Ulises, épico y moderno

Notas, por si sirven, para profesores y estudiantes

Mosaico Ulises Polifemo

Con el cine de género, la épica degeneró. Al menos, respecto a su concepto original. Lo cierto es que el término, en los últimos años, ha caído en la insoportable vaguedad de ser cualquier cosa: bromas épicas, celebraciones épicas…

Pero ya de mucho antes, tampoco era necesario frecuentar las aulas para oír hablar de películas o novelas épicas (a menudo trilogías o series). Esto no suele significar otra cosa que unos relatos de ambientación fabulosa, que evoca tiempos remotos de manera poco realista. En ellos, los conflictos se resuelven mediante el enfrentamiento violento, masivo y continuado, cuerpo a cuerpo a ser posible; en cuanto a sus héroes, encarnan valores positivos universales o con pretensión de serlo.

combo_cine_epico11.jpg

Cortemos como ejemplo este de aquí

De aquí pueden salir unas cuantas analogías en que apoyarse para explicar los poemas de Homero y otras grandes narraciones de la Antigüedad y la Edad Media. Sin embargo, importa mucho más encontrar elementos que los distingan: la batalla, por sí sola, no hace a la epopeya.

El concepto primitivo de épica se queda a medio comprender si se le priva del componente comunitario que justifica su origen, difusión y propósito. Es decir: la epopeya expone y transmite valores colectivos de una sociedad o grupo humano. No se trata de una mera narración de proezas, sino de que los héroes que las ejecutan encarnan, antes que personalidades individuales, modelos para la comunidad a la que pertenecen.

El héroe épico, pues, no es un personaje de psicología compleja y cuyo carácter cambia a lo largo de su peripecia, tal como estamos acostumbrados a encontrar en la (mejor) novela moderna. El protagonista de la epopeya tiene un carácter definido por un solo rasgo que lo convierte en modélico o admirable. Podríamos decir que se trata de un personaje perfecto, no en el sentido de que carezca de vicios o debilidades (estas a menudo dan lugar a importantes sucesos en la historia), sino de que se le presenta desde el principio como un personaje acabado y completamente definido. No conoce la evolución: esas virtudes o vicios se mantendrán a lo largo de todos los avatares por los que pasa, y no cabe esperar que los abandone ni tampoco que profundice en ellos.*

Otra cosa es que, en cuanto que clásicos de la literatura, las obras de Homero hayan sobrevivido a la época de su escritura y sus sucesivos lectores hayan proyectado sobre ellas los propios valores y las inquietudes de su tiempo, ayudados en gran medida por sucesivas reelaboraciones y adaptaciones del mito o del propio texto.

Por ejemplo, estoy muy acostumbrado a que los estudiantes, cuando se les pregunta sobre cuál sería la virtud o cualidad representada por el personaje de Ulises, pongan por encima de cualquier otra la perseverancia, puesto que a pesar de todos los peligros y obstáculos que debe afrontar, Ulises no se rinde nunca en su empeño de regresar a su hogar en Ítaca. Este es un hecho innegable —al igual que lo son tantas otras cosas que el héroe no hace—, y apoyado en un valor en el que tan especialmente se insiste desde la pedagogía formal tanto como en esa otra informal que perpetran las redes sociales y manuales de autoayuda. Sin embargo, no consideraría la Odisea como un “poema de la perseverancia”: como héroe épico, según hemos dicho, Ulises es “plano”. Ya está suficientemente caracterizado a lo largo del poema como fuerte y valiente, capaz de grandes sufrimientos y también ‘rico en astucias’. El lector es testigo de cómo sufre, se encoleriza o lamenta su suerte; no obstante, Ulises jamás considera una alternativa a su destino, es decir, su perseverancia nunca se ve puesta a prueba. De hecho, la única tentación que se le presenta de abandonar sus objetivos –la oferta de inmortalidad que le hace la ninfa Calipso (canto V)–, la desecha sin vacilar.

Captura de pantalla 2018-04-15 22.56.07.png

Estos del siglo XX ya sí vacilan un poco

Pese a esa ausencia de debilidad y lucha interna, algo de ‘moderno’ tiene Ulises que ha ayudado a la pervivencia de su historia. De todos los relatos de la mitología griega, perpetuados en múltiples versiones hasta nuestros días, pocos más populares que el de la Odisea. Los episodios de las sirenas, el cíclope o la venganza sobre los pretendientes forman parte de la cultura general de muchas personas que, en cambio, apenas tienen otro recuerdo de la Iliada que la estratagema del caballo de Troya (que no aparece en la Iliada). Probablemente esto se deba a que en la Odisea prima el carácter de aventura individual sobre la hazaña bélica. Ulises, a su modo, es “uno de nosotros”, un personaje que ya tendrá tiempo de anhelar nuevas aventuras, pero, por el momento, tan solo persigue una “normalidad”, es decir, volver a casa y restablecer un hogar, y todos los elementos del poema parecen encaminarse hacia ese destino doméstico. Los dioses que  en la Iliada jugaban arbitrarios con el destino de griegos y troyanos, en la Odisea se convierten en garantes de la justicia y la paz hasta su última intervención (canto XXIV), en la que impiden al héroe acumular sangre sobre sangre y le obligan a establecer un pacto de convivencia con sus enemigos.

En cuanto a los personajes secundarios, el autor de la Odisea no se limita a los habituales superhombres de sangre real o hasta divina, destinados a protagonizar el mito, es decir, la épica y la tragedia. También deja espacio, palabra y dignidad a los de origen y posición humilde. Es el caso de la vieja esclava Euriclea o del perro Argos, primeros en reconocer al rey que vuelve a casa; también el del porquero Eumeo que lo ayuda eficazmente a recuperar su reino y fumigar su mansión de okupas.

Ulises y los pretendientes (de ual)

Eumeo, por cierto, no es un esclavo cualquiera: el poeta, exhaustivo como suele, nos revela en el canto XV que su linaje es noble como el que más. De sus labios brota el duro juicio contra quienes sirven en la casa de Ulises con el descuido de quienes no se consideran dueños de su trabajo (XVII: Zeus “arrebata al varón la mitad de su fuerza / desde el día que en él hace presa la vil servidumbre”**). Sin embargo, se trasluce para mayor gloria del héroe de la Odisea que Eumeo, casi en paralelo con el Aquiles que prefería labrar la tierra en el mundo de los vivos a ser rey entre los muertos del Hades (canto XI), se siente más feliz cuidando las piaras de Ulises antes que viviendo como un príncipe en su país de origen. No cabe mayor elogio para el hijo de Laertes.

 

Expendables

Estos que nos defienden

* En este sentido, me atrevo a hacer otra extrapolación a la cultura popular contemporánea: más que en el llamado cine épico, podemos encontrar hoy día afinidad con el héroe de la epopeya antigua en el “cine de acción”. Los héroes ‘de acción’ vienen habitualmente caracterizados desde el comienzo de la película (ayuda a ello la existencia de actores especializados en el género), y ejercen una abierta, cuando no explícita, defensa de valores sociales (normalmente, el orden familiar y la estabilidad política) frente a fuerzas exteriores que los amenazan. Aunque el “cine épico” también puede ser portador de una ideología similar, la mencionada indefinición espacial y temporal le suele obligar a presentarla de manera más oblicua.

**Es la traducción de José María Pabón, que emula el ritmo de los hexámetros homéricos no sé si siempre con fortuna, pero sí desde luego con gracia.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s