Como stalker por su campus

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Al decreto de cuarentena nacional por el gobierno, en este marzo que ya tan lejano se nos hace, siguió un aviso inmediato de las autoridades de la universidad: el campus estaría abierto durante las pocas horas del día que quedaban para llevarse a casa cualquier material de la oficina que fuese necesario (y propio).

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Un histórico cardenal italiano aconseja a un ficticio y frustrado seminarista español

Pone Galdós en boca de monseñor Antonelli:
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“En la política de tu país puedes abrirte camino ancho, que allí tienes dos especies de hombres afortunados: los tontos y los que se pasan de listos. Procura tú ser de los últimos”.
(Las tormentas del 48, V)

Campus conclusus

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Cuando hace medio siglo se fundó mi universidad, sus terrenos quedaban fuera de la ciudad de Piura. Que esta última se fuera luego expandiendo sin ningún orden ni concierto reveló la prudencia de dos medidas para delimitar el futuro campus.

La más ambiciosa y esforzada fue plantar un bosque de algarrobos. Este ha acabado dando lugar a un rico ecosistema de aves y especies mayores como zorros, iguanas y venados. Hasta me han contado que hasta quisieron regalarnos un oso hormiguero arborícola,[1] pero al final no pudo ser. Una pena. Sigue leyendo

Carpenter & Lydecker

Lo que tiene el encanto: sendos ternos impecables, sedas frases con aplomo y puntería, y pueden convertirse en mis héroes dos repelentes personajes personajes que Laura, el fascinante filme de Otto Preminger, acertó a crear para la historia del cine.
Shelby Carpenter: “No sé gran cosa de nada, pero sí sé un poco de casi todo”.
Waldo Lydecker: “Yo no escribo con lapicero, utilizo una pluma de ganso mojada en veneno”.

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También de pan vive el hombre

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Con esto de la larga cuarentena (en la que el cuarenta ha devenido un número largo e impreciso, como los cuarenta días y cuarenta noches del diluvio), se han multiplicado las peticiones de rescate a los gobiernos. Igual que la demanda de abastecimiento no había ni que formularla; la de apoyo oficial a las ciencias, al menos a las sanitarias, se ha vuelto unánime. Por su parte, la reclamación de apoyo a las artes, o a lo que podemos llamar la industria cultural, ha sido menor, pero con el eco que suele tener cuando la arman voces conocidas. Sigue leyendo

“Nueva estación”, de Carlos Javier Morales

(Reseña de hace… uf)

He aquí otro recorte con mi firma que encuentro en mis anaqueles de papel, y que me gustaría venderle caro al olvido. Sobre todo, porque pudiera atraer la curiosidad y hasta algún lector nuevo hacia la obra de Carlos Javier Morales, estupendo poeta y maestro de poesía, de quien tanto he aprendido en materias tan variadas como retórica y poética, el modernismo o la interpretación de César Vallejo (con todo lo que esto último cuesta), además del laborioso mundo de armar una tesis doctoral.

Alegría meditada

Fue, además, mi primera colaboración con la revista Clarín (número 70, 2007; mucho tiempo después vino la otra).

 

 

Atollado cual vikingo

Desde que atiné a escribir, o más bien publicar, mi pasada nota de este blog, los quehaceres se multiplicaron en nuestro refugio. Mejor ellos que los virus.
La cita -esta vez visual-, que durante semanas enteras no he podido dejar de recordar ni de aplicarme, era la de un lejano colono de Vinlandia angustiado por el destino de sus compañeros de cabaña. Finalmente di con ella:
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“Los reyes del mar”, José Bielsa /  Jacques Bastian. Colección “Grandes Héroes”, Planeta, muy a principios de los 80

Fue en esta viñeta, además, donde descubrí una palabra tan sonora y tan precisa como atolladero; en el verbo atollar no reparé hasta décadas después en los versos de César Vallejo, pero eso es otra historia.

Otro poema con gente en casa

Sí, otro más. Repasando el Cancionero y romancero de ausencias de Miguel Hernández, cómo no pensar, al llegar a esta página, en nuestras calles vacías, y en los remolinos, tempestades y buenos vientos que soplarán detrás de cada ventana.

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Por comodidad, en vez de volver a fotografiar la página del libro, cortapego de aquí.

Los puentes de Madison (Francia, siglo XII)

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Entre peste y peste, algún día debió de haber en la Edad Media en que se aplanara la curva de infectados, la malcasada pudiera salir a la puerta de su casa a tomar el aire y el caballero andante tuviera con ella un parrafito.
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Otro poema para encerrados

Marmota

Perdón por la insistencia. Me pasa que en estos días leo mas verso que prosa (se reduce bastante la posibilidad de interrupciones), y yo no los busco, son ellos los que se dejan encontrar. Ojalá que este sirva como alivio a quienquiera  que se esté imaginando en los peores momentos de El día de la marmota.

