Se armó el Dos de Mayo

A Don Juan Alvargonzález, in memoriam*

Ya avisé que acabaría leyendo La vuelta al mundo en la “Numancia”. Admito haberme saltado mucho de la tercera parte de los Episodios nacionales, cada vez más pesados como me estaban pareciendo, y de la cuarta aunque ya remontaba un poco el vuelo, como di fe en mi nota sobre Aita Tettauen. Cierta crítica considera la cuarta serie la mejor de todo el ciclo histórico galdosiano, me parece que por prescindir de lo folletinesco y presentar un sistema ideológico más definido y un mayor número de perspectivas… Yo sigo quedándome con la primera y la segunda, y creo que precisamente por folletinescas. Sus personajes, además, me resultan más simpáticos, más justificados por su acción y no por su significado ideológico.

Sin embargo, no desmerece de ellas esta novela de La “Numancia”, como intento que se note en el siguiente artículo.

Una novela sobre el Dos de Mayo

Una sintetisísima, aquí.

Algo de folletín sí que tiene, con su relato de viaje (cosa tan inesperada en la obra de Pérez Galdós) y la excusa de la fuga de Mara. De esta se vale el autor para cargar, una vez más, contra el romanticismo en todas sus manifestaciones. En lo literario, en lo existencial y también en lo político, puesto que mucho de romántico tiene el anteponer a la racionalidad y la concordia ese exceso de pundonor e inflexibilidad entre militares y diplomáticos que acaba desembocando en una guerra insensata. (Alberto Wagner de Reyna, filósofo peruano, tituló “El Pacífico, un lugar de la Mancha” cierto ensayo accesible aquí sobre la guerra hispano-peruana).

El Dos de Mayo (de 1866) apenas se recuerda en España. Conozco en Madrid la calle Méndez Núñez y tengo muy gratos recuerdos de ese punto de encuentro para provincianos que es la plaza del Callao. En cambio, la fecha sí es crucial para la memoria histórica del Perú, solo eclipsada por las hazañas bélicas –derrotas incluidas- frente a su antigua aliada Chile una década más tarde. Tras la batalla del Callao, uno y otro bando se atribuyeron la victoria; dejando aparte precisiones historiográficas sobre las que me falta conocimiento (por suerte, en vista del encono que pueden llegar a tenerse los eruditos), creo que fueron vencedores los peruanos puesto que de su lado salieron los últimos disparos mientras se retiraba la escuadra española. Otro tópico arraigado en este país, y en este caso equivocado, es que con aquella expedición naval España trataba de reconquistar su antiguo virreinato. No he encontrado que ningún historiador sostenga esta idea, pero es la que tiene arraigo popular (sin duda, desde el mismo momento del conflicto). Y es que las academias pueden profundizar cada vez más en el conocimiento de la historia, pero estarán arando en el mar mientras no logren que en la escuela se serenen los mitos nacionalistas.

*Don Juan fue marino de guerra y de paz. Patricio gijonés, descendiente del que fue, en el canal de Abtao y en aquel Dos de Mayo, comandante de la fragata “Villa de Madrid”. Algo pariente mío también. Presidió la Fundación Alvargonzález. Me regaló una preciosa edición de ilustraciones sobre la guerra aquella.

Javier de Santiago y Hoppe, Álbum de la guerra del pacífico (1863-1867), ed. de José Ramón García Martínez, Gijón, Museo Naval/Fundación Alvargonzález, 1997 (p. 123)

Javier de Santiago y Hoppe, Álbum de la guerra del Pacífico (1863-1867), ed. de José Ramón García Martínez, Gijón, Museo Naval/Fundación Alvargonzález, 1997 (p. 123)

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