Poetas sin redil

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Lamentaba Arturo Corcuera que el éxito de su poemario Noé delirante (que aquí recomiendo) hubiera opacado la importancia de otros libros para él igualmente valiosos. La misma obra de Corcuera, en su conjunto, podría pasar inadvertida para quienes se aproximan a la poesía peruana por medio de antologías, como ocurrió con la de José Miguel Oviedo en una colección tan difundida como Visor.
Una explicación –o consuelo– podría hallarse en el vaticinio que, autorizado por el oficio y la experiencia, hizo Carlos Bousoño al poeta peruano: muchos habrían de  considerar su poesía fuera de corrientes, cosa que no dejaba de hacerla auténtica poesía.
Corcuera poseía fecundidad, aparte de talento. Mucho más fuera de corriente y hasta de onda están –estamos– quienes alumbran al año apenas un poema digno de mostrarse. Escritores “a medias y a poquitos” de aquellos que menospreciaba el Marito de La tía Julia (cap. 11). Que bien pudiera ser que no merezcan el completo nombre de poetas, pero qué culpa tienen de ello sus poemas para no poder salir al mundo.

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