El escritor y el héroe en ‘El tercer hombre’ (1)

Adapto por entregas una conferencia que la Biblioteca de la Universidad de Piura tuvo la gentileza de invitarme a pronunciar hace cosa de año y medio, que me sirvió para discurrir de nuevo sobre la gran película y su muy apreciable novela

Greene Third Man

De la novela al cine (y vuelta)

Un proceso con el que está familiarizado el lector medio es el de la obra literaria que inspira una película, la cual, al juicio del mencionado lector medio, no resiste la comparación con la obra original. Por su parte, el lector ‘no medio’ posiblemente haya conocido experiencias diferentes, por ejemplo la de encontrarse con relatos menores que dan lugar a grandes películas. Bien podemos contar aquí el caso de El tercer hombre, tal vez más insólito para el lector medio de marras cuando descubre que Greene, responsable tanto de la novela como del guion, concibió la primera tan solo como una manera de preparar mejor la elaboración del segundo. Es más, en palabras del propio novelista:

El tercer hombre no fue escrito para ser leído, sino para ser visto. (…) El lector notará muchas diferencias entre el relato y la película, y no puede pensar que esos cambios le fueron impuestos a un escritor mal dispuesto: en muchos casos fueron sugeridos por él mismo. En realidad, la película es mejor que el relato porque en este caso es el relato en su forma más acabada.[1]

El trabajo que se tomó Greene de escribir previamente una novela (breve, pero novela al fin y al cabo) respondió a su propio talante de narrador. Él mismo lo argumentó en unos términos que creo que ayudarían mucho al susodicho lector medio a ser indulgente con las adaptaciones fílmicas de sus libros favoritos:

Para mí es imposible escribir el guion de una película sin antes escribir un relato. Una película no depende sólo de una trama argumental, sino también de unos personajes, un talante y un clima (…) Se debe tener la seguridad de contar con más material del necesario para su aprovechamiento (aunque la novela larga normalmente tiene demasiado).

En conclusión, la película requiere de un lenguaje concentrado que trata de hacer hablar por sí solos a los personajes y acontecimientos, mientras que el libro posee un lenguaje dilatado gracias a la voz organizadora del narrador. En el caso de El tercer hombre, este se identifica con el mayor Calloway, quien reconstruye la acción y su trasfondo a partir del testimonio del protagonista, y hasta proporciona claves de interpretación desde el primer capítulo en que anuncia una historia “fea, siniestra, triste y monótona” hasta el “pobres de todos nosotros” con que cierra el relato.

Calloway Howard

Calloway, con toda la cara de Trevor Howard

Pero el escritor que más me interesa ahora no es Graham Greene (1904-1991), el gran novelista católico y psicológico, leído y traducido en todo el mundo, repetidas veces adaptado al cine, eterno candidato en vida al premio Nobel y presente hoy en tesis académicas y manuales de la Literatura. Prefiero hablar de otro escritor del que sabemos muy poco, de un escritor de escaso éxito y varios nombres: Rollo Martins en la novela-borrador, que firmaba como Buck Dexter sus novelas del Oeste y que en la versión definitiva se acabó llamando Holly Martins.

(Continuará)

 

[1] La traducción de esta y todas las demás citas de la novela son de Barbara McShane y Javier Alfaya para la edición de 1993 de El Periódico/Primera Plana (Barcelona).

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