Porque podemos

Pablo Inglesias

No, esta entrada tampoco trata de él (con una basta)

Estas enjundiosas citas de Byung-Chul Han, filósofo germano-coreano (sic) contemporáneo a quien yo desconocía, se las debo a mi bien conocido Víctor Hugo Palacios, pensador peruano de la misma época.

La clave: para qué reprimir cuando puedes dar incentivos. Para qué te va amenazar tu amo con un castigo si puede simplemente manifestar su decepción. Qué mayor triunfo para él que lograr tu frustración porque la vida no te deja hacer… lo que no deseas.

Sobre la última cita, llamaría la atención sobre cómo, vía TV, la expresión “fracasado”, que connota simplemente un proyecto emprendido pero concluido infelizmente, está siendo reemplazada por “perdedor” (el consabido looser de la sociedad del éxito por antonomasia), que se convierte ya en un estigma social y una especie de predestinación. Tal vez esta última hubiera sido una traducción más apropiada para el tercer fragmento.

La sociedad disciplinaria de Foucault, que consta de hospitales, psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas, ya no se corresponde con la sociedad de hoy en día. En su lugar se ha establecido desde hace tiempo otro completamente diferente, a saber: una sociedad de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones, grandes centros comerciales y laboratorios genéticos. […] La sociedad disciplinaria es una sociedad de la negatividad. La define la negatividad de la prohibición. El verbo modal negativo que la caracteriza es el «no-poder» (Nicht-Dürfen). Incluso al deber (Sollen) le es inherente una negatividad. Justo la creciente desregularización acaba con ella. La sociedad de rendimiento se caracteriza por el verbo modal positivo poder (können) sin límites. Su plural afirmativo y colectivo «Yes, we can» expresa precisamente su carácter de positividad. Los proyectos, las iniciativas y la motivación reemplazan la prohibición, el mandato y la ley. A la sociedad disciplinaria todavía la rige el no. Su negatividad produce locos y criminales. La sociedad de rendimiento, por el contrario, produce depresivos y fracasados.” [Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio, Barcelona, Herder, 2012, pp. 26-27 ]

El hombre depresivo es aquel animal laborans que se explota a sí mismo, a saber: voluntariamente, sin coacción externa. Él es, al mismo tiempo, verdugo y víctima. […] No-poder-poder-más conduce a un destructivo reproche de sí mismo y a autoagresión. El sujeto de rendimiento se encuentra en guerra consigo mismo y el depresivo es el inválido de esta guerra interiorizada. La depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre bajo el exceso de positividad. Refleja aquella humanidad que dirige la guerra contra sí misma. [pp. 30-32]

“El tú puedes produce coacciones masivas en las que el sujeto de rendimiento se rompe en toda regla. La coacción engendrada por uno mismo se presenta como libertad, de modo que no es reconocida como tal. El tú puedes incluso ejerce más coacción que el tú debes. La coacción propia es más fatal que la coacción ajena, ya que no es posible ninguna resistencia contra sí mismo. El régimen neoliberal esconde su estructura coactiva tras la aparente libertad del individuo, que ya no se entiende como sujeto sometido (subject to), sino como desarrollo de un proyecto. Ahí está su ardid. Quien fracasa es, además, culpable y lleva consigo esta culpa dondequiera que vaya. No hay nadie a quien pueda hacer responsable de su fracaso. Tampoco hay posibilidad alguna de excusa y expiación. Con ello surge no solo la crisis de culpa, sino también la de gratificación.” [Byung-Chul Han, La agonía del Eros, Barcelona, Herder, 2014, p. 21]

CODA DEL MES SIGUIENTE: A propósito de la tramposa ética de que si no triunfas es porque no has querido, agrego el siguiente artículo de otro de mis filósofos de periódica lectura.

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Un pensamiento en “Porque podemos

  1. Recuerdo una tira de Schultz, en la que el pobre Linus conversaba con su repelente hermana Lucy:
    “-¿Qué tienen de malo mis notas? Soy solo un alumno medio, con notas medias, en una escuela media…
    “-Lo que tienen de malo es que tú puedes hacer MUCHO más.
    “-¡Esa es la respuesta media!”

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