Papel de necios o Los trolls de Hernán Cortés

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Este episodio de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo está holgadamente comentado (lo hace muy bien Ignacio Echevarría, por ejemplo). No es poca curiosidad presentar a Hernán Cortés, el conquistador de México, como grafitero o como víctima precursora del acoso en red social (por algo será que la página donde colgamos nuestros comentarios y opiniones la llamamos muro).

De todas maneras, incluyo aquí la anécdota por darle más difusión, que la merece, y también porque la susodicha analogía se me ocurrió también a mí, así que por  qué reconocerle mérito exclusivo a Ignacio Echevarría y etcéteras. Además, mi transcripción  es más completa: dejo para otros las glosas históricas y de la actualidad sobre cómo el conquistador, por arrogante o por ingenuo, cayó en la trampa de alimentar en sus muros a unos trolls que, aunque con dientes y garras literarias, no eran menos voraces que esos demonios mexicas que él tanto se había esmerado en destruir:
El Huichilobos
Y como en todos tres reales había soldados que habían sido amigos y paniaguados del Diego Velázquez, gobernador de Cuba, de los que habían pasado con Narváez, que no estaban bien con Cortés, como vieron que no les daban las partes del oro que ellos quisieran, no lo quisieron recibir lo que les daban; y como Cortés estaba en Cuyoacan y posaba en unos grandes palacios que estaban blanqueados y encaladas las paredes, donde buenamente se podía escribir con carbón y con otras tintas, amanecían cada mañana escritos motes, unos en prosa y otros en versos, algo maliciosos, a manera como mase-pasquines e libelos; y unos decían que el sol y la luna y el cielo y estrellas y la mar y la tierra tienen sus cursos, e que si algunas veces salen más de la inclinación para que fueron criados más de sus medidas, que vuelven a su ser, y que así había de ser la ambición de Cortés en el mandar; y otros decían que más conquistados nos traía que la misma conquista que dimos a México, y que no nos nombrásemos conquistadores de Nueva España, sino conquistados de Hernando Cortés; y otros decían que no bastaba tomar buena parte del oro como general, si no tomar parte del quinto como rey, sin otros aprovechamientos que tenía; y otros decían; “¡Oh, qué triste está el ánima mea hasta que la parte vea!”. otros decían que Diego Velázquez gastó su hacienda e descubrió toda la costa hasta Pánuco, y la vino Cortés a gozar; y decían otras cosas como estas, y aún decían palabras que no son para decir en esta relación. Y como Cortés salía cada mañana y lo leía, y como estaban unas chanzonetas en prosa y otras en metro, y por muy gentil estilo y consonancia cada mote y copla a lo que iba a inclinada y a fin que tiraba su dicho, y no como yo aquí lo digo; y como Cortés era algo poeta, y se preciaba de dar respuestas inclinadas a loas de sus heroicos hechos, y deshaciendo los del Diego Velázquez y Grijalva y Narváez, respondía también por buenos consonantes y muy a propósito en todo lo que escribía; y de cada día iban más desvergonzados los metros, hasta que Cortés escribió: “Pared blanca, papel de necios”. Y amanecía más adelante: “Y aun de sabios y verdades” (cap. CLVII).
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