El escritor y el héroe en ‘El tercer hombre’ (y 4)

1. De la novela al cine (y vuelta)

2.La confusión de Holly Martins

3. El héroe encara el mal

Conferencia

La conferencia (no la mía), con público en fuga

La dignidad del oficio

A pesar de las apariencias, al final de El tercer hombre el protagonista queda también a salvo en su dimensión de escritor.  Por más que Greene se burle de los clisés de la novela popular, tanto en la película como, sobre todo, en la novela se caricaturiza el elitista mundo de la literatura considerada “culta”. Confundido con un afamado escritor, Martins se verá en la obligación de improvisar una conferencia sobre temas que no entiende (“la crisis de la fe”, “el fluir de conciencia”, etc.) para un público que admira a autores de manual de literatura contemporánea que el héroe no conoce ni tampoco le interesan: Woolf, Joyce, Stein… “¿Era eso ser escritor?”, se pregunta, agobiado de responder vagamente preguntas y de firmar autógrafos de novelas que él no ha escrito. Grey.jpgEs probable que en ese momento se encuentre añorando su trabajo de urdir amenas tramas de vaqueros y forajidos, y por esa razón se irrita cuando entre aquellas filas de pedantes se pronuncia el nombre de su ídolo Zane Grey. Apenas su anfitrión, el señor Crabbin, afirma que a Grey “ni siquiera le llamaría escritor”, que sus obras “no son más que pasatiempos”, Martins siente “los primeros chispazos de rebeldía”: “¿Por qué diablos no va a serlo?”, le replica. “¿Qué era Shakespeare? ¿Ha leído a Zane Grey? Entonces, no sabe de lo que está hablando”.

PaineAlgo que también encanta de las novelas de Martins al sargento Paine, su mayor admirador en la película, es la facilidad de su escritura: “uno puede leerlas en cualquier momento”. Igualmente, en la novela, uno de los asistentes a la conferencia le dirige una crítica al gran escritor contemporáneo que cree tener delante, pero que el pobre novelista pulp recibe como un halago: “Yo creo que la novela debe contar una buena historia”. Lo hace probablemente en nombre del mismo Graham Greene, quien, a lo largo de su propia carrera como escritor, se mostró más preocupado por abordar conflictos morales que por la experimentación estructural y estilística; y que, asimismo, calificó buena parte de sus novelas de “divertimentos”, sobre temas de misterio y espionaje que no por ello dejaron de servirle como medio para tratar conflictos de valor universal. En El tercer hombre, Holly/Rollo Martins desea ser un héroe como los que inventa para sus poco conflictivas novelas, y choca con la realidad. Nosotros, hechos de una pasta más real que la de Martins, bien podemos admirar su sentido moral, su decencia y su entereza ante el fracaso. Greene crea para el cine y la literatura una ficción emocionante y divertida pero que, después de su lectura, nos hará volver a pensar en nuestras cosas con mayor riqueza de perspectivas.

(Ya no continuará)

Reed y Greene

Carol Reed (director) y Graham Greene (escritor) en pleno proceso creativo

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