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Tomado de aquí, y disponible gratis para libro electrónico (Kindle: https://cutt.ly/4tCqm3r
iBooks: https://cutt.ly/otCqQ1M
Google: https://cutt.ly/xtCqW8R

 

 

Epidemia y poder

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Insisto en dos temas de estos días: el de Un fulgor tan breve de Jiménez Lozano y el de la peste. Aunque el poema califica como tal el arte de gobernar –por lo cual el título que he puesto a esta entrada resulta un pleonasmo–, creo que en estas difíciles circunstancias se está demostrando que son posibles salutíferas excepciones para cualquiera que quiera buscarlas: el mundo es ancho. Igual que existen Wolseys, habrá siempre un Tomás Moro (justo también en estos días estoy yo comentando con mis alumnos Un hombre para la eternidad).

El poder 

El síndrome de Pitti o cuando acabe la pandemia

Se detiene la actividad humana, y lógicamente baja la contaminación, así que más pura la luna brilla y se respira mejor. Las calles, serenamente silenciosas, cosa que lamentablemente no aprecian todos los que necesitan andar con su banda sonora incorporada. Nos encantan las imágenes –dichoso quien las haya podido filmar– de animales salvajes que se aventuran en la gran colmena humana, preguntándose qué hace tan vacía. Aunque haya remitido notablemente la plasticofobia que empezó el año pasado, lo cierto es que se produce menos basura.

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Cuarentena: cara y cruz

Alguno me pregunta que si no me traigo entre manos ninguna corónica (mejor que crónica) sobre estos días de reclusión mundial, al estilo de aquella que alumbré sobre la inundación de hace tres años.

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‘The Arrival’: asincronía y eternidad

(Alerta, destripoilers)

Con el retraso debido veo La llegada de Denis Villeneuve, el mismo afortunado director de Blade Runner 2049. Para mi magra perspectiva, la película supone un hito, en lo que se refiere a narradores no fiables (si es que se puede hablar de narrador en el cine), equiparable a Stage Fright de Hitchcock. Ya no es que las imágenes del recuerdo del “narrador” representen el relato de un mentiroso, o bien hechos imaginarios que no llegan a verificarse: en este caso, muestran anticipaciones que, no obstante, el espectador no avisado interpretará rutinariamente como recuerdos. 

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Nace la derecha

O una modalidad de ella, en fin, que ha tenido desde 1823 tiempo sobrado de expandirse. (Advertí que contribuiría a la sopa galdosiana de este año; acá va un primer tropezón):

Mi fastidioso interlocutor era liberal templado, partidario de un justo medio, muy justamente mediano, y de las dos cámaras y del veto absoluto. Había tenido sus repulgos de masón, repetía los dichos de Martínez de la Rosa y era bastante volteriano en asuntos religiosos. Defendía al clero como fuerza política; pero se burlaba de los curas, del Papa y aun del dogma mismo, sin que esto fuera obstáculo para creer en la conveniencia de que hubiese muchos clérigos, muchos obispos, muchísimas misas y hasta Inquisición. En suma: las ideas del Marqués eran el capullo de donde, corriendo días, salió la mariposa del partido moderado.

(Los Cien Mil Hijos de San Luis, cap. XXII)

Sopa de Galdós

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Para su especialista, su admirador o el puntual gestor cultural, ningún personaje egregio está lo suficientemente recordado, y los centenarios suelen convertirse en una gran oportunidad para conmemorarlo, por poco olvidado que esté. El recuerdo suele ser muy instructivo y gratificante, aunque la deriva hacia lo repetitivo y lo hiperbólico puede acabar por aburrir o avergonzar. Pasó hace unos años con Gloria Fuertes, a la que me alegró ver rememorada como poeta digna de tomarse en serio; pero me llegó a incomodar cuando la empezaron algunos a vocear como poco menos que la primera voz poética de su tiempo, y a proliferar por doquier citas suyas, vinieran a cuento o no porque la cosa era exhibirla. Sigue leyendo

Miseria de la ucronía

No he leído ninguna novela del género ucronía; al menos, ninguna de las que tengo entendido que valen la pena por su calidad literaria y que son dos: El hombre en el castillo de Philip K. Dick y La conjura contra América de Joseph Roth. Sin embargo, por afición a la historia, me fascina enterarme de sus argumentos, y leer solo por ellos pequeños textos de historia contrafactual, por más que jamás me satisfagan. Y es que no me resulta lo bastante verosímil ninguna de las versiones escritas que encuentro acerca de cómo sería el mundo si ciertos hechos cruciales se hubieran decidido de una manera diferente. Para mí, se les suele notar demasiado la tesis y el voluntarismo: al fin y al cabo, si la verdadera aspiración del relato histórico es la de interpretar el presente, la ucronía puede, más que manipular la interpretación de los hechos, tomarse un margen de libertad mucho mayor para manipular los hechos mismos.

