Campus horribilis

BabelTermino Esa horrible fortaleza, de C.S. Lewis, y con ella su “Trilogía cósmica”. Un intento, por medio de recursos de la ciencia-ficción –viajes por el espacio exterior, y también en el tiempo-de profundizar en sus ideas sobre la relación entre mito y realidad.*

Creo que profundiza más que aclara: Lewis, ensayista transparente en lo que le he leído, aquí se deja poseer por Merlín, o sea por el medievalista profesional que era. Si en su ciclo de Narnia ya recurría sistemáticamente a la alegoría, lo hace aún más en la Horrible fortaleza, como para lectores más crecidos aunque temo que bastante lejos de sus claves en muchos casos. En el mío concreto, la narración se me hacía cada vez más amena y acuciante después de un arranque un tanto espeso, pero nunca me abandonó la sensación de encontrarme ante un relato, en última instancia, impenetrable. Y no por oscuro o enrevesado sino, para mi fastidio, por sistemático, ordenado y coherente. Me llegué a imaginar al autor sonriendo con suficiencia y diciéndome “yo sí sé de lo que hablo, lástima que no estés a mi altura”.

El “espesor” de las primeras páginas tiene también una razón de oficio: Lewis sitúa la acción en ambientes académicos, a saber el rancio campus universitario y el diabólico instituto científico-técnico que aspira a fagocitarlo. Para justificar esa ambientación y al mismo tiempo negar cualquier parecido con la realidad,** alega que lo que conoce mejor es su propia profesión, lo cual puede convertirse también en un obstáculo si al relato le da por perderse en detalles tediosos de la gestión académica y administrativa del campus.

Son una lástima tales fatigas, porque quien se rinda ante ellas se perderá una buena historia de horror futurista. Ecologista y antimoderna, por cierto. El tema de esas mismas reuniones administrativas, en que los servidores del instituto (irónicamente llamado NICE) menosprecian el papel de aquellos “pequeños escarabajos investigadores que nunca asoman la nariz fuera de las bibliotecas y los laboratorios”, ya nos anticipa los objetivos del NICE de dar un giro utilitarista, práctico y material, al conocimiento humano. Poco a poco se irán asomando, de manera inquietante, las incompatibilidades entre lo útil, práctico y materialista… y lo humano.

*Su colega J.R.R. Tolkien se propuso lo mismo simultáneamente, pero del intento no quedaron más que dos borradores inconclusos aunque, por supuesto, publicados: El camino perdido y Los papeles del Notion Club. Lewis aprovecha el entonces inédito mito tolkieniano de Númenor en Esa horrible fortaleza.

** Otros autores, al reflexionar sobre maldad y  universidad, han sido menos complacientes.

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Un pensamiento en “Campus horribilis

  1. Borges conocía por lo menos los dos primeros tomos de la “Trilogía cósmica”, en 1939 reseñó elogiosamente “Lejos del planeta silencioso” y en su “Libro de los seres imaginarios” incluye dos citas de “Perelandra”. Todo un honor para un autor de ciencia ficción.

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