Granada en los Andes (I)

Hablando de la festividad del Corpus, el año pasado tuve la suerte de celebrarla en el Cusco.

Ya había visitado años atrás la vieja capital de los incas, en circunstancias diferentes, gracias a un tour que nos llevó y trajo por todas las ruinas incaicas de los alrededores*, pero dejó apenas unas horas de paseo por el centro de la ciudad. De estas, retuve una sensación de familiaridad confirmada a mi regreso, tanto tiempo después. Caminaba por el Cusco y, más que haber regresado a aquel lejano y arqueológico paseo de enamorados, era gratamente consciente de haber vuelto a Granada. Eso me reclamaba cada rincón de la ciudad donde, en estratos bien visibles, se superponía la cultura cristiana occidental a los ostentosos vestigios de la civilización vencida.

Cusicancha

Cusicancha

El céntrico barrio de San Blas era como el Albaicín, empedrado, empinado, de fuentes sorpresivas e inesperadas plazuelas, enredado en callejuelas laberínticas tan distintas del clásico trazado en cuadrícula de la ciudad colonial. Por todas partes albergues, restaurantes y tiendecitas de recuerdos para una masa de visitantes más cosmopolita que la que se ve en ninguna otra parte del país.

Y luego, la propia atmósfera. Hay que salir a espacio abierto, pongamos que a la Plaza de Armas, para meterse en esas mañanas de sierra, intenso cielo despejado y espléndido sol frío. O en esas masas de nubes de color intranquilo de las tardes, como las que recuerdo que coleccionaba en su pared una antigua amiga extranjera para quien los cielos de España eran los más bellos que existían. O, por último, la posibilidad de un crepúsculo incendiario, de violentos rojos, violetas y dorados que dejan en poca cosa los pacíficos rubores del cielo costeño (de Piura o de Málaga, digamos por ejemplo, aunque también tengan su encanto).

Iglesia de la Compañía

Iglesia de la Compañía

Añadiría si acaso de remate la fiesta general del Corpus Christi, que aunque sí sea muy distinta en el Cusco y en Granada, las iguala lo verdaderamente católico de la fiesta: la adoración multitudinaria del Santísimo Sacramento. Y la ciudad entera involucrada.

Corpus Christi en el Cusco

*Ojo: no me pregunten por qué, pero la romántica palabra “ruina” ofende profundamente a los naturales.

POSCRÍPTUM: Lamento la pobreza de las fotos, pero es que son mías. El fotógrafo profesional de nuestro grupo, Leandro Joras, las hizo mucho mejores. Quizá las tenga publicadas en algún sitio: en Facebook puede apreciarse mucho de su buen oficio profesional como retratista de bodas, y encima he dado con la imagen de un cielo brasilero que bien podría desmentir lo dicho (por otra persona) sobre los de España y los Andes.

Ruta del Sol (Brasil)

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