermejo, brilla un romboide de blancura marchita, surcado en diagonal con vaga pátina de grisura. En su centro, letras prietas, gruesas, afiladas, rememoran modas tipográficas de hace un siglo. Las letras dejan leer el título: Félix Vargas. Y debajo, centrado y en más legibles mayúsculas, Etopeya. Sigue leyendo

Ay, qué buenos son

(Confesiones de un pequeño bebedor social, 4 y ya no más)

1. NUNC EST BIBENDUM

2. silencio, rioja

3. in birra veritas

Sobre otros licores que no sean el rey y la reina, no me sobran las anécdotas con pretensión de categoría. Como en mis dos tratados anteriores –y voy viendo que en mi vida entera–, es mi emigración al Perú la que me procura mayores cambios.

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Amor y divergencia

En algún lugar he leído, y si equivoco la autoridad pido disculpas, que Godard sentenciaba al fracaso a aquellos enamorados a los que no les gustaran las mismas películas. Me pregunto si esta creencia sería fruto de la inducción o de la deducción, de la teoría o de la experiencia. También me pregunto si la tenía sobre todos los seres humanos o solamente sobre quienes, como él, viven del cine y para el cine. En fin, a fuerza de preguntas creo que se me nota que estoy bastante escéptico. Sigue leyendo

In birra veritas

1. NUNC EST BIBENDUM

2. silencio, rioja

(Confesiones de un pequeño bebedor social, 3)

Quien nísperos come / y bebe cerveza, / espárragos chupa / y besa a una vieja, / ni come, ni bebe, / ni chupa, ni besa.

Traigo esta coplilla tradicional no porque sea para creérsela, sino porque revelaría lo mucho que le hubo de costar a la cerveza ganar prestigio entre el público español desde el día en que los fenicios (o quizá los griegos, qué sé yo) dieron a conocer la vid a los celtíberos. Con el foco sobre Toledo, ciudad muy ligada al cervecero emperador Carlos V, valga este artículo como ejemplo. Sigue leyendo

Susanita la rebelde

Miguelito prometía convertirse en dictador y Manolito aspiraba a ser un magnate explotador; Libertad, una guerrillera o terrorista según se mirase; Guille, todo un playboy; Susanita,  esposa y madre de familia (toda una amenaza)… Sin embargo, quién iba a decir que esta última iba a anticiparse en una de las tiras de Mafalda a un perfil muy siglo XXI de heroína de acción, porque el mundo la hizo así.

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P. D. del mes de junio: Se acaba de estrenar Cruella, y parece que no tengo nada que cambiar. Que ampliar, probablemente, sí, pero en este artículo ya lo dicen todo.

Un vistazo a los “Pizarros” de Tirso de Molina

(Para Castellano Actual)

Foto de aquí

¿Y a quién se le ocurre recomendarle al lector de librería y cada día unas comedias del Siglo de Oro que ni siquiera son –como pasó otra vez– de las que mandan siempre en el colegio y cualquiera puede citar, venga o no a cuento?

Pues a mí. Bueno, y también a algún colega. Será que no descarto encontrar algún semejante entre mis lectores. Alguien que pueda entretenerse en la música y la trama de los versos de nuestro teatro barroco sin abrigar segundas intenciones filológicas o dramatúrgicas.

Eché mano de las pizarrías de Tirso porque me permitía tres por el precio de una, pero igual podrían haber sido La venganza de Tamar de este mismo autor, o mejor aún Los cabellos de Absalón de Calderón de la Barca (quién plagió a quién de estas dos obras, es algo de lo que me tengo que enterar cualquier día). O también La fuerza del natural, de Moreto. Y un etcétera que tampoco voy a presumir de que sea largo, pero que no he renunciado a seguir extendiendo.

Son obras en las que late mucha vida todavía.