La nostalgia monárquica

(Rechazado al parecer por la prensa local, qué lástima).

En España, la monarquía está perdiendo bastante popularidad últimamente. Ciertas revelaciones sobre la vida privada del rey y algunas corruptelas en el seno de su familia han engrosado las voces que piden la abdicación de don Juan Carlos. Otros van más allá y demandan la abolición de la propia institución monárquica en España, y a ser posible en el mundo entero.

Lo que es Occidente, yo no creo que cambiara gran cosa por clausurar ese pequeño club de señores de apellido añejo, mimados como mascota de sus naciones respectivas (Bélgica, Gran Bretaña, Dinamarca, etc.) a cambio de servir como recuerdo del origen de la comunidad, al igual que otros tantos costosos elementos del patrimonio histórico. Me preocupa más, si acaso, la extensión de regímenes que, aun prescindiendo de reyes y coronas, garantizan la pervivencia de la institución bajo formas diferentes. Neomonárquicos los podríamos llamar, si no se tratara en realidad de fórmulas más bien poco originales.

Así como tantas democracias liberales mantienen la ornamental figura de la “primera dama”, con nostalgia de las consortes regias, es bien conocida la repetición generacional de apellidos al frente de algunas democracias populares. Están también aquellos países cuyo gobernante es elegido entre su selecto grupo de magnates o mandarines, al igual que sucedía en el antiguo reino de los visigodos del siglo VII. Otros prefieren, más bien, cogobernar o turnarse con sus socios de palacio, al estilo de los emperadores medievales de Constantinopla, grandes protectores de la Iglesia ortodoxa oriental. También se encuentran aquellos que, como los Césares de Roma (que nunca abolieron formalmente la república ni quisieron tomar el título de reyes), se ven digitalmente elegidos por su antecesor, refrendados por unas magistraturas serviles y aclamados por la plebe entre dádivas de pan y circo que solo al emperador se pueden agradecer.

Por lo pronto, en la turbulenta -con más de turba y turbia que de lenta- proclamación del recién electo presidente de Venezuela, este ya no se refirió a su predecesor en el cargo como “pajarico” (¿un eco del milenario “Ave César”?) sino como “padre”. La monarquía, como digo, tiene en el mundo la pervivencia asegurada.

Aulas regias

Putin y cía

Maduro y Nerón

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4 pensamientos en “La nostalgia monárquica

  1. No creeria que le iban a publicar este articulo en el diario El Tiempo, que en el Semana todos los domingos nos da paginas de propaganda chavista, a los profesores de la udep los toleran mientras no se metan en politica…

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    • Bueno, en realidad se mandó a la edición local de “El Comercio”, supongo que contando con la línea editorial del otro diario. Pero me parece que en “el Comercio” piurano interesan más las notas y noticias de alcance local. En cuanto al “Semana”, seamos justos: ayer había un artículo bastante ecuánime sobre la situación en Venezuela. Será que lo de Maduro da tanta vergüenza que no hay izquierda seria que le apoye.

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