Granada en los Andes (II): Notas semicultas

Los primeros conquistadores quisieron llamar al Cusco “Nueva Toledo”. Tal vez fuera una concesión a don Diego de Almagro, rivaliado de Pizarro y nativo de la Mancha, o sea del viejo reino de Toledo. Pero, como cuenta el Inca Garcilaso (1 Comentarios reales VII, 8), pronto

se les cayó de la memoria este segundo nombre, por la impropiedad de él, porque el Cozco no tiene río que la ciña como a Toledo, ni le asemeja en el sitio, que su población empieza de las laderas y faldas de un cerro alto y se tiende a todas partes por un llano grande y espacioso

Algo sí comparten la ciudad andina y la castellana: el título de “imperial”. Supongo que la de aquí se lo debe sobre todo a Garcilaso, quien no se cansa de repetir que el Cozco, en su imperio, fue otra Roma en el suyo. Sin embargo, a mí me da algo que pensar sobre el común destino de incas y visigodos, castas vencidas y siglos después reivindicadas por razones de nostalgia o propaganda.

Pero me vuelvo a mi sitio. El trazado en cuadrícula de las ciudades coloniales, al que me refería ayer, no se creó en América sino a dos pasos de Granada, en Santa Fe. En esta ciudad nacida de un campamento militar, coincidencias de la vida, reconocieron a Colón el virreinato y almirantazgo de todo lo que fuera encontrar en su excursión por el Atlántico. Cincuenta años más tarde, en el norte del virreinato del Perú ya existía un “Nuevo Reino de Granada” (la actual Colombia) con capital en Santa Fe de Bogotá.

Casa Consistorial de Santa Fe (neomudéjar, principios del siglo XX)

Casa Consistorial de Santa Fe (neomudéjar, principios del siglo XX)

Detalle de la fachada: en el centro, el escudo del Perú

Detalle de la fachada: a la derecha, el escudo del Perú

En Víznar, también junto a Granada, es posible visitar el Palacio del Cuzco, que tal vez para aliviar nostalgias levantó en el siglo XVIII el arequipeño Juan Manuel Moscoso y Peralta, arzobispo primero de la ciudad incaica y finalmente de la nazarí.

Palacio del Cuzco (Víznar)

Palacio del Cuzco (Víznar)

Dos siglos antes, otro eclesiástico que llevó a Granada un trozo del Perú fue don Pedro Castro y Quiñones. La Abadía del Sacromonte que él hizo construir conserva unos grandes lienzos fuera de la visita al museo, que unos pocos sí hemos podido admirar. En ellos se suceden la ruta y las hazañas de Cristóbal Vaca de Castro, padre del arzobispo don Pedro. Vaca venció a Diego de Almagro “el Mozo”, primer gobernante mestizo del Perú proclamado por los asesinos de Pizarro, quien a su vez había derrotado y ejecutado a Diego de Almagro “el Viejo”: toda una larga tragedia que aún había de prolongarse.

El pintor de los cuadros, claramente, no estuvo jamás en estas tierras: uno de ellos, algo borroso, presenta con profunda perspectiva un largo cortejo cruzando un valle oscuro y boscoso. Debajo puede leerse:

Xbal baca de Castro del Consejo del Emperador, gobernador y Capitan grâl en los reynos del Peru, aporta derrotada su nave a buenaventura sabe la tirania de Almagro aconsejanle por estar muy enfermo y sin jente de guerra se vuelva a panamá no queriendo dexar la tierra se hace llevar en unas andas con un religioso con el x olio por si muriese en el camino rompe veinte leguas en la montaña presentase a los rebelados, ampara el reyno

En otro, un campo de batalla erizado de lanzas. Más valles boscosos y nubes plomizas al fondo. En primer plano, jinetes bajo la enseña imperial vuelven grupas al espectador y cargan sobre el segundo plano, donde más caballería pelea por imitar los frescos de Paolo Uccello. Un torreón nada incaico se alza sobre un monte. Al pie,

Piden los imperiales a Vaca de Castro no entre en la batalla, por la falta que haría si peligrase su persona pusose en un cerro con cuarenta de á cavallo, en la batalla bencian los Rebeldes. Entro Vaca de Castro con su escuadron en que se declaro por suya la Victoria

Último acto, ahora en día luminoso. Una modélica ciudad renacentista que quiere ser el Cusco, rectilínea, de frontones triangulares, arcos de medio punto y esculturas en las fachadas. Guardias, caballeros y damas vestidos a la europea -ni un indio a la vista- rodean el enlutado cadalso:

Executa se la sentencia de muerte, en don Diego de Almagro

(No he modernizado la ortografía ni la puntuación para que, a falta de imágenes que no me considero autorizado a reproducir, vean mis lectores que no me lo invento).

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2 pensamientos en “Granada en los Andes (II): Notas semicultas

  1. Los ganapanes en dones, dieron al monte sagrado, esta cruz siendo prelado, D. Pedro Castro y Quiñones. ¿ Lo recuerdas? Besos

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