‘Moby Dick’, de Melville a Huston (y II)

1. El viaje y la aventura

2. Tragedia, trabajo, amistad

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A bordo del ballenero ‘Pequod’ solo dos personajes tendrán conciencia de su labor de búsqueda como una misión trascendente. En primer lugar, como es sabido, Ajab  se fija el objetivo de alcanzar a la ballena blanca y darle muerte, por motivos personales a los que él da un significado universal: su venganza significa la destrucción de un símbolo del mal, aunque otros la interpreten más bien como la de una alteración del orden natural otorgado por Dios al mundo y sus criaturas. Sobre la magnitud de su formidable enemigo, la película agrega una alusión que, por razones históricas, no podía figurar en la novela: el punto del océano donde se dará alcance a Moby Dick son las aguas del atolón de Bikini, ya entonces conocido como escenario de pruebas nucleares. Criatura divina o demoníaca, venganza de la naturaleza o símbolo de un poder devastador que habría de desatarse un siglo más tarde, el escenario del duelo sugiere de inmediato a la ballena blanca como enemigo de una raza humana encarnada en los balleneros que la acosan y desatan su ira.

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Contrafigura de sensatez para este trágico Quijote ballenero es el señor Starbuck. Todo racionalidad, respeto y tradición, el primer oficial del ‘Pequod’ es el único personaje de la película que conserva en tierra firme un vínculo apreciable, esa familia que lo acompaña a la iglesia y lo despide en el puerto. Starbuck no busca aventuras ni riqueza: concibe su trabajo como una manera de justificar su existencia, mantener a su familia y servir a la humanidad, ética laboral que rubrica el discurso de Ismael superpuesto al proceso de despiece de la primera presa capturada:

… hervimos la grasa hasta obtener un aceite fino y puro que mantendría encendidas las lámparas de miles de hogares, a los relojes funcionando sobre las repisas y, quizá, ungiría la cabeza de algún rey. 

Al sereno Starbuck (elegantemente interpretado por Leo Genn) no le cabe en la cabeza distinguir una ballena de las demás, ni tomarse la herida infligida por una de ellas como otra cosa que un mero accidente laboral. Por si estuviéramos tentados de culparle de falta de empatía con la desgracia ajena, ahí aparecerá más tarde el capitán Boomer, que ha perdido su brazo entre las fauces de Moby Dick sin haber perdido con él su humor, su vitalismo ni su sentido práctico. Los mismos escrúpulos contra la persecución de la ballena blanca los podría compartir igualmente el resto de la tripulación del ‘Pequod’, pero esta los abandona hipnotizada ante la radiante visión de la moneda de oro que les ofrece Ajab como recompensa. Mediante la avaricia, el capitán seduce a sus hombres igual que él mismo está dominado por el odio y la soberbia, pero no hay más sociabilidad ni empatía con ellos. Como “señor supremo” y “dictador” lo es presentado por el narrador al comienzo del capítulo XXVIII. Más que como un héroe de relato de aventuras, se trata de un héroe trágico, de pasiones extremadas y señalado por un destino fatal.

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Sin embargo, es llamativo cómo la película da relieve a otro concepto de peso en el relato aventurero: la amistad. En su forma tradicional de afinidad entre personajes opuestos y complementarios, esta aparece en la pareja deuteragonista que forman Ismael y Queequeg, quien acepta la amistad ha prometiendo a su compañero que navegarán las mismas aguas y matarán las mismas ballenas. Como cierre del relato, Ismael se convierte en el único superviviente del ‘Pequod’ gracias a un detalle novedoso del film: el ataúd que Queequeg se había hecho tallar, consciente del desastroso fin que le aguardaba, emerge entre los pecios de la nave para salvar a su amigo, quien se aferra a él hasta ser rescatado.

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En cuanto a los oficiales de a bordo, llamaré la atención primero sobre el enfrentamiento  entre el sensato Starbuck, que propone destituir al capitán de forma perfectamente legal según los reglamentos de a bordo (puesto que está perjudicando los intereses de sus armadores), y el rudo Stubb, para quien la lealtad entre compañeros del mismo barco está por encima de cualquier código escrito. A Starbuck ya solo le queda considerar el recurso de eliminar él mismo a Ajab, consciente de que lleva a todos a la perdición, pero le falta valor para hacerlo.

El desenlace de la película otorga a Starbuck, en este sentido, un singular protagonismo. En plena persecución de Moby Dick, el cuerpo ahogado de Ajab surge de las profundidades amarrado al cuerpo de su presa y, cuando por primera vez flaquea la voluntad los marineros, Starbuck, nuevo “dictador”, ordena proseguir la caza hasta el final. Toda su prudencia y racionalidad, su ética del trabajo, ceden ante la locura de su capitán y el dolor de la pérdida de quien, tal vez en ese último momento, reconoce como un amigo.

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Huelga decir que lo interpreta Gregory Peck y que lo hace soberbiamente, pero por si acaso ha llegado hasta aquí algún lector tiquismiquis, lo recuerdo

 

 

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2 pensamientos en “‘Moby Dick’, de Melville a Huston (y II)

  1. Hola, muy interesante el artículo.
    Pienso que se podría añadir un punto de vista ecocrítico a las ya repetidas visiones teológicas de Moby Dick, y esta ser una fuerza vengadora de la naturaleza contra los humanos que la destruyen. Dices que Starbuck ve su trabajo dentro del “orden natural”, pero la caza de ballenas es justo ese orden lo que destruye

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    • No le reprocharía a Melville, exballenero profesional, estar despreocupado de lo que pocos o ninguno se preocupaban en aquella época. La ruptura con la naturaleza, desde mi punto de vista, estaría en la explotación industrial: el ballenero de aquel tiempo todavía es artesanal, y -como los héroes de Hemingway, ya sean toreros o viejos pescadores- matan porque están dispuestos a morir, y eso les ennoblece. Algo que nunca podré perdonar a los que han aniquilado las ballenas de nuestros océanos no es solo que nos han privado de su belleza y alterado el ecosistema, sino que han hecho poco menos que imposible probar algún día la carne de ballena.
      Sin embargo, esa es nuestra sensibilidad de hoy y no está de más poner la en el diálogo con el texto del ayer. Recuerdo haber visto “Moby Dick” con estudiantes: les impresionaba enormemente lo sangriento de las escenas de la cacería que tiene lugar a mitad de la película (ellos, que ven unas películas de terror que yo solo vería con los ojos tapados). Se quedaron traspuestos cuando les dije que en su mayor parte eran ballenas, balleneros y sangre real, escenas grabadas del natural por el equipo de John Huston en las islas Azores, donde aún se cazaban ballenas a mediados del siglo XX. Me preguntaban si entonces no aplicaba lo de que “ningún animal fue lastimado durante el rodaje de esta película”. Yo lo dudo, pero de todas maneras, aquellos pobre animales hubieran caído de todas maneras aunque Huston no hubiera acertado a pasar por ahí y echar una mirada.

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