“The Last Jedi”, insípidas sorpresas

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Escribo mis impresiones sobre Star Wars VIII con cierta desgana que empieza en su mismo título, el cual me cuesta recordar. Lo mejor de la película reside para mí en que, desde luego, nadie podrá decir que la trama tiene giros previsibles: el guion burla de manera continuada todo lo que el espectador se pueda estar esperando, en especial aquel que muerde confiadamente la carnada de las esperables citas a otras películas anteriores de la serie, cuya original cinefilia es cada vez más exclusivamente autorreferente. Si hubo una expectativa que se viera plenamente confirmada por mi parte, esa fue la mía de hace dos años a propósito de El despertar de la fuerza sobre la autosuficiencia educativa de la heroína y el diseño del héroe varón y patoso como personaje-tipo.

Ahora bien, y por no salirme de la misma película, este sorprendido espectador no llegó a estarlo tanto en ningún momento como para perder la sensación de que, a fuerza de golpes de efecto, la historia decae. O las historias, porque la trama se dispersa entre demasiados personajes, conocidos o nuevos, principales o secundarios a los que se quiere dar demasiado relieve. Se me hacen demasiados anticlímax y pistas falsas (el proverbial tanta sangre —o lo que sea— para esto), entre los que se lleva la palma el rápido viaje a una especie de Mónaco galáctico que se me antoja, además, como un desacierto estético equiparable al de la carrera de La amenaza fantasma.
Pero lo peor para este macetero es que el tal episodio VIII no emociona. Aun superando el bache argumental anteriormente mencionado (que está en la primera mitad del filme), y aun prodigando todas las hábiles sorpresas que ya he mencionado pero no me parece correcto contar. E incluso aun después del emotivo final de El despertar de la fuerza. Promete mucho el conflictivo vínculo entre Luke y sus dos discípulos (la constante de la saga, ya se sabe), pero por separado los “buenos” me acaban resultando algo endebles. En cuanto al más complejo Kylo Ren, que asciende en interés al igual que en poder dentro del Lado Oscuro, se me desinfla en la también anticlimática batalla del final.
Entre lo mejor y lo peor, señalaré cómo, ya sea por seguir el patrón de acentuarlo que creó El imperio contraataca, o ya porque no estamos en época de sacras solemnidades y menos aún después de las versiones de Lego, el humor de la nueva entrega de la saga se transforma en abierta comicidad en muchos momentos, incluso emanada por personajes de los que probablemente nadie se lo espera. En mi caso, pienso que quizá sea lo mejor para hacer con The Last Jedi: tomársela un poco a broma.
Es muy posible que se me hayan pasado por alto algunos méritos, maldispuesto como me dejó la travesía al planeta-casino de marras. Pero, aunque ningún aficionado a Star Wars suele dejar pasar mucho tiempo antes de volver a ver la nueva película de turno, a mí por primera vez resulta que no me apetece nada. A este tipo de segundas oportunidades hay que sentirse invitado, y yo aquí más bien me sentiría obligado a andar buscando los tales méritos. Y con este talante no hay manera.

4 pensamientos en ““The Last Jedi”, insípidas sorpresas

  1. A mí me parece que tiene algunas variaciones interesantes sobre sus precedentes, aparte de la de que cada vez van dejando más de lado a los personajes “históricos”, con respeto pero dejando claro que la serie no puede depender siempre de ellos.
    Un cambio llamativo es que abandona el amor romántico como algo que sustente la trama. En El despertar de la Fuerza era algo fuera de la historia, pero aquí hasta se le puede aplicar de frente el lema de aquella comedia romántica de los 90s de que “solo los tontos se enamoran”. Muy de acuerdo con los tiempos, diría yo.
    En segundo lugar, las escenas con que termina la película, que presentan a todos los héroes reunidos “posando”, van acompañadas de la voz en off de Leia que transmite expresamente la esperanza de la rebelión. Es un cambio en la estética, pero que sí conserva el mensaje tradicional.
    En cuanto al humor, de acuerdo contigo en que es más del habitual en la franquicia, pero me parece mejor que el de La amenaza fantasma (ese odiado Jar Jar) y hasta que de el retorno del Jedi. No me parece que abusen de la presencia de ese cruce de lemming y mochuelo.

