“La casa escondida”, de Crisanto Pérez Esain

Después de la presentación del pasado viernes, prometí al autor que de las notas de mi discurso pergeñaría un artículo que publicar en el próximo suplemento dominical  Semana. Como ayer se me adelantaron con dos páginas enteras y no tengo “mano” en ningún otro medio de difusión cultural, me considero relevado de mi promesa y me limito a transcribir la versión completa de las palabras que escribí para la contraportada de la edición. El viernes, agradecí la invitación de Crisanto Pérez para re-presentar su libro, ahora dando la cara, y lo llamé compatriota por partida triple porque la filología también es una patria. Era para que la gente se riera. El resto, fueron variaciones sobre lo siguiente:

Detrás de La casa escondida se esconden secretos y sorpresas para el lector. También para una comunidad de personajes que tienen más historia de la que prometen. Sin embargo, el paso del tiempo, tan temido en la cultura contemporánea por lo que nos trae de irreversible –decisiones, vejez, muerte–, acaba revelando una verdad inesperada, por medio de situaciones insólitas o bien de una cotidianidad que suele pasar desapercibida, o ante la que a menudo preferimos volver la cara. En la vida de la mujer solitaria se revela el poso amargo del desamor, o las grandes pasiones que resisten el ritmo lento de los años. La larva de la locura anida en el provocador desorden de un rompecabezas o en la ingenuidad del vagabundo; el horror, en jardines públicos o privados, aparentemente anodinos. Habrá también lugar para el encuentro inesperado, la ilusión y las nuevas oportunidades, por ejemplo mediante el escape del cine o del viaje. Un hombre o decenas de ellos asumen identidades postizas que, de pequeñas mentiras piadosas, pasan a levantar mundos –mejores– con vida propia. En definitiva, este libro reúne historias de seres que se salvan porque entregan, en secreto, su vida a los demás, frente a otras de secretos egoísmos que malogran lo que pretendieron salvar. Crisanto Pérez Esain se ha tomado también su tiempo para ir componiendo estos cuentos, obtener merecido reconocimiento por ellos en diferentes certámenes y, por último, ofrecerlos juntos en este tomo para el disfrute de un público mayor. Entre todos tejen el reverso fabuloso de una realidad, cuyo centro se llama San Miguel, ciudad norteña abierta e inventada al capricho de la realidad, mudable y viviente como el propio desierto que la rodea. También como la prosa que los narra: fluida e incesante como la arena del reloj de arena, de construcción precisa como los engranajes de un reloj de maquinaria. Una escritura que acompasa humor y ternura; que armoniza episodios y voces tan variados como lo son la fantasía y la misma existencia, si esta cae, como es el caso, bajo la inventiva mirada del escritor adecuado.

El autor, el macetero y el editor, Gabriel Rimachi (foto: Josué Aguirre Alvarado)

El autor, el macetero y el editor, Gabriel Rimachi (foto: Josué Aguirre Alvarado)

NOTA: Los cuentos enlazados son versiones anteriores a la edición definitiva de La casa escondida. Si ya de por sí son buenos, imaginen cómo serán ahora.

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