‘Blade Runner 2049’, sin problema

Cartel Blade Runnmer 2049
Visto lo que he visto, la mejor secuela de cine de ciencia ficción del año ha sido Blade Runner 2049, a la que me acerqué lleno de escepticismo. Me olí, de todos modos, que la película iba a ser una experiencia distinta a la del cine de consumo más rutinario cuando comprobé los poquísimos espectadores que ocupaban la sala, algunos de los cuales -Deo gratias- prefirieron marcharse como a la media hora (por lo que no debería llamarlos espectadores, sobre todo a uno de ellos por su porcino desprecio a la concentración ajena). El título fue pronto retirado de los carteles piuranos, así que no me apresuré a reseñarlo para la prensa.

De una segunda parte tan tardía podía esperarse, antes que una continuación, un remake para los nuevos públicos que buscara además conservar a los fieles de antaño. Estos últimos tal vez tan escépticos como yo, o incluso aún más reticentes ante cualquier intento de emular un modelo que se considera insuperable. En buena medida ha sido así, aunque creo que por una razón afortunada: Denis Villeneuve ha logrado un guion lo bastante independiente del Blade Runner de los 80 como para que su conocimiento previo no sea indispensable (aunque sí enriquecedor) para seguirla. Los personajes de la nueva película no tratan de ser replicantes de la anterior, como revela la breve aparición de Gaff –de nuevo Eduardo Jaime Olmos–, ya jubilado y nada inquietante.
Olmos Blade Runner

El tiempo que no perdona (¡y no pienso hablar del caso de Sean Young!)

En cuanto a Deckard/Harrison Ford, cuya entrada en escena se demora muy sensatamente, se trata de un personaje definitivamente ‘humanizado’ con respecto a su primera interpretación. Despeja del todo, por cierto, la ambigua sugerencia del montaje del director sobre si se trataba en realidad de un replicante o no: el acertijo resultaba estimulante pero acababa haciendo la historia bastante incoherente.
Por lo demás y sin servilismos, el tono y el ambiente de la 2049 es fiel a su predecesora: desde la estruendosa banda sonora hasta unos escenarios en que se nota — en el buen y verosímil sentido— el paso de los años. Los avances tecnológicos se presentan sin exhibicionismo (salvo algunos progresos de la inteligencia artificial, origen de una de las subtramas más importantes), y oscuridad y devastación se extienden ahora fuera de la ciudad entre ruinas y desperdicios. La luz, ardiente a veces o mortecina casi siempre, no vendrá jamás de un sol límpido como el que se alzaba al final de Blade Runner durante la agonía de Batty (no digamos ya durante el bienintencionado sueño de fuga de Deckard y Rachael en el primer montaje estrenado).
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Prestado (sin pedir permiso) de literaryecology.com

Si Ridley Scott había armado su historia sobre los patrones de un filme noir, Villeneuve se contiene razonablemente al insertar los recursos de la película de acción que cabía esperar. Solo me parece que se le va algo la mano con un par de elementos demasiado “Matrix” que, afortunadamente, no se explotan en demasiado, como el tema del “elegido” o la noticia de un secreto ejército de replicantes que prepara su asalto al poder. Será porque me interesa más lo que tiene la película de conflicto personal que de político, y que no pienso (al contrario que muchos de mis alumnos) que el destino final de toda película distópica sea el duelo final entre el héroe y el tirano: de hecho, por mucha repulsión instintiva que me produzca ese Jared Leto narcisista y grandilocuente como nunca, me parece un acierto del guion que la película termine sin que nadie le llegue a poner la mano encima al amo de la corporación Wallace. En cuanto a la operación de rescate del final, resulta emocionante pero de una gran sencillez, creo que sobre todo una excusa para ver cómo los dos replicantes de última generación intercambian piñazos.
images

Ella pega más fuerte, claro

Lo que va del cine negro al de acción también tiene que ver con que esta 2049 pierda algo de densidad. El detective protagonista esta vez sí que es un replicante —aunque por algún momento llegue a dudarlo—, pero obediente y sin caducidad programada, lo cual deja sin efecto cuestiones fundamentales de la versión original como la búsqueda de sentido y la conciencia de mortalidad del ser humano. El individuo de esta continuación ya no se enfrenta a su Creador (que jamás llega a evocar el mentado Leto), sino que podría decirse que simplemente ‘busca a su papá’. Del mismo modo, en contraposición con la atormentada y patética —en el buen sentido, o sea el primero— figura que en 1982 interpretaba el Rutger Hauer de la foto, aquí Ryan Gosling representa el ejercicio de la libertad contra un sistema inmoral, lo cual siempre contará con la simpatía del espectador. Igual lo harán la denuncia de la devastación ecológica o del trabajo infantil, o también la soledad del habitante de la urbe superpoblada que lo lleva a preferir a la compañía humana las relaciones virtuales. En resumen, Blade Runner 2049 afronta en su guion problemas reales, pero no dilemas universales como el Blade Runner de los 80.
Idem

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2 pensamientos en “‘Blade Runner 2049’, sin problema

    • No, yo pensaba en el personaje en su conjunto, vestido o desnudo, gigante o a tamaño natural. El primer “Blade Runner” no tocaba el tema de la inteligencia artificial; no aparecía ninguna máquina pensante, sensitiva ni tan siquiera parlante como el HAL de ‘2001’, la Madre de ‘Alien’ y no digamos ya los androides de Star Wars, por eso me parece una ruptura demasiado grande con la película anterior y no demasiado coherente ni verosímil. Aunque ya decía la zarzuela que hoy las ciencias adelantan que es una bestialidad.
      En todo caso, aborda desde otro punto de vista el motivo, tan importante, de la deshumanización de la persona y el ascenso a la humanidad de quienes no son considerados personas. Aquí, como peculiar historia de amor entre dos seres artificiales que acaban siendo ‘más humanos que los humanos’: el replicante de laboratorio y el holograma de taller.

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