De la importancia de reírse de uno mismo

(Al fin, una prueba convincente)

Descubro ahora en mi hija menor algunas manías felinas. Le echo algo de culpa a su intercambio habitual de feroces carantoñas con el gato Ron. Miro a la cara a cualquiera de los dos de esa pareja asilvestrada (esos ojazos fijos, ese pellizco de nariz, ese mentón invisible), y en seguida me acuerdo del otro. Ambos comparten la pasión por trepar escaleras, camas, sillas, mesas, muebles, aunque no lamentablemente la habilidad de caer de pie.

También es compartida la fobia al baño. La niña empieza chapoteando con recelo, y apenas se ha llegado a acostumbrar, recibe el jabón con una hostilidad que se convierte en rabia furiosa en el momento del champú y de la ducha. Ahí sí que se retuerce, se escurre como una anguila con tembleque, da zarpazos y chilla como si, en vez de lavándola, le estuvieran sacando la mugre.* Cuando terminamos, ella permanece quieta y empapada, flacucha y temblorosa, hipando; se me arroja a los brazos para envolverse en la toalla.

Pero es entonces, cuando, entre gimoteos que apenas se entienden, acierta a pedirme siempre “Llévame al espejo”.

Solo tengo que girarla. La luna le devuelve su imagen hecha una sopa hasta las cejas, con el cabello aplastado, la nariz y los ojos rojos de la llantina, la boca como un larguísimo arco de puntas hacia abajo.

Y entonces se echa a reír.

A no ser que la rabieta haya sido tan grande que no puede, aunque lo intenta. Pero entonces lo que hace es señalar su reflejo e indicarme: “Los dedos”.

Yo, obedientemente, vuelvo hacia arriba las puntas del larguísimo arco de su boca. Pocos segundos después los retiro, y ella se sigue riendo sola.

*Dejo el doble sentido de esta frase al talento de mis lectores no peruanos.

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2 pensamientos en “De la importancia de reírse de uno mismo

  1. Bien por el subtítulo, siempre he pensado que a pesar de lo mucho que te dan ese consejo de ríete de tí mismo, en realidad poca gente lo practica.

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    • Bueno, desde luego la autoirrisión es algo muy útil para la vida, pero no todo el mundo tiene esa suerte o esa habilidad, sin ser necesariamente malas personas. Hay además que saber hacerlo: mucha gente se ríe de sí misma como no hay que hacerlo de nadie, o sea sin compasión. Otra cosa que inhibe a muchos de reírse de sí mismos es la facilidad con que se les unen los demás.

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