Asu mare, qué película

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Noto a mis amigos medio parcos al elogiar la película peruana más taquillera de la historia. Que bien, que es divertida (no es poco mérito). Que no es la típica película nacional, o sea que ni es sórdida ni zafia. En fin, me parece que es un filme que gusta… a pesar de ser peruano, y que muchos se resisten a declarar su entusiasmo precisamente por esa razón, techo irrompible entre la realidad y la excelencia (en cine, porque en áreas como la gastronomía la autoestima se queda corta).

Parte de la prensa sí es un poco más entusiasta en el aspecto, ya que no artístico, económico del término, y ve en ¡Asu mare! una posible nueva vía para la crisis permanente del sector: hacer películas que le gusten a la gente. Cuán neoliberales, ¿a quién se le habrá ocurrido? ¿A la gente?

Yo, para opinar sobre el Perú, tengo la ventaja de la doble nacionalidad. Es decir, he adquirido derechos y deberes, pero no heredado traumas. De manera que me atrevo a afirmar que ¡Asu mare! es de las mejores películas que han pasado por nuestras salas últimamente, y no por comparación con la filmografía nacional sino con nuestra cartelera cotidiana saturada de blockbusters. Aire fresco, humor en estado puro. Y su pizca de seriedad, que es al fin y al cabo un hombre que habla de su vida.

Habrá quien opine que falta media película, que ocupa demasiado metraje la reproducción del monólogo teatral de Carlos Alcántara. Es verdad que se podrían haber insertado de manera más imaginativa*: El director confía por entero en la vis cómica de Carlos Alcántara y se escabulle de algunas escenas, imagino que unas veces por su dificultad para los actores (el primer baile entre Emilia y Cachín), y otras porque contadas tienen gracia, pero visualmente no hubieran hecho tanta (los vapuleos de la señora Chelita a sus retoños).

Serían graves negligencias solo si olvidamos que ¡Asu mare! es una película inseparable de su protagonista y autor real, un artista famoso en su país que se ríe de sí mismo (la clave del arte de ser clown, dice) y se ofrece a unos espectadores de cine, igual que a su público directo, contando con que todos le conocen bien. Como nos recuerda una de las últimas escenas, vemos en él más que un clown, vemos a Machín; vemos más que un maestro de kungfú, vemos al cabecilla de “La Gran Sangre”. Mucho más que los detalles de lenguaje, a los que uno se acostumbra rápido, o a las costumbres que no son tan diferentes de las de otros países, esta dependencia de la persona de Carlos Alcántara podría ser un obstáculo para la cinta en el mercado internacional. De manera que buen provecho con su merecido éxito dentro de nuestra patria.

*Para mí, es ejemplar para ese paso de las tablas al cine, de un solo actor a varios, la versión española más reciente del Lazarillo de Tormes, que adapta directamente no el clásico del siglo XVI sino el monólogo dramático interpretado por Rafael Álvarez “el Brujo”, cuya magia conservaba en varios momentos clave (y se echaba de menos en algunas escenas dialogadas).

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2 pensamientos en “Asu mare, qué película

  1. Me parece algo contradictoria la defensa de un cine “que le gusta a la gente” y, al mismo tiempo, la queja por la saturación de blockbusters en la cartelera. No he visto Asu mare, y parece que no va a ser fácil lejos del Perú, pero si es tan buena como dices, ¿crees de verdad que todas las demás películas peruanas que se rueden con criterio comercial serán igual de originales? ¿No repetirán más bien los estereotipos del cine yanqui, como sucede en tantos países europeos o latinoamericanos que se deciden a hacer cine taquillero? ¿Quién va a querer producir una película con valor artístico pero que previsiblemente tendrá un público minoritario?

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    • Hombre, don Pedro. ¿qué tal por Comala? Tal vez tienes razón. La prueba podría estar en el floreciente cine de animación digital peruano, que desde sus orígenes torpes y aburridos con “Piratas en el Callao” parece haber ido a más en técnica y calidad, pero eso sí, adecuándose más a los patrones de Pixar, Dreamworks, etc. Digo “parece” porque no he vuelto a ver ninguna, pero a “el delfín” y “Los ilusionautas” se les huele el estereotipo a un kilómetro. Tal vez me equivoque.
      Donde yo quiero ir, sin embargo, es a que es compatible el cine de calidad con el comercial. No solo porque una buena película, echándole talento, puede llegar a ser comercial, sino porque la ganancia de una productora en un terreno puede crear fondos para cine más artístico y menos rentable. Creo que así lo hacía Vittorio de Sica, y se le nota por ejemplo a Spielberg (de lo que gana con “Indiana Jones” se puede rodar luego “El color púrpura”).

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