El escritor y el héroe en ‘El tercer hombre’ (2)

1: De la novela al cine (y vuelta)

Cotten

La confusión de Holly Martins

Holly Martins es un personaje construido con las mimbres del antihéroe de la novela contemporánea: sobre él recae el peso de una empresa noble y arriesgada, para lo cual no son el menor obstáculo sus propias debilidades. Su propio nombre tan poco varonil ya parece invitar al espectador a tomarse poco en serio al protagonista, que aun así en la película tuvo que adecuarse a la elegante apariencia de una reconocida estrella de Hollywood como Joseph Cotten. En el diseño original de Greene, Martins no se llamaba Holly sino Rollo (lo cual, por afortunada casualidad, suena tal vez más ridículo en español que en inglés), y su primera aparición, derramando “lágrimas de chiquillo” en el funeral de Harry Lime, era un poco más humillante la del despistado Holly en la película.

De Martins se conoce poco más que su oficio de escritor, que se gana la vida escribiendo novelas del Oeste con títulos como Oklahoma Kid o El jinete solitario de Santa Fe. Las colecciones de novela pulp (que podríamos denominar en español “baratas” o “populares”) conocieron una auténtica edad de oro durante gran parte del siglo XX, en subgéneros bien conocidos como el western, el espionaje, el misterio, el amor, el erotismo, el terror, la ciencia-ficción… Para satisfacción de las expectativas del público, pero también para facilitar un ritmo industrial de composición, debían recurrir a inevitables clisés que a menudo reconocemos todavía en producciones de cine y televisión.Oklahoma Kid.png

Martins se lanza a la aventura como un nuevo don Quijote, no solo por su valor o su deseo de justicia, sino sobre todo por su confusión entre la fantasía y la realidad. Holly vive de los tópicos de las novelas que escribe, y ante el inesperado hecho de la muerte de su amigo, decide asimilarlos a ese mundo criminal en que se adentra: desde el principio promete que, al igual que el Jinete Solitario de Santa Fe, demostrará la inocencia de su amigo por sus propios medios -aunque “siempre dentro de la legalidad” (cap. 3)- y pondrá en ridículo al mayor Calloway por su incompetencia. No hay que ser ningún especialista en literatura pulp para notar que Martins cree a pies juntillas lugares comunes como que para ejercer de detective con mayor perspicacia que la policía bastan vocación y circunstancia, y que la humanidad se divide en dos grandes bandos impermeables entre sí: los buenos y los malos. Claro que el espectador de El tercer hombre, por su parte, también estará dispuesto a esperar que se materialicen esos tópicos porque… ¿acaso no se encuentra aquí también ante una típica intriga policial? Martins cree ser un personaje real que imita a personajes de ficción, sin sospechar que no es más que una criatura de la fantasía de Graham Greene con la cara de Joseph Cotten.

Quijote

Un lector que se lo creía todo

Lo cierto es que durante lo que podríamos considerar la primera parte de la película se verifican dichos lugares comunes del relato policial (el contexto no hubiera hecho creíble un relato del Oeste). A veces de manera paródica, como los intentos de Martins de golpear al presuntamente obtuso mayor Calloway, siempre frustrados por el fornido sargento Paine. Pero la tenacidad investigadora del escritorzuelo es innegable y fructífera, lo cual despierta (en la novela) la admiración del mayor (quien, dicho sea de paso, en ningún momento había llegado a interesarse mucho por aclarar la muerte de Harry Lime). La presencia de Anna Schmidt, fascinante (en la película) novia del difunto y con un turbio pasado a su espalda, dota a la película de su personaje femenino, ayudante y confidente de Martins, que encontrará en ella a la muchacha a quien proteger y de quien enamorarse.

Alida Valli

Incluso en un momento tan difícil e incómodo como el de la conferencia sobre novela contemporánea que se ve obligado a pronunciar (capítulo 9), Martins halla motivos para crecerse como osado detective y gran novelista: ante la pregunta de un miembro del público de si está trabajando en algún nuevo libro, nuestro héroe afirma estar preparando una novela titulada El tercer hombre. Esta respuesta, según revela el relato, “le proporcionó una falsa confianza” al protagonista, no exenta de tensión en la película pues aquí la pregunta procede, amenazadora, del sospechoso señor Popescu, uno de los amigos de Harry. Irónicamente, es el mayor Calloway quien, como hemos dicho, presenta la novela como autor y narrador principal.[1]

Popescu.png

“¿Está trabajando en alguna novela? Tenga cuidado…”

No obstante, la realidad (o, mejor dicho, la ficción discurrida por Greene) se impone a la ficción imaginada por Holly Martins. La escasa discreción con que nuestro plumífero-detective lleva a cabo sus pesquisas provocará el asesinato de quien prometía ser su principal informante, el portero Karl. Calloway, harto de las intromisiones del aficionado, lo hace volver a la realidad con un preámbulo contundente (“Esto no es Santa Fe, ni yo un sheriff, ni usted un vaquero”) al que sigue la humillante serie de pruebas de la culpabilidad del fallecido Harry Lime en el tráfico de penicilina adulterada, causa de la pérdida de muchas vidas en los hospitales de Viena. Abatido y decepcionado, a Martins ya no le queda sino buscar consuelo primero en el alcohol y luego en el amor de Anna, quien delicadamente lo rechaza, pues, a pesar de sus crímenes, permanece fiel al recuerdo de Harry. Martins deja el departamento de su amiga decidido a abandonar Viena, desengañado de la amistad, del amor y de sus propias dotes como aventurero.

(Continuará)

[1] En el estreno norteamericano de la novela, aparte de cortarse algunas escenas del metraje que prestaban  una imagen menos heroica de Martins, era su propia voz en off la que introducía la acción. Recurso típico del cine negro, el del desengañado narrador autobiográfico, que por tanto no creo que debiera nada aquí al oficio de escritor del protagonista.

Fred MacMurray Double Idemnity

Ni muriéndose se les quitan las ganas de hablar (Fred MacMurray en Double Indemnity, de Billy Wilder, 1944)

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