En un fiordo muy, muy lejano

El cuarto episodio de Star Wars, gracias a que fue también el primero, sin duda se rodó con más libertad que los siguientes. No tenía por qué obligarse a superarlos en espectacularidad (en calidad de libreto, se ve que la obligación nunca estuvo demasiado clara), ni tampoco a dedicarles referencias, guiños ni citas. Escogió recrear más bien obras precedentes de otros géneros: se enriquecía la ciencia-ficción popular y de bajo presupuesto con ingeniosas muestras de cinefilia, principalmente el western, el jidaigeki -para que nos entendamos, las películas de samurais- y las películas de aviadores de la Segunda Guerra Mundial.

Se suele hablar menos de estas últimas como influencia de nuestra famosa space opera. Será que, a diferencia de los géneros anteriores, no han dado al cine ninguna reconocida obra maestra. O porque, aparte de los tensos primeros planos del piloto, se va casi todo en acrobacias de máquinas que nunca llegan a emocionar tanto como el peligro corrido por el héroe a cuerpo descubierto.

En El retorno del Jedi, de hecho, la batalla espacionaval se la acaban dejando a personajes secundarios.

En El retorno del Jedi, de hecho, la batalla espacionaval se la acaban dejando a -entreñables- personajes secundarios.

No sé si se me nota, por otra parte, que el género bélico me aburre bastante, y más si hay en él danza de aviones. Por eso, paf, qué sorpresa reconocer en una película de aquellas no una influencia para el susodicho episodio IV de George Lucas, sino la que tal vez fuera la concreta inspiración y en efecto lo acabó siendo. En la escena final de Escuadrón 633 (1964), la RAF lanzaba su arriesgado ataque a lo largo de un fiordo cuyos acantilados prefiguraban las siniestras paredes metálicas de la Estrella de la Muerte.* Inaccesibles a los bombarderos, las instalaciones alemanas debían ser destruidas desde cerca por los ligeros cazas británicos, a costa de terribles pérdidas.

En cuanto al resto de la película, de su previa acción de comandos y de espías no guardo recuerdo de nada más digno de comentario. Si acaso, el improbable papel como soldado noruego de George Chakiris, aquel greco-americano con garbo de torero que sí toleramos como portorriqueño en West Side Story.

Boricua

Boricua

En cuanto a los homenajes cinéfilos, han ido escaseando luego en Star Wars, y no siempre han sido de buen gusto (el guiño al Mago de Oz del Episodio III es que clama a la Fuerza). No sé si volverá a haberlos en la nueva entrega que se nos viene encima, y que llenará los cines nuevamente porque la gente es más nostálgica –o rutinaria- que rencorosa. Eso, si para entonces no se hastía de seriales infantiles de la saga, de esos que han proliferado a partir de la anexión.

Star Wars Rebels

El tirachinas de luz es todo un símbolo.

*La RAF encontró otro “corredor de la muerte”, por lo que leo en otro lado, cubriendo el desembarco británico en las Malvinas. Pero aunque se prestara a una versión fílmica de estilo heroico-clásico, no creo que la veamos nunca. La posmodernidad es también, y en muchos aspectos gracias a Dios, post-heroica.

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