Ocurrencias

Por mucho que el verbo ocurrir tenga dos significados según le pegues el pronombre que distingue lo que le ocurre a alguien de lo que se le ocurre (de ambos lugares puede brotar buena literatura), no pasa lo mismo con el sustantivo derivado. Al menos en mi uso habitual del castellano, que, como todo hijo de vecino, tiendo a considerar el metro de platino iridiado de la norma lingüística. Digamos que mi defensa de la norma académica, seamos honestos, se deriva de que no contradice de manera humillante mis propios usos.
De ahí que este modesto libro de actas entrevisto sobre un mostrador de recepción, no importa dónde, me sugiriera más bien el de una escritora en potencia que no separaba su tarea de oficina de la posibilidad de registrar en cualquier momento los productos de su imaginación. ¿Por qué no iba a ser así?
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