“La dimensión estética de la experiencia”

LewisUna particular delicia que ofrece la ya bastante deliciosa obra de C.S. Lewis es el librito La experiencia de leer. Me sorprende no haberla encontrado publicada en Rialp ni en Destino ni Alfaguara, donde se agrupan los títulos del mismo autor. Será porque se trata de un texto raro en el conjunto, que no trata de divulgación teológica ni de narrativa fantástica -teológica asimismo. Lewis se propone en estas páginas hacer crítica literaria, no de libros sino de lectores, con ese buen humor y psicología que tan agradables hacen sus relatos. Desde luego, uno reconoce las actitudes ante el libro y la ficción que pone como ejemplos. Incluso a veces, ay, se reconoce en ellas, ya que por supuesto habla más de los malos lectores que de los buenos. Se entiende, como siempre, por lo difícil que es hablar del bien: lo que es como tiene que ser, y por tanto no necesita justificación sino solo aceptación (así terminan las Crónicas de Narnia, por ejemplo: cuando empieza la aventura “verdadera”).

Sobre la dialéctica entre el bien y el mal, destaco aquí los comentarios que dedica Lewis a quienes abordan la obra literaria desde el exclusivo punto de vista de la bondad moral. La didáctica, esa pesadez a la que tendemos inevitablemente (más al interpretar que al escribir); las coces que suele darse con la estética, ese valor que tan poco se enseña en escuelas y librillos donde diariamente se fríe a los estudiantes a fuerza de “valores”:

Desde luego, en toda crítica influyen las ideas de su autor sobre cuestiones ajenas a la literatura. Pero cuando leemos una obra que expresa bien algo que, en general, consideramos malo, disponemos de cierta libertad que nos permite suspender la incredulidad (o la creencia) o, incluso, la repugnancia que sentimos por ese contenido. (…) Pero para ello necesitamos disponer de esa libertad que los críticos vigilantes nos niegan, de hecho, cuando descubren en cada giro expresivo el síntoma de determinadas actitudes cuyo rechazo o aceptación es asunto de vida o muerte. Para ellos nada puede ser cuestión de gusto, porque no reconocen la dimensión estética de la experiencia. Para ellos nada puede ser bueno en un sentido específicamente literario, porque un libro o un pasaje sólo les parecen buenos cuando reflejan determinadas actitudes buenas, sin más, o sea esenciales para una vida buena. Por tanto, aceptar sus juicios críticos entraña aceptar su idea (implícita) de la vida buena.

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