Los omnipotentes

A lo largo de la ciudad, anchos cartelones proclaman en letra gruesa la consigna de que somos una raza distinta, una que todo lo puede. Me sentiría mejor si aclararan que se están refiriendo a la raza humana, pero aun así me sigue incomodando el eslogan de marras. Será porque una cosa es admirarse de los logros del ser humano desde que empezó a caminar sobre dos pies, y otra enorgullecerse por anticipado de una omnipotencia que, por mucho que hayamos adelantado, aún estamos muy lejos de alcanzar. Es más: de todo lo que efectivamente hemos podido, ojalá que mucho jamás lo hubiéramos hecho.

Yo opino igual que cantan los ancianos de la Antígona de Sófocles. El hombre, criatura superior a cuantas crearon los dioses, no ha obrado sobre la naturaleza una maravilla más grande que la de convivir con sus semejantes, escoger el bien antes que el mal y regirse por leyes. Ha dominado las bestias y la tierra, pero se ha dominado también a sí mismo: Se ha sabido poner límites.

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3 pensamientos en “Los omnipotentes

  1. Leí en cierta ocasión que, cuando el boxeador norteamericano Joe Louis conquistó el campeonato del mundo de los pesos pesados, y dado que era el primer boxeador de raza negra que lo hacía, un periodista le entrevistó y le preguntó si la suya podía considerarse una victoria de su raza. Louis le contestó que le parecían palabras demasiado grandilocuentes, que se trataba de un simple triunfo deportivo. Pero, añadió, en un sentido muy pequeño sí podría de algún modo considerarse una victoria de su raza. “La raza humana, por supuesto”, aclaró.

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  2. Llego tarde al intercambio, pero aprovecho el tirón mediático del autor de esta cita-glosa a la actitud moderna de “lo hacemos porque podemos” (encarnada en los empollones de The Big Bang Theory): “¿qué es realmente el progreso? ¿Es progreso si puedo destruir? ¿Es progreso si puedo hacer, seleccionar y eliminar seres humanos por mí mismo? ¿Cómo puede lograrse un dominio ético y humano d el progreso? Pero no solo habría que pensar de nuevo los criterios del progreso. Aparte del conocimiento y del progreso se trata también del concepto fundamental de la edad Moderna: la libertad, que se entiende como libertad para poder hacerlo todo. a partir de ese modo d e pensar surge la reivindicación de que la ciencia es indivisible. Es decir, lo que se puede hacer, hay que poder hacerlo. Todo lo demás iría contra la libertad. ¿Es verdad eso? Yo pienso que no. Vemos cómo el poder del hombre ha crecido de forma tremenda. Pero lo que no creció con ese poder es su potencial ético. Este desequilibrio se refleja hoy en los frutos de un progreso que no fue pensado en clave moral” (Benedicto XVI en “Luz del mundo”).

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