Años cuesta arriba

Hago examen de conciencia y caigo en que tal vez haya también algo hereditario en la obsesión trepadora de mi descendencia, ya dos veces mencionada.

Yo creo que no me he encaramado a tantos muebles, árboles o trampolines en mi vida. Siempre he sido más bien, como suelo decir, de infantería. Pero ese placer y voluntad de tocar tierra firme con los pies la he descubierto en las ciudades cuesta arriba donde me crié, a fuerza de andar calles sì che’l piè fermo sempre era’l più basso, como escribió Dante.* Tendía a evitar ascensores, a veces para foralingüe consternación de mis acompañantes. Las prolongadas avenidas de ciudades llanas como Piura (y mucho menores, como Logroño de España) me fatigan más que las veredas de un monte, o que las cuestas tortuosas de Granada, de Perugia, no digamos ya de Oviedo que es mi ciudad más propia y paseada.

Como invitación a subir cuestas, este pasaje de la novela ovetense por antonomasia es de lo más incitador y más descriptivo que conozco:

Uno de los recreos solitarios de don Fermín De Pas consistía en subir a las alturas. Era montañés, y por instinto buscaba las cumbres de los montes y los campanarios de las iglesias. En todos los países que había visitado había subido a la montaña más alta, y si no las había, a la más soberbia torre. No se daba por enterado de cosa que no viese a vista de pájaro, abarcándola por completo y desde arriba. Cuando iba a las aldeas acompañando al Obispo en su visita, siempre había de emprender, a pie o a caballo, como se pudiera, una excursión a lo más empingorotado. En la provincia, cuya capital era Vetusta, abundaban por todas partes montes de los que se pierden entre nubes; pues a los más arduos y elevados ascendía el Magistral, dejando atrás al más robusto andarín, al más experto montañés. Cuanto más subía más ansiaba subir; en vez de fatiga sentía fiebre que les daba vigor de acero a las piernas y aliento de fragua a los pulmones. Llegar a lo más alto era un triunfo voluptuoso para De Pas. Ver muchas leguas de tierra, columbrar el mar lejano, contemplar a sus pies los pueblos como si fueran juguetes, imaginarse a los hombres como infusorios, ver pasar un águila o un milano, según los parajes, debajo de sus ojos, enseñándole el dorso dorado por el sol, mirar las nubes desde arriba, eran intensos placeres de su espíritu altanero, que De Pas se procuraba siempre que podía. Entonces sí que en sus mejillas había fuego y en sus ojos dardos. En Vetusta no podía saciar esta pasión; tenía que contentarse con subir algunas veces a la torre de la catedral.

(Leopoldo Alas, La Regenta, I)

Y el caso es que la inquietud paisajística y dominadora de don Fermín, personaje tan poco ejemplar moralmente como literariamente ejemplar, para mí es muy secundaria. Me basta con esa mera “fiebre que les daba vigor de acero a las piernas y aliento de fragua a los pulmones”, el camino más que la meta.

Es más, reconozco que las alturas me infunden bastante respeto.

 

*Petrarca fue también pionero en lo de combinar literatura, filosofía y alpinismo, cuando le dio por subir al Mont Ventoux y luego contarlo en una carta.

Anuncios

2 pensamientos en “Años cuesta arriba

  1. Hombre, es que no es lo mismo Petrarca, que sube al Mont Ventoux en busca de sí mismo, que los que en España se llaman, con expresivo lenguaje, “trepadores”. Es más, son todo lo contrario.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s