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    • A mí justamente me parece que esa voz en off está de sobra; las imágenes deberían bastarse. Supongo que se justifican por un tipo de texto tradicional (las confidencias de chicas: la destinataria de la lección es Rey) que nunca se había utilizado en la saga.
      En cuanto al humor, creo que lo más fastidioso es el continuo ridículo al que se ve sometido el militar subalterno (no recuerdo su monosilábico nombre). Hablando de malvados secundarios, pocos más desaprovechados que la plateada capitana Phasma: otra decepción con respecto a lo que prometía la película anterior, desde su aparición de la nada hasta su aniquilación -poco tiempo después- a manos del bobo de la película.

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  2. ¿Y no crees que esa falta tuya de emoción tendrá que ver con que no fue lo mismo reencontrarse en 2015 con los personajes de veinte años atrás, que ahora en 2017 con los de hace dos años?

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  3. He vuelto a ver hace poco la película, pero me quedan pocas ganas de volver a dedicarle un artículo. En todo caso, a vuelatecla dejo aquí algunas apostillas por si algún día saco a la luz algo más completo.
    “Los últimos jedi”, por querer desvincularse del pasado al que parecía demasiado sometida su entrega anterior, parece haberse pasado al otro extremo, resuelta a dinamitar (más que dinamizar) el pasado de la saga. Estos “últimos jedi” son los últimos no porque, como en la trilogía anterior, son los únicos que quedan, sino por la decidida voluntad de que luego no haya más. Lo cual se presenta como algo bueno. Los secretos de la Fuerza ya no se transmiten de maestro a discípulo, en común esfuerzo, sino de manera espontánea y democrática. Los jedi agonizan, pero esto ya no es un signo de decadencia sino de liberación.
    Toda la película repite leit-motive relativos a destruir el pasado. La destrucción de esa “biblioteca jedi” que se sacan de la manga (jamás había existido ni parecido necesaria) tan solo para destruirla por “aburrida” según Yoda, mira tú la profundidad de motivos. A Kylo Ren (me reafirmo en que, de todos modos, el personaje más interesante), que en una nueva rabieta adolescente se deshace de su casco por las críticas del público, perdón, de su amo por querer parecerse a Darth Vader le tienen sin cuidado la bondad o maldad de sus actos, lo que quiere es que nadie le diga lo que debe hacer.
    Por su parte, Rey va más o menos por el mismo camino que su enemigo, con la ventaja de que al menos ella tiene amigos; en cuanto a sus padres, por cierto, qué le importan a nadie. Esto último es verosímil… salvo en la lógica interna de la propia serie de Star Wars, que la película debería respetar. Si no, tal vez habrá que esperar una enésima reedición de las películas anteriores en la que los lazos de sangre y magisterio se conviertan en puro adorno.
    Por último, cómica y baladí pero simbólica, la frase de Leia al verse interrumpida su frase de “Que la Fuerza te acompañe”: “Dilo tú , y ya lo he dicho demasiadas veces”. (Guiño guiño).
    Menos llamativa, porque es una variación por defecto, es la desaparición de la línea de continuidad de todas las películas anteriores: la presencia de los viejos androides R2 y 3PO, reducida ahora al cameo.
    Por antepenúltimo, haré notar un rasgo de originalidad que tal vez revele también afán de ruptura: por primera vez, vemos con problemas de combustible a una nave de la galaxia lejana, muy lejana.
    Por penúltimo, una duda que viene de mi falta de conocimiento del universo extracinematográfico de Star Wars: ¿tan malas eran las novelas que, avaladas por George Lucas, continuaban “El retorno del Jedi” que a nadie se le ha ocurrido adaptar una?
    Y por último, quizá no sorprenda a nadie mi acerba crítica si acabo confesando que a mí “Han Solo”, tan maltratada por taquilla y crítica, me ha gustado bastante. Sin Fuerza, jedis ni espadas y tal vez con un poco de exceso de “fan service”, pero divertida y eficaz película de aventuras. le sobra para mi gusto la referencia a la rebelión, pero tenía que aparecer porque a una película de Star Wars no se le puede pedir ambigüedad moral (la crítica al tráfico de armas en la parte prescindible de “Los últimos jedi” me parece absurda).

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