Ya no me espero hasta abril

Al final, no he tenido que esperarme un año entero, como prometía, para darme cuenta de que lo que puedo darnos al mundo y a mí mismo en esto de las letras lo doy mejor en mi maceta del páramo.

Aquellos “altos estudios” a los que me proponía consagrarme no han dado para tanto. He revisado bastante manuscrito ajeno, y hasta he tratado de armar alguno mío. Otros proyectos más ambiciosos los he abandonado, mas consciente que nunca de que lo mío no son los bosques ni los jardines. Macetero a tus macetas, como Varjak a sus cuentos. Solo por esta conciencia vale la pena haber dejado el blog todo este tiempo; otros frutos de este tiempo de barbecho aún tendrán que llegar, pero creo que lo harán.
Me deja muy orondo comprobar, por otra parte, que el nivel de visitas al blog se ha mantenido constante: ni un solo día de estos siete he dejado de tener visita. En ningún rincón del mundo parece faltar un curioso acerca de si se escribe John o Jhon, o de algún detalle más del Inca Garcilaso o de Astérix. Hasta me he sentido tentado de dar la ‘Maceta’ por cerrada y abrir un nuevo cuaderno digital, señal de segunda etapa. No he querido, más que nada, por ahorrarme el quebradero de cabeza de decidir un nuevo título. La verdad es que, de varios de mis momentos de mayor desaliento como bloguero, me salvó la conciencia de lo genial que queda el nombre de Maceta en el páramo. Cuesta hacerle honor.
Además, no iba a renunciar a su utilidad como archivo de lo que pudiera seguir publicando en otros medios. No ha sido gran cosa: recomendaciones literarias, una crítica de cine… más un par de notas a las que no pude resistirme (¡una en verso y todo!).
Por cierto, que de este propósito de mi blog de reunir mi obra no académica, se desprende el de repudiar también una buena parte de ella. Enrique Jardiel Poncela escribía en el prólogo de su libro Exceso de equipaje (1943) especie de autoantología: “Todo cuanto no esté incluido en mis cinco novelas grandes, en mis siete tomos de teatro, en el Libro del convaleciente, en el volumen Máximas mínimas y en este Exceso de equipaje, sea trabajo escénico o impreso, y aunque se halle con mi firma, no es mío ni lo acepto como escrito por mí” (cito de buena fuente, porque no tengo el libro aquí a mano). Algo así quiero hacer decir a mi blog: que niego la autenticidad (ya que no la realidad) de cualquier texto que circule por la red bajo mi nombre, si este no posee un enlace dentro de Maceta en el páramo. Y que ya iré viendo la manera, sin traicionar a mis editores (que son sobre todo uno), de ir haciendo aparecer aquí otros escritos que, impresos o digitales, no son del dominio público.
En fin, que por aquí nos seguiremos viendo desde hoy quienes me recuerden. Quienes lleguen a este blog por primera vez, seguro que encontrarán entradas más interesantes que esta: perdón por advertírselo tan tarde.
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