La omnipotencia es antipática

(Algo sobre Leterrier, Soderbergh y hasta Christopher Nolan)

Los-Ilusionistas-nada-es-lo-que-parece

Netflix, el nuevo juguete digital de mi casa, me permitió ver Nada es lo que parece (Now You See Me; en España, Los ilusionistas), reciente filme de Louis Leterrier en el subgénero de “golpe perfecto”. Como tal, y con todo lo que entretiene, le encuentro algún  defecto que luego caigo en que no es suyo, sino del subgénero mismo. Por una vez, me atrevo a ser apodíctico (¿mande?): la omnipotencia es antipática. La apabullante superioridad de un héroe de ficción impide que lleguemos a simpatizar con él.

Los guionistas debían de ser conscientes de esto, y de hecho se nota en la historia el intento de hacernos aceptar como héroe al policía que, en condiciones precarias como suele, lucha por capturar a los ladrones-ilusionistas, que siempre le llevan ventaja. Pero es en vano, porque en ningún momento llegamos a sospechar a los jóvenes magos como los “malos” de la historia: son demasiado guapos, nobles y simpáticos. No los vemos jamás en peligro serio, y eso quita emoción a la película: no hay dificultad a la que no adivinemos que ya se han anticipado, ni paso que dé la policía que no tengamos la certeza de que es en falso. Y eso disminuye su talla: solo cuando los antagonistas cuentan con más recursos,* sí que nos interesamos por el destino del héroe capaz de cambiar, adecuarse, aguzar el ingenio, superar las adversidades.

Pasaba algo así con el Ocean’s Eleven (La gran estafa para el mercado hispanoamericano), algo más tolerable para mí gracias a lo que tenía de comedia y el buen ritmo narrativo que le daba Steven Soderbergh. Allí, los imprevistos a que se enfrentaba la oceánica banda tenían lugar en la preparación del robo al casino, pero las sorpresas que ocurrían durante su larguísima ejecución lo eran solo para el espectador. Tan cómplices nuestros que parecían aquellos delincuentes honrados, y resulta que no nos habían revelado todos sus trucos, para seguir engañándonos o estafándonos igual que al villano que interpreta Andy García.

Tal vez en esto estaba la gracia, pero la humillación a que someten a este personaje resulta tan implacable, y a costa de tan poco sufrimiento, que podríamos acabar compadeciéndole. Y solidarizarse con el antagonista no por algún resquicio de humanidad que este conserve, sino por antipatía hacia el héroe, no me parece la mejor manera de tratar al público. Será por eso por lo que, en la segunda secuela de los Ocean’s, al pobre Benedict/García lo dejan salir ya un poco más airoso.

*De manera a veces harto inverosímil: léase el segundo Batman de Christopher Nolan, con ese aplaudidísimo Joker/Guasón de Heath Ledger. Es admirable su habilidad para evadir a la policía, y hacer un lío de palabras a sus víctimas y enemigos, pero a mí me gustaría que me explicaran cómo se las arregla para disponer de una enorme banda de sicarios, anónimos y fanáticos, a los que por lo visto nunca paga, o meterse en cualquier edificio o instalación de Gotham City para ponerlo hasta arriba de explosivos sin que nadie se dé cuenta. Pero supongo que entonces el libreto ya hubiera alcanzado las dimensiones de Juego de tronos…

Anuncios

3 pensamientos en “La omnipotencia es antipática

  1. La película “Duelo en el Atlántico”, un clásico del cine bélico, tenía también ese paradójico efecto: el gélido Robert Mitchum, comandante de la nave norteamericana, demostraba una pericia y temperamento tan superiores a los del sudoroso y vacilante capitán del submarino alemán (Curd Jürgens), que uno se ponía más del lado de este. También es verdad que se trataba de una de esas películas de los 60 en que los alemanes eran, más que villanos, nobles adversarios de los aliados, aunque por supuesto siempre aparecía algún nazi cabrón.

    Me gusta

    • En el contexto político de los 60, los enemigos eran los rusos mientras que Japón y Alemania (occidental) se habían convertido en aliados. Debe de venir de ahí la mayor delicadeza con que se los trata en estas películas. En “La gran evasión”, “Los cañones de Navarone”, “El día más largo”, “La batalla del Río de la Plata” no faltaban alemanes nobles y humanos. “Tiempo de amar, tiempo de morir” estaba ambientada en la Wehrmacht, claro que los casi invisibles enemigos eran los precisamente rusos (entre ellos, el ingrato prisionero que mataba a su libertador).

      Me gusta

  2. Ni ISIS con todos sus millones en petroleo y sus montones de conversos ha demostrado ser capaz de organizar atentados como los de Joker. Este sincroniza explosiones, y los fanaticos musulmanes lo único que pueden es sincronizar tiroteos.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s