Saxo en los Andes

(sí, con a)

Jean Pierre Magnet (diario El Comercio)

Jean Pierre Magnet (diario El Comercio). Esta entrada NO habla de él.

A Joaquín Moreno Pedrosa, tarde

América fue el Nuevo Mundo para los europeos por cuanto tenía de distinto comparado con el propio. Pero, por un tiempo, fue también un mundo nuevo para aquellos que lo habitaban desde antiguo. Se ha hablado mucho del horror, la curiosidad o el engaño del americano primitivo, pero menos se ha reparado en la sorpresa pura y limpia ante lo que es, más que raro o pintoresco, bello y admirable. El Inca habla del asombro de los indios del Perú ante la construcción por los españoles de puentes de piedra, “que les parece que todo aquel gran peso está en el aire” (Comentarios reales III,8), o del general regocijo con que fueron acogidos en el Cusco los primeros bueyes, aquellas bestias enormes que los españoles, “de haraganes, forzaban a que hiciesen lo que ellos habían de hacer” (IX,18). Terrence Malick transforma en imágenes este entusiasmo al presentar en The New World la llegada de su protagonista, hija de bosques y praderas, a los campanarios y los palacios del Londres del siglo XVII.

Siglos más tarde, otra mirada mestiza se conmueve en un objeto que viene de lejos. Un instrumento musical y su sonido que, en nuestro medio cultural, sugiere antes urbe y noche que la agreste naturaleza de las montañas. Y sin embargo, ahí está, con una ingenuidad a mil kilómetros de la culta apoteosis del jazz firmada por Julio Cortázar (Rayuela, 17), pero justamente por eso mucho más respirable para mi pobre gusto. Aire puro de la sierra.

Los saxofones brillaban íntegramente; los soldados los levantaban dirigiéndose hacia nosotros. Cantaban con voz de seres humanos, estos instrumentos plateados en los que no se veía ni un trozo de madera ni de metal amarillo. Sostenían un tono, largamente, con dulzura; la voz grave inundaba mi alma. No era como la del gran pinkuyllu del sur ni como la del wak’rapuku chanka. En esa plaza caldeada, el saxofón tan intensamente plateado, cantaba como si fuera el heraldo del sol; sí, porque ningún instrumento que vi en los pueblos de los Andes, ningún instrumento que mestizos fabrican tiene relación con el sol. Son como la nieve, como la luz nocturna, como la voz del agua, del viento o de los seres humanos. Sólo ese canto de los saxofones y de las trompetas metálicas que los soldados elevaban jubilosamente, me parecía que iba al sol y venía de él.

(José María Arguedas, Los ríos profundos, X)

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Un pensamiento en “Saxo en los Andes

  1. Otro ejemplo cinematográfico del encuentro de dos mundos, con música incluida además, sería el del jesuita y los indígenas dentro de la selva al comienzo de La Misión.

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