Maceta de aniversario

Tal día hace un año: me puse bajo el secreto amparo de San Juan de la Cruz y emprendí la redacción de este blog.

Gracias, amigo Yepes.

Gracias, amigo Yepes.

Exponía en esa primera entrada los motivos no sé si para convencerme a mí mismo o bien para obligarme ante los ojos de mis posibles lectores.

Una vistosa ocasión, el día de hoy, para hacer recuento. Con esta hacen 82 entradas entre notas, artículos, reflexiones, anécdotas, anuncios, citas y hasta versos. Teniendo en cuenta mi arraigada parsimonia para escribir, puedo considerar que este ha sido el año literariamente más prolífico de mi existencia. Mi público lector (contadas veces interlocutor), cuyo número me callo, me ha servido efectivamente de acicate para seguir escribiendo. Pero, incluso sin mirar esas cifras fluctuantes, la sola existencia de la “Maceta”, muda y creciente en la pantalla, me resulta imperativa. Si llevo mucho tiempo sin regarla, sin podarla, sin mirarla, me noto intranquilo. Perfeccionista que es uno, llorábamos otro día. Con lo mayor que era yo en los 90 para haber tenido un tamagotchi, heme aquí sintiéndome igual de apurado por la vida de mi criatura digital.

Tamagocho

O más que preocupado, poseído. Viviendo y mirando la realidad a su través (igual pasa en el amor, qué cosas), pensando siempre en qué partes serán aprovechables para estas páginas. Todo es ya carne de blog, materia prima: Lo que no despierta una ocurrencia literaria, parece que ocurre menos. Y, como el tiempo que logro dedicar a la escritura sigue siendo el margen de mis horas diarias, publico mucho menos de lo que se va acumulando a la espera de una forma presentable. Aquel “desordenado montón de papeles (papeles de papel y papeles digitales) que llevo años tenazmente emborronando”, del que esperaba liberarme y servirme de cantera, sigue tan desordenado y tan montón como hace un año. Cuando he reciclado escritos previos, han sido más bien cosas ya publicadas digitalmente, que quise salvar del olvido un poco de tiempo más. Pero al menos, el montón crece más lento y optimista: ya no suelo tomar un apunte ni hacer un borrador sin el afán de verlo “acabado”, porque tengo ya dónde y a quién enviarlo.

Otra consecuencia de la dedicación a mi blog, que confirma los peligros egotistas de este medio: aquellos otros blogueros que seguía y admiraba “por su asombrosa superioridad estética e intelectual”, los admiro igual o más, pero los sigo menos. El tiempo vuela delante de la pantalla, y hay que aprovecharlo a precio de ingratitud. No he dado con el modo de que WordPress me informe de las novedades que publican mis amigos, lo cual me facilitaría mucho las cosas.

El tiempo volador obliga a la escritura ligera, como digo. Aprovechándolo, algo acaba saliendo de todas maneras. Algo… solo para la maceta, como digo en mi cita inicial: ni selva ni jardín. Mis ambiciones literarias abarcaban cosas más elaboradas, más “pesadas”, y aun sin abandonar estos sueños, sí se me han desvanecido bastante gracias a este ejercicio cotidiano. La “Maceta” me ha vacunado contra la enfermedad de Varjak, que se manifiesta en dejar de escribir textos menores por concentrarse en una obra más ambiciosa que, de todas maneras, al final tampoco se escribe. (Paul Varjak tenía una millonaria que era su mecenas y algo más: así, cualquiera).

P. Varjak con el famoso gato volador

P. Varjak con el famoso gato volador

También se llevaba un alegrón como para robar en bazar chino y hacer una compra en Tiffany’s cuando, tras haberse “rebajado” finalmente a escribir un cuento, lo publicaba en el diario ¡y le pagaban! Un gozo que tendré que pensar por qué lo sustituyo; en todo caso, son ya una generosa fuente de satisfacciones esa dependencia del blog de la que hablo; el acto mismo de la escritura y la progresiva forma definida que va tomando el texto, a lametazos de osa virgiliana; además del periódico chequeo, antes que de estadísticas en cifras, del privado mapamundi que mis lectores van coloreando.*

Mi agradecimiento a todos, ocasionales y constantes. Solo me queda desear proporcionarles un año más de escritura igual de fecunda, y a ser posible más perfecta y sustanciosa. Y tan, como sea, perfectamente integrada a mi trabajo diario como para que no sienta la necesidad de volver a escribir un artículo como este en febrero del 2014.

*Mi récord en seguidores está en Perú, seguido por España a no tanta distancia. Era de esperar. El tercero, con abismal diferencia pero tercero al fin y al cabo, es México, lo cual me ilusiona enormemente sin menoscabo de mi aprecio a los lectores de otros países latinoamericanos. En el Caribe, jamás me ha leído nadie desde Cuba (tal vez me hayan castigado por hacer chistes sobre Silvio Rodríguez y trabajar para la CIA) ni desde Haití, que ya bastantes desdichas tienen. De Sudamérica, se desinteresan del todo por mi Maceta tan solo las antiguas Guayanas, esos misteriosos países del subcontinente en los que, si damos crédito a los periódicos, jamás sucede nada como no sea la elaboración de pimienta de Cayena y el ocasional lanzamiento de cohetes espaciales.

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7 pensamientos en “Maceta de aniversario

  1. Amigo Prendes, WordPress ofrece una función para seguir blogs, pero creo que tienen que ser de wordpress. Con Google Reader -sólo tienes que tener cuenta en Google-, puedes seguir a los que te suscribas. Así leo siempre, puntualmente, cada nuevo brote de tu maceta.

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    • ¡Gracias! Y que sean muchos más (y que me atreva, cuando llegue el momento, a descansar de mi propio blog como tú en el tuyo… aunque tal vez para ello necesite tener en casa más niños, o más mayores, o más varones).

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  2. Muchas felicidades!! Pero como bien has dicho, las macetas (o más bien sus plantas) hay que mimarlas, regarlas, podarlas, incluso cantarles!! para que así crezcan mejor. Con el tiempo serás a tu “Maceta en el páramo” como un Sr. Miyagi a sus bonsáis.
    Un beso!

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