“Alicia”, 150 años

Humpty Dumpty

Nunca se me hubiera ocurrido espontáneamente escribir una entrada valorando la obra de Lewis Carroll. Mis conocimientos alicíacos no dan para tanto. Pero, ante el aliciente de un cuestionario, me salieron estas cuantas palabras. Espero que hagan justicia a la sesuda niña.

Nota del 18 de julio:

Tan sesuda, que la única concesión a lo sentimental, al menos que yo recuerde, no corresponde a Alicia ni a ninguna criatura fabulosa, sino a su hermana mayor, que cierra la aventura del País de las Maravillas con una reflexión que prefigura la aguda nostalgia de la infancia presente en el Peter Pan de Barrie: 

«Por último, imaginó cómo sería, en el futuro, esta pequeña hermana suya, cómo sería Alicia cuando se convirtiera en una mujer. Y pensó que Alicia conservaría, a lo largo de los años, el mismo corazón sencillo y entusiasta de su niñez, y que reuniría a su alrededor a otros chiquillos, y haría brillar los ojos de los pequeños al contarles un cuento extraño, quizás este mismo sueño del País de las Maravillas que había tenido años atrás; y que Alicia sentiría las pequeñas tristezas y se alegraría con los ingenuos goces de los chiquillos, recordando su propia infancia y los felices días del verano».

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