Móvil, puntualidad, esperanza

El mundo de la impuntualidad, supongo que tan antiguo supongo como el mundo ( a mí solo me consta el testimonio escrito de San Agustín), también se ha visto alterado por la telefonía celular. Por una evidente parte, ha logrado el gran progreso de evitar plantones: avisa de demoras, demanda paciencia y necesarias prórrogas, cancela citas en el último momento. De ahí nos ha salvado.

Pero, por otra, dichas posibilidades han dado lugar a esa crueldad más soterrada de prolongar los plantones a fuerza de esperanza, de mecer al esperante siempre por unos pocos minutos más, que prolongan su paciencia hasta el abuso.

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