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Elogio del especialista

Y el otro pulmón qué

¿Y el otro pulmón qué?

Académicos de intereses amplios y facultades de departamentos pequeños a veces coinciden en el denuesto de la especialización. A menudo por vía de la reducción al absurdo, por ejemplo recurriendo al chiste del médico que conoce a la perfección el pulmón derecho pero ignora todo lo que concierne al izquierdo…

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Gato de porcelana

Me gustas cuando callas

Me gustas cuando callas…

Según cuenta uno de sus alumnos, Julián Marías, Ortega y Gasset recomendaba a sus alumnos dedicar una hora diaria exclusivamente al ejercicio de pensar: “Se hacen unos músculos increíbles”, aseguraba. Sigue leyendo

Móvil, puntualidad, esperanza

El mundo de la impuntualidad, supongo que tan antiguo supongo como el mundo ( a mí solo me consta el testimonio escrito de San Agustín), también se ha visto alterado por la telefonía celular. Por una evidente parte, ha logrado el gran progreso de evitar plantones: avisa de demoras, demanda paciencia y necesarias prórrogas, cancela citas en el último momento. De ahí nos ha salvado.

Pero, por otra, dichas posibilidades han dado lugar a esa crueldad más soterrada de prolongar los plantones a fuerza de esperanza, de mecer al esperante siempre por unos pocos minutos más, que prolongan su paciencia hasta el abuso.

Los estudiantes, peores

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Tomado de aquí

—Los alumnos cada año son más malcriados y más vagos. Y yo me alegro.

—¡¡¡…???

—Por supuesto, querría que fueran cada vez mejores, pero como eso es ser demasiado fantasioso, la tentación es la de desear que sigan igual que siempre. Pero, si siempre fueran igual de malcriados, podríamos rendirnos, acostumbrarnos y dejar de exigirles. Que cada año sean peores es un recordatorio de nuestra necesaria inflexibilidad.

De recuerdos y trofeos

Maletín

Todos tenemos pertenencias que guardamos como recuerdo, porque ciertas personas han puesto amor en ellas para entregárnoslas. Otras, en cambio, se guardan como trofeo: somos nosotros quienes en ellas hemos depositado, si no amor, alguna otra pasión, hasta lograrlas adquirir y atesorar. 
En este sentido, quizá el objeto más valioso de mi casa, porque participa de ambas condiciones, sea mi cubertería. Y eso sin habérmelo propuesto.

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Salvar al general Ros

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“Los poetas contemporáneos”, por Esquivel. (Para mí, siempre se titulará “¿Dónde está Antonio?”).

Me lanzo al rescate de un nuevo artículo que escribí hace mucho, digno de mi macetero. Lo dedico a un autor igualmente digno de rescate: Antonio Ros de Olano (1808-1886), que fue caraqueño de nacimiento y catalán de crianza, militar de formación y escritor de afición, político de orden y romántico de temperamento. El resto, lo digo (o lo dije) en las páginas que siguen.

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En Fábula 22 (2007)

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Los otros fumadores electrónicos

Diría que, como adicción, el internet de bolsillo ha venido a ocupar en nuestros días el nicho que ocupaba el tabaco en los siglos anteriores. O sea, se trata de una adicción dañina, experimentada y reconocida como tal por los adictos; sin embargo, están dispuestos a sobrellevarla porque es también un modo de integración social, en lugar  de un vicio privado o clandestino.

La decadencia exigida

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Andan los medios en España algo revueltos, aparte de por cuestiones importantes, por asuntos de historiografía, quién lo iba a decir. Cómo estará el encono que hasta el diario superpoderoso se esmera en desautorizar a la historiadora de la polémica.
En mis primeras semanas de estudiante universitario, varios profesores míos celebraban cómo nos habíamos librado, después de cuarenta años de dictadura, de una historia oficial. Me parece que estas y otras polémicas revelan, entre otras cosas, que ya estamos echando de menos aquella, o cualquier otra, siempre y cuando sea lo suficientemente oficial como para que confirme lo que ya sabíamos o lo que deseamos. que en este caso, por abrumadora mayoría, parece ser una convicción providencialista de España como país destinado a ser primera potencia política y cultural de Occidente. La disputa viene cuando se trata de identificar al culpable de que no haya sido así: por dejarse influir por el extranjero o por no haberse dejado; por expulsar o por no expulsar; por rendirse o por resistir…

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