Mi Señor de los Anillos

Primera edición ESDLA

La primera vez en mi vida que me gasté mis ahorros, con trece años o por ahí,  fue por comprarme El Señor de los Anillos

No se trataba de un descubrimiento sino de un reconocimiento; o digamos mejor que no estaba aguardando una promesa sino adquiriendo un tesoro. La obra maestra de Tolkien yo ya la había conocido, en primer lugar, oralmente. Si El hobbit se escribió  como relato que el autor iba leyendo a sus hijos, yo accedí a El Señor de los Anillos antes de tener una edad de dos cifras, junto con mis hermanas y mi primo, en pacientes entregas narradas por uno de mis tíos y que recibíamos con impaciencia a lo largo de las vacaciones.

Aquel tío mío había leído la novela en aquella primera edición que salió en España a principios de los 80, de diseño setentero con aquellas industriales letras de palo seco

Destinolibro

(peores eran las que salían de Destinolibro),

pero a las que el color negro, junto con el grosor del volumen y la ilustración de portada (única del libro, aparte de un fascinante mapa desplegable lleno de nombres eufónicos y oscuros) le infundían, para mis pocos años, gran misterio. Que llegó a lo profundo cuando una vez me asomé a las páginas del segundo tomo: en una página abierta al azar, un tal Bárbol enumeraba en una canción a todas las criaturas vivientes, y el capítulo final del libro terminaba de una manera tan angustiosa como Frodo vivía, pero prisionero del enemigo.

Las vacaciones pasaron y aquel relato oral quedó inconcluso. Me dejó una doble marca. Por una parte, junto con muchos otros cuentos más que venían de mis tíos, se me arraigó el gusto por las versiones narradas de libros y películas, que tan útil me habría de ser luego como hermano mayor, tío, padre y, por extensión, desbravador de infantes. Por otra, la voluntad de regresar, ya con edad de dos cifras y menos temor a los libros largos, a aquella obra cuyo final ignoraba. La saqué de la biblioteca del colegio y me metí a recuperar, enriquecido, todo lo que recordaba de la historia. Una vez que lo sobrepasé, aún me cupo lugar para emocionarme en todos los sentidos (el horror, la intriga, el alivio, la alegría, la paz, la melancolía, la piedad) con El retorno del rey.

Un año más tarde, ya estaba resuelto a releerlo en una edición de mi propiedad. La editorial Minotauro, para entonces, aún no se había atrevido con la edición de bolsillo en tapa blanda, pero sí a diseñar sus tres tomazos de manera más colorida y elegante. El papel no era de gran calidad; la verdad es que asombraba lo poco que podían pesar unos libros tan gordos.

Mi primera edición ESDLA

Y pasaron así los años. La relectura completa, luego otras parciales y más espaciadas. Otras lecturas del autor: El hobbit, claro, y luego las sucesivas publicaciones, a cargo de Christopher Tolkien, de los papeles póstumos de su padre, hasta que me quedé bastante harto ya con los primeros borradores de los Cuentos perdidos y El retorno de la sombra. También sobre el autor, cuando ya en la universidad descubrí que despertaba el interés académico de algunos estudiantes y profesores. Mudanzas de posgraduado me apartaron por temporadas largas de mi biblioteca de la Tierra Media, que tampoco eché de menos, entre otras cosas, porque en aquellos años fui conociendo también a otros aficionados a la obra de Tolkien. Se trataba, por suerte, de aficionados profundos y rigurosos, aficionados literarios, porque el mundo del disfraz y del juego de rol jamás ha llegado a interesarme. Digo que nunca me metí en ninguna Sociedad Tolkien, por ejemplo.

Por otra parte, ya llevaba en la cabeza lo suficiente de El Señor de los Anillos como para, yendo por el mundo, reconocer de primera impresión, algo quijotescamente, pedazos de la Tierra Media: una maqueta de la Torre de Orthanc en la ciudad universitaria de la UNAM, la cúpula de Osgiliath alzándose sobre las casas y el río de cierta ciudad alemana, la oculta fortaleza de Gondolin en Machu Picchu o la blanca ciudad de Minas Tirith al ir aproximándome a Arequipa. La arquitectura barcelonesa de Gaudí (sobre todo el parque Güell) era una supervivencia de las mil cavernas de Menegroth. En cuanto a la Rioja española, esta fue siempre por su parte, y por supuesto, La Comarca: tierras de buen vivir y no dejar, a cuyos habitantes se les antojaba una excéntrica aventura el paso del río Ebro o la sierra de Cameros.

Corona del pedregal

Con mi definitiva mudanza al otro lado del Atlántico, me encontré ante la penosa gana  de trasladar mi biblioteca al otro lado del océano. Algo he ido haciendo en todos estos años. Sin embargo, mi viejo ejemplar de El Señor de los Anillos decidí, pese a todo, dejárselo como premio-recuerdo a mi discípula favorita en estas materias. Entre otras cosas, porque me fijé como objetivo el hacerme con un volumen propio, definitivamente mío, que poder dejar algún día como herencia. La edición que hubiera querido Tolkien, con toda la obra (mal llamada trilogía) reunida en un solo tomo. Tras una espera de años (los largos plazos, motivo tan tolkieniano) llegó la oportuna conjunción de solvencia económica y accesibilidad: Buscalibre, librería online de alcance continental que encontré por casualidad en internet, se ha portado de manera impecable y hasta me ha conseguido el tomo a menor precio que el de las librerías limeñas, gastos de envío incluidos.

Mi edición ESDLA.jpg

Aquí está mi tesoro. La misma traducción de siempre, que parece que es muy mejorable [1], y preciosas ilustraciones a color de Alan Lee que no trivializan ni degradan el contenido. Acaso lo que echaré de menos será aquel gran mapa desplegable, que ya no hay ninguna edición que lo incluya. Toda una invitación a la relectura de madurez, cuando la hojarasca de las películas y los comentarios ya es demasiado densa sobre el recuerdo prístino del relato original.

descarga

[1] Para mí sería muy deseable una nueva traducción integral. Puesto a desear, hasta sueño una nueva adaptación al cine, a cargo de un cineasta de espíritu y estética más afines a los de Tolkien. He creído reconocerlo en Hayao Miyazaki, después de ver La princesa mononoke, pero seguro que no caerá esa breva.

princess-mononoke-forest-spirit

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